2 agosto, 2021

Holocausto en Alemania

Siempre he mantenido que el Holocausto en Europa comienza mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, más concretamente entre los días 8 y 9 de noviembre de 1938, cuando sucede la conocida Noche de los Cristales Rotos o Kristalnacht. Sin embargo,mucho antes de esa fecha, en 1935, habían sido proclamadas las Leyes de Nuremberg y […]

Siempre he mantenido que el Holocausto en Europa comienza mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, más concretamente entre los días 8 y 9 de noviembre de 1938, cuando sucede la conocida Noche de los Cristales Rotos o Kristalnacht. Sin embargo,mucho antes de esa fecha, en 1935, habían sido proclamadas las Leyes de Nuremberg y otras y normas previas que privaron a los judíos de la nacionalidad alemana convirtiéndolos en “residentes”. Desde ese momento, y con esa legislación, quedaron prohibidos los matrimonios mixtos entre alemanes «puros» y hebreos y se establecía un complejo sistema de «medición» acerca de quien lo era o no atendiendo a los ascendientes.


«A pesar de la  emigración de aproximadamente 300.000 judíos alemanes en los años posteriores a la toma del poder de los nazis, en Alemania quedaban casi 200.000 judíos al principio de la Segunda Guerra Mundial. Durante la guerra, a los judíos que estaban en ese país, al igual que en todas las zonas de la Europa bajo ocupación alemana, los deportaron y mataron como parte de la “solución final”, señalaba la web del United States Holocaust Memorial Museum al referirse a la población hebrea que había en Alemania en 1939, justo antes de la ocupación alemana de Polonia.


Pese a esa hostilidad reinante y creciente contra los judíos en todos los ámbitos de la vida de Alemania, muchos judíos se negaban a aceptar que los nazis pudieran llegar a perpetrar una exterminio masivo y la Noche de los Cristales Rotos, cinco años después de la llegada de Hitler al poder, fue un mazazo colectivo que arrancó de golpe todo atisbo de esperanza para todos los hebreos de Alemania.


“El ataque lanzado contra los judíos a escala nacional, conocido como la “noche de los cristales rotos (“Kristallnacht”), el 9-10 de noviembre de 1938 comenzó en París el 7 de noviembre, cuando un judío polaco de 17 años, Herschel Grynszpan, disparó contra un oficial de baja graduación (Ernst Vom Rath), en la embajada alemana. El motivo de semejante acto era, en parte, que sus padres, en otro tiempo residentes en Alemania, habían sido deportados de este país. La deportación de los judíos de nacionalidad polaca se vio acelerada cuando este gobierno invalidó los pasaportes de los ciudadanos polacos residentes en el extranjero si no se les ponía un nuevo sello. En respuesta a la medida, el 26 y 27 de octubre de 1938, Himmler ordenó detener y deportar a todos los judíos polacos. Los nazis utilizaron estas deportaciones para desembarazarse de los judíos que llevaban varios años viviendo en el país, pero no habían obtenido la ciudadanía alemana, y el 7 de noviembre el joven Grynszpan decidió vengarse”, escribía al referirse a este asunto el profesor Robert Gellately.

Los sucesos de la Noche de los Cristales Rotos fue un punto de inflexión en la Alemania nazi, en el sentido de que los nazis habían decidido pasar a la acción tras años de atizar el discurso antisemita en los medios, las escuelas, las universidades y, en general, en todos los actos públicos. Hasta los sucesos de noviembre de 1938 los nazis habían llevado a cabo acciones de boicoteo de los negocios judíos, actos intimidatorios, medidas políticas y judiciales con el fin de aislar a los hebreos y exhibir un discurso antisemita feroz y brutal, pero la Noche de los Cristales Rotos fue más allá y dio rienda suelta a lo peor que llevaba el nazismo en su interior.

Las consecuencias de la Noche de los Cristales Rotos son señaladas por el periodista Sergi Vich en un reciente artículo: «Además de incendios y saqueos de sinagogas y establecimientos judíos, hubo 91 asesinatos, y unos 30.000 judíos fueron enviados a campos de concentración. En los meses siguientes, tras firmar una declaración prometiendo abandonar el Reich, la mayor parte pudo volver a sus hogares, pero más de 2.000 nunca regresaron. La policía recibió orden de no intervenir ante “la justa y espontánea” reacción del pueblo alemán».

