El judío que quería recordar. Reflexión.

Así dijo el Eterno: "He recordado a tu favor la bondad de tu juventud, el amor de tus esponsales, al seguirme en el desierto, en una tierra no sembrada". Jeremías Capítulo 2, versículo 2.

Gran Sinagoga de Jerusalén y sede central del Gran Rabinato de Israel – Foto: Wikipedia – CC BY-SA 3.0

Dr. Natalio Daitch

Recuerdo. Significado.

Se explica como imagen, o conjunto de imágenes, de hechos o situaciones pasadas que quedan en la mente. Mientras que recordar, se trata de un verbo y significa traer a la memoria propia algo percibido, aprendido o conocido. O retener algo en la mente.


El recuerdo de D’os.

Con el precepto de imitar a D’os, la Torá nos dice que Hashem recuerda, y entonces recordar también es un precepto para el judío. Una obligación y no una opción. Tanto en lo individual como en lo grupal o en lo colectivo, lo venimos ejercitando desde hace siglos. Y vivimos del recuerdo y nos nutrimos del recuerdo. Se trata de nuestra gimnasia mental que la hemos venido practicando desde el principio de los tiempos. Y de esta forma, hemos logrado hipertrofiar el alma del hebreo hasta límites que causan asombro aún entre aquellos no judíos que no nos quieren o desprecian.

De hecho, podemos citar las palabras hebreas Lizkor (el infinitivo recordar), Zikarón (memoria), Haskará (conmemoración), y por último el Izkor (plegaria especial por los difuntos padres o parientes fallecidos).


Amnesia judía e identidad.

Nosotros, los médicos, atendemos frecuentemente personas que afirman estar perdiendo la memoria. La amnesia que supone la pérdida de la memoria de hechos, información y experiencias, puede tener causas diversas, un pronóstico distinto según el caso, y puede ser transitoria o definitiva. Por otro lado, la memoria es definida como la función del cerebro que permite al organismo, almacenar, y recuperar información del pasado.

El diccionario nos aclara que la pérdida de la identidad (conjunto de rasgos o características de una persona o cosa que permite distinguirla de otras en un conjunto), es rara en la vida real, aunque si es frecuentemente utilizada como línea argumental en películas o series, o en libros. Caso del libro «El hombre que quería recordar» de Andrea Ferrari, que pertenece al género ficción.


Judíos entre el recuerdo y el olvido.

Algunos de nuestros hermanos trabajan siempre en recordar (a ellos mismos y a sus semejantes), para practicar y ejecutar enseñanzas, los preceptos, las mitzvot, mandamientos, leyes y decretos. Por otro lado, hay otros judíos que optan por olvidar y no recordar, ya que prefieren gambetear el judaísmo, y continuar (sea en forma dolosa o intencional o de manera culposa) por el sendero asimilatorio, que propicia licuarse en el medio ambiente circundante.

Y puede que milagrosamente, como un rayo caído del cielo, la aparición súbita, pero no habitual, de algún recuerdo, pueda despertar alguna alma dormida o perdida. Para concluir este bloque, algunos ni recuerdan si- quiera lo que deben evocar, y obvio, todo termina en catástrofe.


Olvidar y recordar. Reflexión final.

El tópico tiene muchas aristas. En lo individual, mi madre Aida K. de Daitch Z»L me decía que el olvido en cierta forma es también un regalo de Hashem para que la persona pueda continuar el camino sin quedar completamente fijado en el pasado. Por otro lado, recordar es un imperativo constante para el judío, sea desde su ángulo familiar, grupal o colectivo, e histórico y ancestral.

Yo no veo contradicción en lo que mi madre afirmaba, ya que solo de la combinación de ambos recursos, la persona puede mantener su equilibrio mental y emocional. Y puede que, en ciertas ocasiones, algunos hechos deban ser pasados al olvido, a los fines de permitir a ese ser humano poder aceptar y recibir y desarrollar nueva información, y por otro lado hay otros hechos o situaciones que deben ser siempre una constante frente a la mente y los ojos de todo individuo. Incluso un hecho traumático que es pasado al olvido en agudo, puede y debe ser evocado en el tiempo bajo un nuevo significado y una nueva mirada, ya desprovista de la enorme carga emocional que generó en su momento.

El judaísmo se nutre del recuerdo, y la Torá misma, más allá que es enseñanza para todas las generaciones nos invita a recordar, para aceitar nuestra identidad judía.

Ben Hametzarim (Tiempos de angostura) es uno de esos tiempos, tres semanas entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av, donde abundan un conjunto de hechos desgraciados para nuestro pueblo, pero que, para muchos comentaristas y rabinos, son situaciones traumáticas y catastróficas que debieron y deben ser vividas y revividas, ya que preceden o son la antesala de la redención final para Israel en especial y para toda la humanidad en general.

La consigna es recordar para mejorar como iehudim y valorar lo que hemos perdido. No repetir errores y ejercitar nuestra resiliencia.

Para concluir, los judíos recordamos siempre en cada generación y generación, y no olvidamos nuestras carencias o faltantes aún en situaciones felices, como casamientos y nacimientos. De esta fantástica e invencible combinación o fórmula, nace la posibilidad de la continuidad de Israel y su eternidad. 

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