23 noviembre, 2021

Amistades y verdades

Debe reconocerse que las acciones de los primeros ministros de Israel y de su aparato diplomático han sido exitosas. Israel goza de una sólida posición internacional.

Atentado en Jerusalén – Foto: REUTERS/Ammar Awad

Elías Farache S.

Debe reconocerse que las acciones de los primeros ministros de Israel y de su aparato diplomático han sido exitosas. Israel goza de una sólida posición internacional. Y ello no obstante las furiosas campañas en su contra como la del BDS, las condenas en las Naciones Unidas que terminan desprestigiando al organismo, las manipulaciones mediáticas y otras tantas cosas.

Los Acuerdos de Abraham y sus repercusiones en cuanto a la calidez de las relaciones establecidas dicen mucho de la constancia y perseverancia de Netanyahu y de la continuidad de su sucesor, Naftalí Bennet. En los últimos días, un par de eventos resultan de mucha importancia. La liberación y vuelta a casa de una pareja de turistas detenida en Turquía bajo la acusación inaudita de espionaje, demuestra buen manejo de las relaciones y las presiones. Pudo haberse constituido en un guion cinematográfico que nada tendría que envidiar a la famosa película de los 70, “Expreso de Medianoche”. La decisión del gobierno británico de proscribir a Hamás en cualquiera de sus versiones es también algo significativo. Aunque es una decisión de la Unión Europea que Gran Bretaña respetaba antes de su salida de allí, sigue siendo un paso de importancia. El presidente Isaac Herzog tiene una visita a Londres con una apretada agenda de encuentros.

La relación entre Israel y los Estados Unidos es buena. La política bi-partisana de Estados Unidos se ha visto algo disminuida luego de las presidencias de Obama y de Trump, pero no se duda que la administración Biden sí se puede llamar una administración amiga.

Cuando Bennett y ciento cuarenta delegados israelíes asistieron a la conferencia del Clima en Glasgow hace unas tres semanas, los encuentros con los dignatarios de los países presentes rebosaban cordialidad. Para los judíos y los israelíes, ver esta demostración de presencia y prestigio resulta edificante y agradable.

Sí. Israel pareciera que ha cosechado amistades. En virtud de sus adelantos científicos, de la admiración que genera su misma existencia y supervivencia. En reconocimiento a ese espíritu emprendedor que le ha permitido convertir desiertos en oasis.

A finales de noviembre, Estados Unidos intentará reactivar el acuerdo nuclear con Irán. Las informaciones de prensa dejan saber que la intención de Estados Unidos es muy clara y ha de insistir en ello. Incluso a sabiendas que ciertas concesiones serán consideradas atrevidas, para no decir peligrosas.

También estas últimas dos semanas hemos sido testigos de atentados en Jerusalén y Tel Aviv que cobran la vida de peatones víctimas de militantes o simpatizantes de Hamás. Se teme una escalada de estas acciones, y algunos advierten de un peligroso empoderamiento de elementos radicales que hacen vida en Israel.

El acuerdo nuclear con Irán es un asunto muy delicado para Israel. Sentirse amenazado es lo mínimo que puede ocurrir. Un país cuya población judía tiene la memoria fresca de sus antepasados muy cercanos asesinados en campos de concentración, no se toma las amenazas em broma. Ni tampoco es que Irán y sus voceros hacen gala de retórica vacía. Verbo encendido y acción van de la mano.

Los atentados en las calles de Israel son también un asunto serio. El pasado reciente nos enseña que esto debe atajarse a tiempo. De no hacerse, la escalada es viral y sangrienta.

Pero cuando estas verdades son dichas a sus amistades, estas últimas han de demostrar si esa amistad se traduce en lealtad y preocupación, no en advertencias ni condenas a la defensa propia, a los reclamos llenos de angustia.

Así están las cosas para Israel en estos días. Entre amistades delicadas y verdades desagradables, que ponen a prueba la lealtad de las amistades.

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