6 octubre, 2020

Francia necesita a Israel como aliado fuerte y firme

¿Es el presidente Macron capaz de reestructurar las relaciones franco-israelíes? Más que nunca Francia necesita hoy a Israel como un aliado cercano y firme, como parte de su amplia alineación regional desde Abu Dabi hasta París. Las políticas asertivas del presidente Macron en el Mediterráneo, que incluyen enfrentar las peligrosas ambiciones hegemónicas de Turquía, brindan […]

Emmanuel Macron y Benjamín Netanyahu Foto archivo: Kobi Gideon GPO

¿Es el presidente Macron capaz de reestructurar las relaciones franco-israelíes?

Más que nunca Francia necesita hoy a Israel como un aliado cercano y firme, como parte de su amplia alineación regional desde Abu Dabi hasta París. Las políticas asertivas del presidente Macron en el Mediterráneo, que incluyen enfrentar las peligrosas ambiciones hegemónicas de Turquía, brindan una oportunidad para que Francia e Israel institucionalicen consultas bilaterales y multilaterales de alto nivel, complementadas con una estrecha cooperación de inteligencia y una planificación estratégica conjunta.

Israel y Francia pueden encontrar un terreno común (en consulta con Grecia y Egipto) en una amplia gama de temas desde Libia hasta Líbano, y en toda la Península Arábiga hasta Irán. Los intereses comunes también deberían actuar para reducir la importancia de las diferencias entre los dos países con respecto a la cuestión palestina.

La nueva geopolítica de las relaciones franco-israelíes

Durante el último año, Francia se ha posicionado como una fuerza activa, de hecho un líder, en los esfuerzos por restablecer el equilibrio de poder en el Mediterráneo; un equilibrio que ha sido alterado por el presidente Erdogan y las ambiciones neo-otomanas e islamistas de Turquía. El presidente Emmanuel Macron, un joven estadista que ha buscado cambiar radicalmente el mapa político interno de Francia, ha revivido una visión de su país como un actor estratégico independiente con influencia única en Europa, África y Medio Oriente; y concretamente, siguiendo los pasos del ex presidente Sarkozy, también en el ámbito mediterráneo.

En estrecha coordinación con Egipto y Emiratos Árabes Unidos (este último es un importante aliado francés en el Golfo), Macron ha definido la protección de las naciones musulmanas moderadas y la lucha contra el radicalismo islamista como intereses centrales de Francia. Esto incluye las siguientes arenas:

  • En el Sahel, donde las tropas francesas han estado directamente involucradas en Chad y Mali.
  • En Libia, donde Francia ha prestado ayuda a las fuerzas del LNA encabezadas por Khalifa Haftar, oponiéndose al mandato del “Gobierno de Acuerdo Nacional” en Trípoli que tiene vínculos islamistas.
  • En el Líbano, que Macron ha visitado dos veces desde la explosión de Beirut, y donde Francia ha tomado la iniciativa en exigir reformas gubernamentales, desafiando así el dominio de Hezbolá.
  • En el Mediterráneo Oriental, donde Macron se ha opuesto a las políticas turcas, apoyando plenamente las posiciones griegas y egipcias.

Con respecto a Irán, Francia sigue oponiéndose al avance de Teherán hacia las armas nucleares. (Francia no quiere que otros países se unan al «Club Nuclear»).

Más allá de la dimensión regional, el objetivo de Macron aparentemente es hacer que Francia vuelva a ser relevante y una nación líder en la UE, particularmente tras el Brexit del Reino Unido. En el ámbito doméstico, una postura firme en todos estos frentes podría debilitar las campañas contra el liderazgo de Macron y fortalecer su imagen.

Prácticamente en todos los temas, los intereses geopolíticos de Francia encajan con los de Israel. Por consiguiente, Francia debería volver a mirar los beneficios de unas relaciones más estrechas con Israel. A su vez, Israel debería tomar la iniciativa de crear un marco formal/ informal para las conversaciones bilaterales, posiblemente complementado más adelante por un marco multilateral que incluya Grecia, Chipre, Emiratos Árabes Unidos y Egipto. Macron y su ministro de Relaciones Exteriores, Jean-Yves Le Drian, comparten la opinión de que Francia necesita participar en la realpolitik y llevar a cabo una diplomacia respaldada por capacidades militares y de inteligencia. Si es así, pueden encontrar que la iniciativa de asociarse con Israel se adapta a sus necesidades.

La política actual de Francia en el Mediterráneo y Medio Oriente se deriva de la intervención de Ankara en Libia en noviembre de 2019. Habiendo tenido ya una relación compleja con Haftar mientras Le Drian era ministro de Defensa y buscando frenar la subversión de la Hermandad Musulmana, en general, y en Egipto, específicamente, Francia ahora respalda a Haftar, comandante del «Ejército Nacional Libio» (LNA), contra Turquía y el «Gobierno de Acuerdo Nacional» islamista, con sede en Trípoli (GNA).

En mayo de 2020 las fuerzas del GNA respaldadas por Turquía obligaron al LNA a abandonar su sitio de la capital y retirarse. Egipto, respaldado por Francia, advirtió al GNA que no avanzara hacia el este más allá de la línea Sirte-Jufra. Los turcos, por su parte, quieren detener a Francia en seco, hacerse con el control del centro de Libia y sus recursos, empoderar a la Hermandad Musulmana en la región y, sobre todo, convertirse en el factor dominante en el Mediterráneo Oriental y desarmar la alianza del EastMed Gas Forum (EMGF) (que une Francia, Italia, Grecia y Chipre, Egipto, Israel, Jordania y la Autoridad Palestina).

