El Korbán. La ofrenda. Reflexión.

“Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando una persona de ustedes traiga una ofrenda al Eterno…”
Libro de Levítico 1:2

Un canal de acercamiento.

Existen varias preguntas acerca del sentido de las ofrendas, y de la existencia de un Santuario de Hashem en la tierra. De hecho, el Todopoderoso es omnipresente (se encuentra en todo lugar).

No cabe duda que el infinito no necesita de sacrificios de animales ni de la quema de incienso, de igual forma a como nosotros los humanos pensamos y requerimos según nuestras limitaciones, contradicciones, y finitud.

Y obvio, no soy novedoso, y muchas de las ideas que se exponen son el fruto de escuchar disertaciones de muchos rabinos, o resultante de la lectura, de Sabios y pensadores donde quedo en deuda, al no recordar o poder citar la fuente exacta de la palabra escrita. De todas formas, creo estar conservando el sentido o el vector principal hacia donde apunta la cosmovisión judía ortodoxa y tradicional e histórica.

La culpa no es del animal.

Una de las ideas clásicas es que, en las ofrendas que tienen que ver con pecados o transgresiones, el impacto de ver que un animal que recién estaba vivo, y que ahora se encuentra degollado, impacta en el alma del ofensor, a los fines de poder quebrar la tendencia al pecado y allanar el camino de la teshuvá o arrepentimiento, al apreciar que ese castigo debía ser para nosotros. Pero, por gracia divina se nos permite esta permuta, intentando despejar la falsa idea de nuestra supuesta inmortalidad.

Limitar, no cabe duda que es parte del proceso de educar o formar.

La casa de la reunión.

Esa es la traducción de lo que en hebreo definimos como Beit Haknéset. Y de hecho, la idea judía es aunar (reunir o juntar) al pueblo por medio de un libreto común, aunque permitiendo algunas variantes, según sean por costumbres de la región o procedencia (sean judíos askenazíes o europeos, o judíos sefaradíes provenientes de España o de los países árabes). O también espacios o lugares en el rezo, donde podemos solicitar por motivos particulares de diversa índole.

La Sinagoga, es por definición como un Beit Hamikdash o Santuario en pequeño, y por ende, se encuentra en sintonía con la óptica de un ser humano que por definición es un ser gregario o social. De tal modo de combatir el aislamiento humano, y poder presentarnos y compartir en sociedad.

La posibilidad de dar.

Aunque desde nuestra condición física, somos seres frágiles y rodeados en un medio que nos desafía a conseguir medios o recursos de sustentación material, el idishkait (judaísmo) nada contra la corriente y la lógica habitual y de los gentiles.

La mayor felicidad se obtiene dando a otros nuestro apoyo material o espiritual, en contrario de cuando nos vemos obligados a extender la mano y suplicar ayuda de distinto tipo.

Hoy por hoy, en el campo médico, se ha podido establecer por la intensidad de un mediador químico que tiene que ver con la satisfacción y el placer y la recompensa que es la dopamina cerebral.

La ofrenda de paz.

Es la mejor de las ofrendas, aunque no tan fácil para muchos de nosotros. Es decir, el korbán que trae aquel judío que solo desea agradecer a D’os esa oportunidad de pertenecer y de conectividad con el infinito y fuente de toda vida.
Sin pedir nada a cambio, y de esta ofrenda comen tanto él como el Cohen o Sacerdote y los suyos.

Es decir, damos participación a todos, a D’os y a nuestro prójimo. Se comparte la acción y su consecuencia.

Hombre y D’os. Final

Si Hashem dejó destruir dos veces su Casa, no cabe duda que Él no la necesita de la misma forma que la necesitamos nosotros los descendientes de Abraham. En el primer capítulo del profeta Isaías se encuentra perfectamente explicado el problema de la insatisfacción del Anciano de los días, respecto a que, todo vale si hay mucho respeto y buen trato entre uno y su prójimo.

La hipocresía no encastra con el deseo expresado en la Torá. Dos tablas, que marcan limitaciones y obligaciones para con Él y con nuestro prójimo.

Este es el desafío a todo judío. La moneda tiene dos caras, y la hemiplejía (parálisis de una de las mitades del cuerpo) de nuestra conducta, desata tempestades que, como las del 7-10 despierta a los dormidos, y quita la venda del autoengaño, “le devuelve la vista a los ciegos”, y tiende a acercar a los alejados.

También aquí reside el misterio del korbán, sea de los sacrificados (víctimas de pogromos y matanzas), y de aquellos como los soldados de las IDF que se ofrendan en sacrificio, donde en la mayoría de las veces los que caen son los mejores.

En hebreo y, para terminar, el verbo lekareb en infinitivo, es o quiere decir acercar.

El Templo es un vehículo o un medio, y al mismo tiempo el objetivo de todo el sentido de la Creación humana. Es decir, servir, rectificar, corregir, elevarse espiritualmente, aglutinarse, compartir, y conectarse con el sentido real y verdadero de la existencia.

¡Shavua Tov!

¡Purim Sameaj!.

Dr. Natalio Daitch

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