Joe Biden Foto: Casa Blanca/ Erin Scott via Flickr

Por Eldad Shavit

El conflicto en curso entre Estados Unidos y las milicias proiraníes en Irak y Siria experimentó un deterioro significativo con el ataque dirigido a la base estadounidense de al Tanf (ubicada en el triángulo fronterizo entre Siria, Irak y Jordania). 

El ataque de las milicias alcanzó la base en el noreste de Jordania, mató a tres soldados estadounidenses e hirió a algunas decenas. 

Desde el comienzo de la guerra en la Franja de Gaza, las milicias han llevado a cabo más de 150 ataques contra objetivos estadounidenses y, en respuesta, Estados Unidos ha realizado una serie de contraataques, incluida la eliminación de una de las principales figuras de la milicia en el corazón de Bagdad. 

En un anuncio especial, el presidente [Joe] Biden acusó a las milicias proiraníes de la acción y afirmó: «No tengan dudas: haremos que todos los responsables rindan cuentas en el momento y de la manera que elijamos».

Los resultados mortales de este ataque de la milicia agravan el dilema que enfrenta la Administración Biden desde principios de octubre con respecto a sus respuestas a los ataques en curso de los aliados de Irán en el Golfo. 

Hasta ahora, aunque los portavoces de la Administración han declarado una y otra vez que Irán dirige y ayuda a las operaciones contra objetivos estadounidenses; Estados Unidos se ha abstenido de responder directamente contra Teherán. 

Por un lado, el interés de la Administración en no verse arrastrado a una confrontación directa con Irán permanece sin cambios. 

Por otro lado, la credibilidad de la disuasión estadounidense está siendo puesta a prueba y crece el temor de que proyectar debilidad fomente una escalada de acciones contra objetivos estadounidenses.

Contrariamente a los intereses americanos, el empeoramiento del conflicto también aumenta los llamamientos en Irak para la retirada de las fuerzas estadounidenses de su territorio. 

En el fondo hay presiones políticas internas en Estados Unidos en un año electoral. 

El expresidente Trump ya aprovechó los acontecimientos para atacar a Biden, y crecen los llamados de los legisladores a responder directamente contra Irán.

Naturalmente, Biden no quiere ser percibido como un líder débil; pero también sabe que involucrarse en otra guerra en Medio Oriente perjudicará sus ambiciones políticas.

Estados Unidos responderá al último ataque, presumiblemente con mayor fuerza que sus respuestas anteriores. 

Más allá de un probable ataque amplio y significativo contra objetivos directamente relacionados con las milicias, es muy dudoso que se ataquen objetivos dentro del territorio iraní. 

Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad de una vía intermedia de ataque a objetivos pertenecientes a Irán y situados fuera de su territorio (¿en el mar o en Irak/Siria?). 

En cualquier caso, es probable que el conflicto entre las dos partes no cese y el riesgo de un mayor deterioro en el Golfo siga siendo el mismo (e incluso pueda aumentar).

Fuente: INSS – The Institute for National Security Studies

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