Macron también ha adoptado una postura firme contra los agresivos movimientos de Turquía hacia Grecia. Mientras que Alemania, aunque en estrecha coordinación con Francia, ha asumido el papel de mediador, Macron es el único líder que se enfrenta activamente, y no solo oponiéndole resistencia, a la política turca en el Mediterráneo Oriental. Al hacerlo, ha convertido a Francia en un aliado efectivo de Egipto, Emiratos Árabes Unidos e Israel.

Perspectivas de cambio en las relaciones franco-israelíes

A lo largo de los años las relaciones de Israel con Francia han experimentado altibajos dramáticos. Las actitudes israelíes todavía están teñidas por la crisis que condujo a la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando Israel se sintió traicionado por la política pro-árabe de De Gaulle. En aquel entonces, supuestas consideraciones de realpolitik separaron los dos países. Ahora pueden unirlos.

Macron ya ha expresado reservas sobre la campaña palestina para hacer de Europa un aliado contra Israel. Aunque habla de la boca para afuera sobre la necesidad de un Estado palestino, no ha cerrado la puerta a la iniciativa de paz del presidente Trump en Medio Oriente y, lo que es más significativo, ha protestado por la deslegitimación de Israel. En 2017, en una conmemoración de las deportaciones de judíos por parte de los nazis y el régimen de Vichy, denunció inequívocamente el antisionismo como una nueva forma de antisemitismo.

Más recientemente, Francia acogió con satisfacción el acuerdo de normalización de Israel con el aliado cercano de Francia contra Turquía, Emiratos Árabes Unidos, así como el acuerdo con Baréin. En el fondo están los intereses compartidos por Francia, Emiratos Árabes Unidos, Israel, Grecia y Egipto. El jefe del Mossad, Yossi Cohen, fue citado recientemente diciendo que Turquía puede representar una amenaza mayor para Israel que Irán. Es posible que la cita haya sido sacada de contexto. Sin embargo, aunque Turquía está adoptando una postura decididamente hostil hacia Israel en temas como Jerusalén y Gaza, no es un enemigo activo.

Aún así, las palabras de Cohen indican que Israel, como Francia, necesita reconsiderar sus prioridades estratégicas. La arrogante respuesta de Erdogan a los movimientos de Francia en el Mediterráneo Oriental refleja su estado de ánimo beligerante. También lo hace su declaración de que la conversión de Hagia Sophia en una mezquita allanará el camino para la liberación de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén.

Macron y su leal socio Le Drian quieren rehabilitar la influencia francesa. A diferencia de la época de De Gaulle, la política francesa de Medio Oriente hoy requiere la asociación con Israel, en lugar de la alienación de este y la adopción de una postura pro-árabe. La alineación abierta de Abu Dabi, Manama y Jerusalén ofrece una plataforma diplomática y militar para reconstruir los pasados lazos ​​basados ​​en intereses comunes emergentes y una nueva perspectiva en el Medio Oriente. Macron está impulsado no solo por el cambio de sentimientos hacia Israel, sino por la comprensión de que si las intervenciones de Francia en Líbano y Libia y los esfuerzos para contener a Turquía tienen éxito, el acercamiento con Israel es esencial.

Macron se enfrenta a dos obstáculos principales. Primero, en la esfera de la política exterior, el ministerio de Relaciones Exteriores de Francia todavía suscribe la visión «tradicional» de la cuestión israelí-palestina, que ha causado tensiones entre París y Jerusalén durante décadas. Además, aspectos de la cuestión nuclear iraní, en los que Francia había sido más firme que el ex presidente Obama, pero no tan firme como Israel espera a la luz de la política de Trump, siguen siendo una manzana de la discordia entre ambos países (esto también es cierto con respecto al estatus legal de Hezbolá en Francia). En segundo lugar, en la esfera doméstica, la gran comunidad musulmana francesa sigue afiliada políticamente a partidos de izquierda, que son fuertemente pro palestinos y fundamentalmente antiisraelíes.

Sin embargo, Francia ahora reconoce que el enfoque binario de «árabes versus Israel» para el Medio Oriente es obsoleto. Queda por ver si Macron tendrá el coraje de tomar una nueva dirección política, desafiando a la comunidad musulmana francesa mientras reúne a la derecha gaullista, el centro y los católicos contra Le Pen y la extrema derecha.

Recomendaciones para la política israelí

Frente al nuevo mapa geopolítico en Medio Oriente y el Mediterráneo Oriental, Israel debería aprovechar la oportunidad de renovar sus relaciones con Francia. Esto debe incluir mecanismos tanto formales como informales para conversaciones estratégicas regulares, al menos bianuales.

Israel también debería iniciar visitas de alto nivel para cimentar los entendimientos geopolíticos.

Tal formato bilateral podría conducir a un formato de consulta multilateral, quizás discreto, que incluya a Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Grecia y Chipre, trabajando juntos para asegurar el apoyo de Estados Unidos.

Los decisores israelíes deben superar las asociaciones negativas con Francia que han prevalecido desde 1967. Un enfoque israelí pragmático ha permitido relaciones básicamente positivas con Francia durante años, y ha llegado el momento de servir a los intereses de ambos países para pasar a un nuevo nivel.

Israel también debería aprovechar su acuerdo de paz con Emiratos Árabes Unidos para forjar vínculos más estrechos con Francia. Emiratos Árabes Unidos están particularmente bien posicionados para alentar a París a mejorar sus relaciones con Jerusalén.

Tanto Francia como Israel tienen mucho que ganar con una mejora en sus relaciones.

Fuente: Jerusalem Institute for Strategy and Security

El Coronel (res.) Olivier Rafowicz es experto en relaciones y comunicaciones internacionales.

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