13 octubre, 2021

El poder de la imagen

Se cumplen 48 años de la Guerra de Iom Kipur.

Fuerzas egipcias cruzando el Canal de Suez – Foto: Wikipedia – Dominio Público

Elías Farache S.

En el día más sagrado para los judíos, las fuerzas armadas de Egipto y Siria lanzaron un ataque contra el estado judío en dos frentes simultáneamente, en el sur y en el norte. El aparato militar israelí fue tomado por sorpresa, una sorpresa que no fue tal para otras instancias del gobierno de Israel del momento.

Mucho se ha escrito y opinado sobre la Guerra de Iom Kipur. Israel estuvo en su hora más difícil. Comparable con la de 1948, cuando su misma existencia era amenazada. La cifra de bajas militares fue altísima: más de dos mil quinientas víctimas, sin contar heridos, daños colaterales y otras consecuencias. Los primeros días fueron sumamente duros y recién en Sucot, la Fiesta de las Cabañas, la tendencia se revirtió. Israel consiguió una victoria pagando un altísimo precio en vidas.

La tesis generalizada es que gracias a esa guerra, en la cual Egipto y Siria se atribuyeron el éxito, o a decir verdad fueron derrotados sin ser humillados como en la Guerra de los Seis Días, se pudo dar el proceso de paz entre Egipto e Israel. Sí, es cierto. Pero el precio fue, sin duda, altísimo.

Siempre que se cumple un aniversario de este episodio, salen a relucir comentarios e informaciones. Este año con particular vehemencia, se ha hablado mucho acerca del conocimiento previo que las fuentes de inteligencia israelíes tenían acerca de un inminente ataque de Egipto y Siria. A medida que pasen los años, se calmen los ánimos, más información al respecto estará en manos del público.

Sin embargo, es ya oficial que sí se tenía la certeza de un ataque contra Israel. El gobierno de Israel, quienes tomaban decisiones en el momento, decidió no actuar en forma preventiva. Repetir la maniobra de 1967, con un ataque tomando la iniciativa, sería un durísimo golpe para la imagen de Israel. Otras decisiones como movilizaciones de tropas y cosas por el estilo tampoco tuvieron lugar. Israel se asustaba de ser percibido, una vez más, como el agresor. El precio pagado en vidas, daños y traumas fue muy caro.

El Estado de Israel cuida su imagen ante un público que es muy injusto. Muy difícilmente un país asumiría un riesgo tal de vidas por preservar una imagen, romper un estereotipo o abonar un dudoso camino de paz. Israel lo hace con frecuencia. No siempre en la lamentable magnitud de la Guerra de Iom Kipur, pero con una frecuencia cuyo saldo de vidas y víctimas es espeluznante. Todos por la imagen correcta que ha de darse a quienes, lamentablemente, igual van a ser detractores.

En estos últimos años, Israel es también muy cuidadosa de su imagen. Soporta andanadas de cohetes desde Gaza y actúa de manera muy cuidadosa, la misma que evita daños colaterales y no logra el objetivo de reducir al enemigo. Todo por la imagen. Le grita al mundo su genuina preocupación por la carrera nuclear de Irán, y obtiene una actitud de sordos cuando más. Alguna acción más allá de la denuncia afectaría su imagen.

Hay un principio bíblico que reza que una persona está autorizada a matar a quien viene a matarlo. Es una acción de legítima defensa y es preventiva. Actuar en defensa propia es un derecho ineludible de personas y naciones, hacerlo en el debido momento, antes que ocurra la agresión es lo que aplica.

Pero el poder de la imagen a veces, en vez de ser la ayuda, es lo que entorpece. Entre ser objeto de la lástima por ser agredido, o del odio por ser vencedor…

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