2 septiembre, 2021

Asia Central y el temor al efecto dominó islamista

Asia Central encara un dilema: ve con buenos ojos la llegada al poder de los talibanes y la salida de las tropas estadounidenses, ante la perspectiva de una lluvia de inversiones procedente de China.

Talibanes en un Humvee estadounidense en Kabul Foto: Voice of America News Dominio Público

Pero teme que el éxito de un emirato islámico provoque un peligroso efecto dominó en la región.

«Los talibanes no construirán una Alhambra en Kabul. Pero a China, Pakistán o Uzbekistán no les importa lo que pase en Afganistán, les dan igual los derechos humanos», comentó Danil Kislov, director de la agencia de noticias centroasiática Fergana.ru.

EEUU allanó el camino al anunciar su repliegue militar, pero el contubernio para posibilitar la caída del Gobierno de Kabul por intereses económicos se fraguó en los últimos meses entre las repúblicas centroasiáticas y Pakistán, testaferro de Pekín.

Además, a diferencia de 2001, cuando Rusia y China hicieron la vista gorda, ahora a nadie en la región se le pasa por la cabeza ceder su territorio para bombardear Afganistán.

CONTUBERNIO CON PAKISTÁN

La visita pasó desapercibida en Occidente, pero en julio pasado el primer ministro pakistaní, Imran Khan, asistió a una conferencia internacional en Uzbekistán.

«Fue allí, en Taskent, donde se dibujó el nuevo mapa y los corredores (comerciales y energéticos) que pasarán por Afganistán», explicó Khais Rahmanie, abogado nacido en Kabul en el seno de una familia de diplomáticos afganos que reside ahora en la capital uzbeka.

Según los analistas consultados, Pakistán logró en Taskent el acuerdo tácito de todos los países de la región, desde Uzbekistán a Irán o Turkmenistán, además de Turquía, Catar y Arabia Saudí, de que los talibanes eran la mejor opción para poner orden en el país vecino y llevar a cabo proyectos estratégicos con financiación china.

«Los uzbekos lo dijeron claramente. Queremos llegar al Índico (puerto de Gwadar) a través de Afganistán», señaló Kislov, que menciona el tendido de una vía férrea entre la ciudad afgana de Mazar-i-Sharif y la pakistaní de Peshawar.

El mensaje fue que con la OTAN y el Gobierno prooccidental de Ashraf Ghani, que también asistió al foro, «no había estabilidad».

INVERSIONES A COSTA DE LOS DDHH

«Todos a una abogaron por un Gobierno central que dé garantías a proyectos económicos y energéticos que atraigan inversiones y permitan el desarrollo de la región. Confiamos en que los talibanes hayan cambiado, que sean modernos y civilizados, decían», destacó Kislov.

Los uzbekos quieren exportar uranio, oro o algodón. Los turkmenos, gas. Los beneficios son el acceso a un mercado de 1.500 millones de consumidores en el sur de Asia y la posibilidad de exportar hidrocarburos a través del gasoducto TAPI hasta la India, explica Rahmanie.

China, que firmó un pacto de no agresión con los talibanes, es el país que maneja los hilos en la sombra. El objetivo es expandir su influencia política y económica a costa de EEUU, y penetrar en el mercado iraní, según los expertos.

«El vacío dejado por EEUU lo llenará China, que hará a cada pueblo de la región una oferta comercial», predice Rahmanie.

Los talibanes son una pieza más del gran proyecto de la Ruta de la Seda del siglo XXI, más conocido como «Un cinturón, un camino» (Belt and Road).

PELIGROSO PRECEDENTE ISLAMISTA

Pero el apoyo a los talibanes tiene sus riesgos. Tayikistán, que tiene más de 1.300 kilómetros de frontera con Afganistán, ya vivió una guerra civil en la que los islamistas apoyaron a los rebeldes y que dejó más de 100.000 muertos.

«Si los talibanes tienen éxito a la hora de crear un Estado islámico y logran el reconocimiento internacional, eso sería un peligroso ejemplo para los musulmanes radicales de Asia Central», advirtió Kislov.

Explica que en sus viajes por la región ha visto en Uzbekistán «muchos jóvenes radicales, con escasa educación y una mentalidad primitiva, que quieren vivir bajo la ley sharía» o ley islámica.

En la misma línea, el comentarista e historiador tayiko Nurali Davlatov cree que los talibanes crearán un Estado teocrático al estilo iraní que tendrá «un impacto negativo en los procesos políticos en todos los países musulmanes» y provocará «una activación» de los grupos extremistas.

«La ideología y los objetivos de los talibanes no han variado», dijo y aventuró limpiezas étnicas y castigos sumarios de soldados, miembros de las fuerzas de seguridad y de todo aquel que haya colaborado con EEUU y la OTAN.

En su opinión, «la estabilidad de la región dependerá de la relación de los talibanes con los grupos terroristas que cuentan con miembros de Asia Central y el Cáucaso ruso».

«Lo importante es que Afganistán no se convierta en un paraíso para los terroristas», subrayó. EFE

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