12 enero, 2022

El Faraón, el cuerpo y el espíritu. Reflexión

«El Eterno dijo a Moshé: «Vé al Faraón, pues Yo he endurecido su corazón y el corazón de sus siervos con el fin que Yo ponga estos signos míos dentro de él»

Moisés y el Faraón – Foto: Wikipedia

Dr. Natalio Daitch

«Y también para que relates en los oídos de tu hijo y del hijo de tu hijo que Yo me burlé de Mitzráim, así como mis signos que puse en ellos, y sepan que Yo soy el Eterno».
Éxodo. Parashat Bo capítulo 10-1,2


El conflicto entre el cuerpo y alma.

Ya lo establecieron nuestros sabios, que el hombre siempre se encuentra en una tensión constante, ya que tiene un alma espiritual que reclama volver a su fuente y busca la divinidad, y por el otro lado, está hecho de tierra Adamá y tiene deseos, apetencias y necesidades, representadas por un alma animal, que busca constantemente la satisfacción de dicho combo sin medir consecuencias ni costos de cualquier resultado que puedan derivarse de su accionar.

Siendo que somos un cuerpo, y hemos de vivir en un mundo material, no cabe duda que sin la ayuda de D’os, muy difícil sería para el alma (espiritual) poder manifestarse, siendo que constantemente es bombardeada por diversos estímulos explícitos o maquillados que jalan a la persona a todo lo que tenga que ver con su envoltorio corporal.

Llegado a este punto, y obvio, que esta idea también ya fue expresada por los sabios judíos, la liberación de Egipto no es solo la liberación humana de un pueblo o de otro hombre que los está oprimiendo, sino, que tiene además un sentido más profundo, y que tiene que ver con la liberación del alma de la esclavitud a la que es sometida por su propio cuerpo.


El Faraón y los miedos.

Hashem le dice a Moshé: «Vé al Faraón», no tengas miedo, de él de su ejército y de sus guardias y de su palacio. Y de su aparente majestuosidad, ya que todo esto es solo una apariencia, un engaño momentáneo al ojo humano. Un castillo de naipes y aquel que puede recorrer hoy Egipto, solo puede observar restos de construcciones que son piedras y tumbas muchas de ellas violadas de aquellos reyes que en su momento fueron regentes de la primera potencia del mundo antiguo.

De aquel enorme ejército de jinetes y carros ya nadie tiene miedo. Hace poco fueron encontrados en el fondo del Mar Rojo restos de un ejército, lo que ha podido quedar, siglos después y todo se reduce a ciertos materiales que persisten, tapados por el lodo y el musgo.


Otros Faraones.

A lo largo de la historia judía, los Asirios, los Babilonios, los persas, los griegos, los Romanos, los Bárbaros, los inquisidores y las tribus musulmanas han perseguido y oprimido a los hebreos. Y en la era moderna, los comunistas y luego los nazis.

Todos formaron imperios, enormes ejércitos que metían miedo hasta el tuétano de los huesos. Tuvieron cierto momento de gloria o de apogeo, pero luego fueron exterminados, derrotados, aniquilados, o simplemente desaparecieron.


De Egipto a Sinaí

No cabe duda que las festividades de Pésaj o la Pascua (la salida de la esclavitud de Egipto), se encuentra conectada o enganchada por los días de la cuenta del Omer hasta la festividad de Shavuot (entrega de la Torá).

Ya que salir de la esclavitud es un paso necesario mas no suficiente, si uno no puede contar con un código o manual de vida, que pueda mostrarnos el método de como el alma espiritual puede sobreponerse a esa poderosa fuerza o alma animal que representa o simboliza ese Mitzraim o esa angostura o limitación que aún persiste dentro nuestro.

De aquí, la famosa frase: «ellos salieron de Egipto, pero Egipto no salió de ellos». Y es por eso que la Torá es Ley, ya que sin Ley no habría una verdadera libertad, solo seríamos esclavos liberados de las garras de un opresor externo, pero, continuaríamos siendo esclavos de nuestras propias pasiones que no tendrían ninguna clase de freno.


El diálogo del cuerpo y el alma. Final.

El cuerpo sabe que está perdiendo, y busca retacear, condicionar, o limitar al alma. En cierto momento el Faraón dice a Moshé: ¿Quiénes son los que irán? Todos argumentos que buscan crear dudas o atemorizar, ya que el regente al escuchar que todos juntos niños y ancianos y nuestros animales servirían al Todopoderoso en el desierto, remata diciendo: ¡Miren que el mal los confronta!

Pero al final, los argumentos humanos dejan paso a la voluntad divina, las tres plagas restantes inexorablemente se cumplen, y los hebreos salen al desierto físico, pero es justamente allí, donde van a encontrar el vergel espiritual, la palabra Sagrada de D’os que es eterna, que es buena para cualquier ser humano (en cualquier tiempo y lugar), ya que es el único camino conocido para poder lograr una superación espiritual, mientras el hombre tenga que vivir su existencia terrenal tal como la Divinidad lo ha dispuesto.

Para rematar: «aunque nos parezca contradictorio, lo material que vemos es efímero transitorio, y pasajero, y justamente aquello que no vemos lo espiritual es lo eterno y lo que permanece».

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