Alemania entra en guerra y comienzan las deportaciones

En septiembre de 1939, tras un ataque sorpresa y traicionero, Polonia fue atacada por Alemania y, en apenas unas semanas, capituló y se rindió ante un ejército superior en armas, hombres y medios. El Gobierno polaco legítimo huyó al exilio y comenzaba una pesadilla duraría cinco años. Tres millones de judíos polacos quedarían atrapados en la «ratonera» polaca y la mayoría morirían durante el Holocausto o «solución final».

En esos momentos, como señalaba el periodista Vich, la situación para los judíos era ya terrible: «Al comenzar la guerra, las fronteras se cerraron. Expulsados de sus hogares, malvivieron como pudieron, en casas de los pocos amigos que les quedaban, en barracones o en alojamientos de fortuna. Los suicidios entre los mayores de edad no dejaron de aumentar por pura desesperación». Tampoco los niños podían asistir a los colegios y el 29 de agosto de 1939 se les asignó a los judíos unas cartillas de racionamiento donde podían adquirir escasos alimentos por una suma máxima de 300 calorías.

Las deportaciones en Alemania, como parte del plan trazado por los nazis para acabar con la «judería» europea, comenzarían en 1940 y en ese año ya hay noticias de que unos 7.500 judíos de las regiones de Baden y Saar del suroeste de Alemania fueron deportados a Francia, donde la  mayoría fueron recluidos en el campo de Gurs, administrado por colaboradores franceses.

Más tarde, «a fines de septiembre de 1941, incluso antes de que se establecieran los campos de exterminio en la Polonia bajo ocupación, comenzaron las deportaciones sistemáticas de judíos desde Alemania. Entre octubre y diciembre de 1941, deportaron a casi 50.000, la mayoría de ellos a guetos en LodzVarsovia, Minsk, Kovno y Riga. Los judíos alemanes enviados a Lodz y Varsovia más tarde fueron deportados junto con los polacos a los campos de exterminio de ChelmnoTreblinka y Auschwitz”, seguía señalando la Enciclopedia del Holocausto ya citada anteriormente.

Más tarde, entre 1942 y 1943, la mayoría de los alemanes son deportados a los campos de concentración, principalmente hacia Auschwitz-Bikernau, donde encontrarían la muerte tal como se comprobó tras la contienda mundial. A finales de 1943, apenas había judíos con la estrella amarilla en las calles alemanas y los que habían sobrevivido a las deportaciones vivían en la clandestinidad escondiéndose de la policía y las autoridades.

«Los nazis deportaron a judíos ancianos o destacados de Alemania, así como también judíos de Austria, del Protectorado de Bohemia y Moravia y Europa occidental, al gueto de Theresienstadt. Para la mayoría de ellos, la deportación a Theresienstadt fue un preludio de la deportación hacia el este. Se los transportaba rutinariamente desde Theresienstadt hacia guetos en Polonia y los estados bálticos, y también directamente a los campos de exterminio de la Polonia bajo ocupación. Decenas de miles murieron en el gueto de Theresienstadt, la mayor parte a causa del hambre o de epidemias», señalaba la Enciclopedia del Holocausto del United States Holocaust Memorial Museum.

Cuando terminó la guerra, la vida judía en Alemania se había extinguido casi completamente y en el primer censo realizado en la posguerra, en 1950, se señalaba que apenas vivían entre las dos Alemanias algo menos de 40.000 judíos, lo que nos indicaría que entre 160.000 y 180.000 judíos fueron asesinados durante el Holocausto sin contar los de Austria, que aunque pertenecía formalmente al III Reich en aquellos años no la hemos incluido en la lista.

En 1990, tras la caída del Muro de Berlín, se calculaba que había apenas 30.000 judíos en toda Alemania, aunque esta población ha aumentado mucho recientemente y ya supera los 120.000, sobre todo porque muchos judíos de origen alemán procedentes de la extinta Unión Soviética y de los países ex comunistas se han instalado en territorio alemán, habiéndose originado una suerte de inesperado renacimiento de la vida hebrea en todos los terrenos de la vida en varias ciudades alemanas, pero especialmente en Berlín.

Fotos del autor: Museo Judío de Berlín y Monumento dedicado al Holocausto

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