El discurso “dramático” de Netanyahu

Benjamín Netanyahu Foto: Agencia Brasil Handout vía REUTERS

El reciente discurso del primer ministro, Benjamín Netanyahu,  criticando a la policía por haberle negado un careo con los testigos del Estado en la investigación por los casos de presunta corrupción fue particularmente decepcionante.

Netanyahu prometió unas horas antes un discurso “dramático”, y en el pasado, el mandatario, ha sabido realmente conmocionar a la audiencia tanto nacional como internacional. Recientemente, en la Asamblea General de la ONU reveló los sitios subterráneos clandestinos cercanos al aeropuerto internacional de Beirut donde Hezbollah había establecido plantas para convertir sus cohetes aleatorios, o estadísticos, en misiles de precisión. Poco tiempo antes, había desvelado también la sustracción de una increíble masa de archivos nucleares de Teherán por parte del Mossad. También anunció el descubrimiento de los túneles que Hezbollah estaba cavando bajo la frontera desde el Líbano. Para no olvidarse, del célebre discurso ante el Congreso de Estados Unidos en contra del pacto nuclear con Irán, bajo el disgusto del entonces presidente norteamericano, Barack Obama.

Probablemente, en Teherán y Beirut no pocos ayatollahs se prendieron a las pantallas de televisión. Algunos corresponsales apostaron incluso, de cara a las elecciones, a que el primer ministro echaría del Gobierno a los ministros Naftalí Bennett y Ayelet Shaked, que abandonaron la dirección del partido religioso nacional Habait Haiehudí (Hogar Judío), para formar una nueva facción política de derecha.

Sin embargo, Netanyahu no pareció en su mejor momento. Su base electoral es limitada. En la última contienda electoral, su partido Likud, obtuvo apenas 30 escaños de los 120 que conforman la Knéset (Parlamento), y en el fragmentario sistema político israelí debe persuadir no a sus fervientes seguidores,  que ya están convencidos, sino a aquellos indecisos que se inclinan hacia la derecha, para mantener su caudal electoral.

Para colmo, se ha convertido en un ritual de las últimas décadas, que todos los primeros ministros pasen por el escrutinio de policías y fiscales en investigaciones por corrupción.

Podría ser que Netanyahu se vea a sí mismo como una especie de rey David y piense que no se merece todo esto. De cualquier  manera, la imagen que busca proyectar como el líder salvador que lucha solo, que es imprescindible y el único que puede manejar el timón del país ante las graves amenazas y tormentas regionales, y que a su vez es víctima de las intrigas  de los medios de comunicación, las elites judiciales y la policía, colonizados por la izquierda, es tan dudosa como efectiva.

De cualquier manera, Netanyahu ha tenido éxito en desviar el eje del discurso público hacia los procedimientos policiales (es decir hacia la relevancia de un careo), y que todos estén hablando casi exclusivamente de eso.

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