Barrabasadas

6 febrero, 2019
Julio Pérez del Campo, captura de pantalla

Pablo Veiga *

La Academia de cine española entregaba los premios Goya recientemente, cuya gala se celebró en la ciudad de Sevilla. Como mejor cortometraje documental resultó ganador “Gaza”, que reflejaba las consecuencias de la incursión israelí en la Franja el verano del dos mil catorce.  Los directores de la película aprovecharon su momento de gloria al recoger el galardón para lanzar auténticas barrabasadas, definiendo a Israel como un Estado que practica el terrorismo y el apartheid con los palestinos y conminando al boicot del próximo festival de Eurovisión, que tendrá lugar en Tel Aviv la próxima primavera.

Sin entrar en el contenido del documental y, dando por descontado que prima la libertad de creación y por supuesto de expresión, los ínclitos Carlos Bover y Julio Pérez del Campo, responsables de la película, merecen cumplida contestación, ya que uno no puede permanecer callado ante esas proclamas burdas y repetitivas, cargadas de odio y maldad. Ambos “artistas”, nada más finalizada la gala, ya fueron objeto de multitudes y contundentes críticas, con variados y acertados argumentos.

El antisemitismo más feroz se escuchó en la voz de estos dos señores, a los cuales les invitaría a rodar un venidero documental en las poblaciones y kibutzim ubicados en el entorno de la Franja de Gaza. Que visiten a las familias que ahí residen y que han recibido miles de agresiones en forma de misiles durante la última década. Que les tomen declaración de cómo es su cotidianidad, cómo se sienten al dejar sus niños en el colegio o cuándo trabajan las tierras o en cualquiera de sus quehaceres diarios. Siempre con un ojo en el cielo y los oídos bien abiertos para escuchar las sirenas que anuncian la llegada de otra bomba. Porque en ese caso, apenas dispondrán de veinte segundos para alcanzar los correspondientes refugios, aunque con suerte, la denominada Cúpula de Hierro, un sistema que cuesta al erario israelí millones de euros cada año, se encargará de arruinar el objetivo del grupo criminal de Hamás, que no es otro que matar y destruir, cuánto más, mejor.

Y ya que tienen tanta devoción por la lucha del pueblo palestino, en la misma Gaza podrían rodar las condiciones de vida en sus propias cárceles, en primer lugar. A continuación, tendrían un magnífico reportaje con una exhaustiva investigación sobre la finalidad de las ingentes sumas de dinero que en los últimos decenios han ido a parar a las arcas de las autoridades palestinas. Qué destino lleva todo ese caudal, en qué se invierte y cómo afecta a la calidad de vida del pueblo por el que estos cineastas sienten tanta devoción. Sería interesante que mostraran a la audiencia española esos túneles construidos hacia suelo israelí, una infraestructura que requiere de una considerable financiación, y cuál es la finalidad que persiguen sus promotores.

Quizás así, los disparates que escuchamos tras haber recibido tan importante galardón se los pensarían mejor y su discurso variaría substancialmente. El prestigio de los principales premios del cine español lo agradecería.

De Compostela a Ierushalaim – * Socio de AGAI-Asociación Galega de Amizade con Israel

 

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