Hallazgos en el desierto de Judea

21 enero, 2019

A mediados del año 2017 se publicó en estas líneas un artículo con el título “El hallazgo más importante del siglo 20” en el cual yo trata­ba de dar a conocer los des­cubrimientos arqueológicos en la zona del desierto de Judea. A continuación, des­cribo uno de los párrafos del artículo antes mencionado:

“En el desierto de Judea, hay un valle, en ese valle hay un wadi seco (una rambla o cauce seco de un río), en la actualidad ahí se encuentra el kibutz Kalia, es el lugar de las grutas de Qumran, donde en el año 1947 un beduino se encontraba deambulando por la zona y accidental­mente descubrió unas vasi­jas conteniendo pedazos de papiro”.

Yo creía que con mis in­vestigaciones y lecturas conocía suficiente sobre el tema hasta que hace unos días escuche en la Univer­sidad de Tel Aviv la plática sustentada por el Dr. Noam Mizrahi con el nombre “Se­cretos de las cuevas, los pa­piros del desierto de Judea”

Durante el transcurso de esta plática me di cuenta de cuanto me faltaba para cono­cer a fondo el tema, aunque en el desarrollo se me acla­raron algunos puntos por mi desconocidos.

Empezaré por la descrip­ción de Qumran: en su apogeo, no era más que un centro social, contaba con comedor, lugares de reu­nión, pero en toda la zona no se encontró señas de casas ni de vida física en ese lugar, ya que en el día a la sombra hay 40 grados de calor.

Cerca de Qumran hay unos cerros, en los que hay grutas, con clima más agra­dable que en el valle. Se cree que allí habitaba un grupo de esenios que habían huido de Jerusalén, ya que no esta­ban de acuerdo de como se llevaba la religión en el Se­gundo Templo de Jerusalén, creyendo que los sacerdotes no eran sinceros y que des­figuraban la religión.

Este grupo, buscaba for­mas nuevas de decir las ora­ciones, querían encontrar un recogimiento, una paz inte­rior por medio de una nueva forma de llevar la religión, con oraciones diferentes.

En 14 de estas grutas se descubrieron los rollos que se supone fueron escritos por los escribanos o poetas entre ellos.

Me refiero a la época que va del siglo IIIAC hasta el siglo I AC en tiempos de Yosef ben Matityahu que se cree fue el guía espiritual de los esenios de Qumran.

Para poder realizar su co­metido empezaron pensar y a escribir en papiros oracio­nes diferentes a las usadas en el Templo, que los lleva­ran a entrar en situaciones espirituales más profundas.

En diferentes épocas, en esas grutas se encontraron 25 000 pedazos de papiros de diferentes tamaños, con escrituras heterogéneas que formaban parte de un enor­me rompecabezas de los cuales ningún investigador se imaginaba cual sería el re­sultado final y si se podrían algún día juntar.

En el año 1951 las investi­gaciones estaban a cargo de la Universidad de Oxford. Después de un tiempo pre­sentaron un trabajo con el nombre Discoveres in the Judean desert by Oxford University Press, además de ediciones académicas, tra­ducciones y trascripciones de una parte de los papiros, faltando un gran número por descifrar.

Entre algunos de los des­cubrimientos se encontró que ellos formaron un calen­dario simétrico que cuenta con 364 días. Con los años cambian ciertos festejos, ya que es sabido que el año tie­ne 365 días.

Se ha continuado con el trabajo de unir el rompeca­bezas. El Dr. Noam Mizrahi, que se ha especializado en estudios filiogicales de la antigua literatura hebrea y en especial de los escritos del Mar Muerto, con su equipo trabajaron en un rompeca­bezas por varios años espe­cializándose en los cánticos de los viernes y sábados de la época, en los cuales ellos descifraron unas oraciones. Con el cántico de esas ple­garias, dice el Dr. Noam, ellos pretendían alcanzar a un Bet Amikdash imaginario que se encuentra en los cie­los. El cantico está dividido en 7 fracciones, dirigido a 7 ángeles, que los llevarán al séptimo cielo. De esta forma cada uno llegaba a lo más intimo de su ser, a lo más sagrado, allí se encon­traba un templo en construc­ción muy similar al que se encuentra en Jerusalén, con la diferencia que en este úni­camente entra a la parte más sagrada el Sacerdote, (Co­hen Gadol) y en el templo de su imaginación ellos con la mente podían alcanzar el punto más sagrado.

En un libro que reciente publicó Noam Mizrahi con el título “Testigo de un texto profético en preparación», el desarrollo literario textual y lingüístico de Jeremías 10’’1 explica más sobre todos sus estudios realizados.

Después de haber leído y releído lo anterior, se pue­de ver que la meditación ha servido a muchos pueblos y a religiones que la han usado para buscar una paz interior, como meditación judía, meditación cristiana, meditación oriental, de los tibetanos.

En el mundo hay muchos que hacemos meditaciones sin mezclarlos con ninguna religión, si no únicamen­te para llegar a un punto de relajación profunda. Refi­riéndome a la meditación antes mencionada de las 7 fracciones, en algún tiempo practiqué una meditación en la cual la cúspide era poder alcanzar el séptimo cielo.■

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