Holocausto. Una breve reflexión.

La palabra holocausto proviene del griego, y con ayuda de Wikipedia en el sentido bíblico y religioso se refiere a un sacrificio de un animal que se quema en forma completa.

Puerta de entrada de Auschwitz I, donde se observa el letrero con la frase Arbeit macht frei (el trabajo hace libre). – Foto: Wikipedia – CC BY 2.0

Dr. Natalio Daitch

Holocausto y Shoá.

Por otro lado, la palabra Shoá en hebreo significa «catástrofe». Usualmente se utilizan para referirse al exterminio de parte de nuestro pueblo en el período 1939-1945.


Consideración.

En estas pocas líneas, siendo que el 27 de enero ha sido establecido internacionalmente como el día en que se recuerda a las víctimas de la Shoá, y eso está bien, pero a la par entiendo que no es suficiente, ya que por diversas razones y en diferentes ámbitos queda opacado ese otro holocausto silencioso que es la asimilación de nuestro pueblo en diversas regiones del orbe, e incluso en el propio Estado de Israel, aunque suene sorprendente o contradictorio.


Asimilación o hitbolelut.

Se trata de un tema histórico, de larga data, difícil, espinoso y conflictivo. En muchos ámbitos se prefiere silenciar, y darle poco tratamiento. Justamente en contrario, a toda la maquinaria que se pone en juego, sea con recursos materiales, dinerarios y humanos para recordar el trágico final de nuestros hermanos a manos de los esbirros nazis.


Otros holocaustos.

La Haskalá o iluminismo fue un movimiento judío, también conocido como ilustración, que se dio en el siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, justamente en Alemania, y luego extendiéndose como pólvora, al continente americano en particular calando profundo en países como Estados Unidos.

Solo Hashem sabe, más allá de cualquier argumentación en su favor, cuantas almas judías este movimiento ha devorado, y cuantos iehudim terminaron asimilándose en un par de generaciones perdiendo su identidad y licuándose en el medio circundante.

Hoy, en Nueva York, solo quedan antiguas sinagogas reformistas, pero los nietos de sus fundadores ya no existen como judíos.


Testigo de cargo.

Siendo rosarino de nacimiento, antes de la llegada de Jabad Lubavitch en los ochenta, he sido testigo directo de la verdad que dice: «no hay peor astilla que la del mismo palo». Mi madre Aida K. de Daitch Z»L siempre me repetía que: «el daño que una persona se puede hacer a sí misma, ni diez enemigos juntos pueden provocarlo».

Sería demasiado largo relatar las circunstancias de las internas comunitarias que durante décadas han propiciado una catástrofe o «Shoá» asimilatoria en mi ciudad natal.


Los nazis o suicidio. Reflexión final.

No cabe duda que es más fácil entender una matanza que viene de otros, externa o exógena, que, involucrarse en entender movimientos o corrientes o personas que propician o motorizan en forma dolosa o culposa un suicidio asimilatorio (progresivo y programado en ocasiones) que, en definitiva, por otros caminos conducen al mismo final, a la desaparición o merma del pueblo judío. Hace unos años atrás el Consejo de Rabinos Europeos ha manifestado que la asimilación en ese continente ronda al 70% de los hebreos. En Argentina, se manejan algunas cifras o números o estadísticas no muy claras acerca de este monstruo que se fagocita poblaciones enteras de manera silenciosa y deja huecos y lugares vacíos en sinagogas, escuelas y clubes de nuestra comunidad.

Para concluir, las otras víctimas de esta Shoá en versión silenciosa y en ocasiones en formato chocolate, ellas no tienen rostro ni nombre. Y tampoco no tienen día de conmemoración. Estuvieron, pero ya no están. Se ha roto la cadena generacional o lo que denominamos un judaísmo sustentable. Y en verdad, es más cómodo, o podría resultar potable o más tolerable (para algunos) rasgarse las vestiduras por el lejano, y gambetear o desconocer o desinteresarse por el cercano. Con esto no quiero decir que no haya rabinos que no estén trabajando en el tópico, solo señalar, que hay una reflexión alternativa sobre el tema.

En el Holocausto nazi se manejan (conocen) cifras de víctimas, mientras que en el Hlocausto silencioso y de la asimilación, hay muchos interrogantes acerca del «número de víctimas judías», pero no cabe duda que los «caídos» podrían ascender a varios millones de almas.

Los comentarios quedan a cargo del lector.

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