4 octubre, 2020

Dos mundos

Una de las preguntas más enigmáticas que podríamos plantear es sin duda alguna acerca de la existencia de otro mundo u otros mundos distintos de este en que vivimos. ¿Será posible la existencia de otros mundos, fuera del mundo que conocemos nosotros? Cada cual puede plantear su respuesta en base a su preparación religiosa o […]

Imágenes de la Tierra vistas desde la Luna – Foto: Wikipedia – Dominio Público

Una de las preguntas más enigmáticas que podríamos plantear es sin duda alguna acerca de la existencia de otro mundo u otros mundos distintos de este en que vivimos.

¿Será posible la existencia de otros mundos, fuera del mundo que conocemos nosotros?

Cada cual puede plantear su respuesta en base a su preparación religiosa o intelectual o simplemente por medio de lo que le dicte su instinto.

En mi caso y perteneciendo a la generación de los 60, no podría negar la existencia de diversos mundos.

A los 56 años en realidad me ha tocado vivenciar por lo menos dos mundos distintos. No hablo de planetas, sino de mundos. Diría que el planeta es el escenario donde cada mundo a su vez se hace presente con sus características.

Por eso muchos usan la frase «este es mi mundo» al referirse a la vida que lleva, su entorno, su realidad.

Es decir, el mundo es todo lo que contiene o hace parte del planeta en un plazo de tiempo determinado.

Y ciertamente, si detenemos el tren del tiempo para bajarnos un ratito y hacer una pausa, podemos claramente mirar hacia atrás para ver el mundo que vamos dejando y mirar el presente para entender las diferencias.

Podemos ver el pasado y podemos ver el presente, pero el futuro no lo podemos ver. Hablamos de «mirar» hacia el futuro, de hecho es lo que hacemos todo el tiempo, aunque no lo veamos.

Por ello cuando veo el pasado y veo el presente puedo concluir claramente en la existencia de por lo menos dos mundos.

Obviamente no son dos mundos paralelos, cada cual tiene su tiempo, pero si son dos mundos distintos.

Aproximadamente la mitad de mi vida transcurrió en el mundo pasado, al cual no podría con seguridad poner una fecha de defunción. En realidad, los mundos pueden morir en un tiempo limitado, como por ejemplo antes y después de una guerra mundial, o pueden hacerlo lentamente como me tocó a mi vivenciarlo junto con otros millones de personas, pasando de una década a otra cada cual con sus características.

Y entonces teniendo ahora dos elementos (dos mundos) diferentes, podemos proceder a la comparación.

El primer mundo que me tocó vivir era un mundo mucho más grande, pero con mucha menos gente.

Había en el especies animales y vegetales que ya no existen en este. Incluso era distinto el aire que respirábamos

O el agua que bebíamos. No existían muchas comidas que si existen en este mundo. Incluso el clima era distinto y había continentes o parte de ellos que en este mundo van dejando de existir.

En este mundo hablamos de manera distinta, aunque se trate del mismo idioma, le dedicamos menos tiempo a la compañía de la gente y mucho más a la de la tecnología y hasta podemos elegir la identidad que queramos, más allá de la cual nos ha tocado.

En aquel mundo la vergüenza y el respeto marcaban más nuestra conducta por lo cual vivíamos más limitados dentro de la ingenuidad, la cual no era tan mal vista incluso en gente de edad avanzada. Este mundo casi nos obliga a dejar la ingenuidad antes de dejar de amamantar, casi…

No teníamos tantos medios de comunicación, pero hablábamos más.

No teníamos tanto dinero ni tantos objetos, pero lo disfrutábamos más. Caminábamos con menos prisa y hablábamos con desconocidos. Abríamos la puerta de la casa cuando sonaba el timbre sin antes preguntar «¿quién es?»

En mi mundo anterior, si no tenías bicicleta, los otros niños te prestaban la suya. En este otro mundo si mi hijo no tiene bicicleta con 16 cambios, pues no es digno de salir a pasear con los demás niños. «Compartir» no era una mala palabra en aquel mundo. Lo cierto ahora es que debería fijarme en el diccionario para ver si figura aun esta palabra en el mismo.

Podría seguir así con muchos más ejemplos, pero sobre esto ya muchos otros han escrito.

Por eso luego de vivir en Israel 35 años, cuando me preguntan si extraño la Argentina o si volvería a vivir allí, la respuesta es muy clara: ¡no!, y por el simple hecho que no puedo volver a vivir en un sitio que ya no existe, pero si puedo extrañar aquel otro mundo.

En estos días de fiesta, nos toca al pueblo judío hacer cada uno sus «cuentas del alma», reflexionar acerca de nuestras vidas con la intención de mejorar nuestra conducta a fin de lograr un «lugarcito» en el mundo venidero. ¿Habrá un mundo venidero distinto a este que vivimos ahora?, pues si me hubieran preguntado a los 20 años si habría otro mundo distinto más allá del que vivía en ese momento, no estoy seguro de haber contestado afirmativamente, y ahora no me quedan dudas que podemos vivir en distintos mundos. Y si es posible hacerlo en este escenario, pues porqué negar la posibilidad de que existan también otros escenarios.

«Benditos los que creen sin ver» y benditos los que quieren hacerlo.

¡Que tengamos todo el mundo un muy buen año!!!

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