A 78 años de la «Noche de los cristales rotos»

17 noviembre, 2016

Isac Gliksberg
Montevideo

En la semana del 9 de noviembre pasado, los judíos de todo el mundo, acompañados de sus buenos amigos no judíos de las más diversas naciones, recordaron con emoción y con devoción, lo que fue denominado por los nazis como la “Kristal Nacht”, conocida en idioma español “la Noche de los Cristales Rotos”.
Fue el preludio de la Shoá lanzado en Austria y en Alemania
Las bárbaras dos noches que duró el trágico pogrom nazi no fueron fruto de una idea puntual casual sino que fue el resultado de un minucioso plan para llevarlo a cabo tanto en Alemania como en Austria, contra ambas comunidades judías.
El bárbaro pogrom tuvo dos días de duración, el día 9 y el día 10 de noviembre de 1938. Durante dos días y dos noches, se asesinó a cuanto judío pudo encontrarse, se quemaron sinagogas, se hizo hogueras con los libros religiosos judíos y varias decenas de judíos fueron transportados a los campos nazis de concentración, tras lo cual, fueron muriendo. Y todo ésto, por el mero hecho de ser judíos.
En esos dos días y dos noches, más de 250 sinagogas fueron incendiadas sin que los bomberos de Alemania y de Austria reaccionaran para nada, más de siete mil comercios de judíos fueron saqueados vandálicamente y destrozados, y los hospitales, escuelas y hogares judíos fueron saqueados en tanto que la Policía y las Brigadas de Bomberos se mantenían en sus cuarteles.
Tras la “Noche de los Cristales Rotos”, para los niños y los adolescentes judíos de Alemania y de Austria, la vida se tornó mucho peor.
Los niños judíos de ambos países eran ahora expulsados de las escuelas públicas tras haberles sido prohibido entrar a los museos, a las piscinas de natación y a todo lugar público incluyendo los parques infantiles.
En Alemania, tanto los padres como los jóvenes judíos, fueron totalmente segregados de la vida laboral, estudiantil y social del país.
Esto fue motivo para que más de un padre judío se suicidara y la mayoría de las familias que pudieron hacerlo escaparon de Alemania y de Austria, hacia otros países de Europa y especialmente, para América.
Al mismo tiempo que esto estaba ocurriendo en el centro geográfico de Europa, el mundo occidental y principalmente, salvo alguna excepción notable, aquellas naciones que mantenían buenas relaciones con el régimen hitleriano, miraron para otro lado…
Fue ésta, para el nazismo, una prueba previo al estallido de lo que luego fue la Shoá, el Holocausto de un tercio de la población judía del planeta, ¡seis millones de judíos!
Alemania, que había perdido la Primera Guerra Mundial y que recibió fuertes sanciones por parte del Tratado de Versalles impuesto por los países vencedores en la Primera Guerra Mundial, abonaron de alguna manera el terreno para que el régimen de Hitler se sintiera con derecho a iniciar la Segunda Guerra Mundial arrasando con toda Europa.
En el período de entreguerras, el austríaco Hitler aparece en la escena política de Alemania con una fuerte propaganda antisemita que la derecha alemana y austríaca aprovechan a apoyar haciéndole acceder al gobierno de Alemania en el año 1933 para que seis años más tarde invadiera Polonia y dieron comienzo a la Segunda conflagración mundial.
Desde ese momento, la ideología nazi y el mundo mirando a un costado, sellaron la suerte del pueblo judío de Europa, en primer término.
Repasemos juntos cuáles fueron las fechas claves previas al 09 y 10 de noviembre de 1938 y que llevaron, de alguna manera, al desenlace de los bárbaros pogroms antisemitas en Alemania y en Austria de aquellos días y noches.
Unos 17.000 judíos de origen polaco son expulsados por Alemania el 28 de octubre de 1938 y forzados a cruzar el límite con Polonia, en tanto que el gobierno de este país niega a los judíos polacos ingresar a su territorio.
La gran mayoría de los expulsados quedan estacionados en «tierra de nadie» entre Alemania y Polonia, cercano a la localidad de Zbaszyn.
Los padres del judío polaco Herszl Grynszpan, que vivía entonces en Paris con 17 años de edad, se encuentran entre los judíos expulsados de Alemania.
Diez días más tarde, el 7 de noviembre de 1938, el joven judío polaco Herszl Grynszpan residente entonces en Paris, le dispara un balazo al diplomático adjunto de la Embajada de Alemania en Paris, Ernst von Rath, quien fallece dos días más tarde, habiendo actuado de este modo, aparentemente, por la angustia y la desesperación que le causó la situación de sus padres que habían quedado varados en «tierra de nadie» entre Alemania y Polonia.
El régimen nazi aprovecha este hecho para elevar el fervor contra los judíos, aduciendo que la actitud del joven Grynszpan no fue una actuación individual sino fruto de una conspiración de los judíos en contra de Alemania.
Cuarenta y ocho horas más tarde, el día 9 de noviembre de 1938, fallece el diplomático alemán Ernst von Rath y mientras los miembros del partido nazi están reunidos en la ciudad de Munich conmemorando el aniversario del putsch infructuoso de la cervecería de esa ciudad por parte de Hitler para tomar el Poder, ocurrido en el año 1923, el Ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels pronuncia un enfervorizado discurso netamente antisemita y él y las demás autoridades nazis allí presentes ordenan a las SA, las tropas de asalto nazis y a otras formaciones militares y paramilitares alemanas nazis a atacar ya, de inmediato, a los judíos, destrocen sus residencias y sus hogares, como asimismo sus comercios, sus escuelas y sus centros religiosos.
Este ataque violento contra la población judía se extiende hasta la mañana del día 10 de noviembre y es lo que desde entonces se conoce, con el nombre que le dieron los propios nazis de entonces, la “Kristal Nacht” es decir, “La Noche de los Cristales Rotos”.
¿Qué sucedió después del fatídico pogrom? El 12 de noviembre de 1938 el régimen hitleriano nazi aplica una multa de cuatrocientos millones de dólares a la colectividad judía de Alemania.
Los ciudadanos judíos de aquel país son obligados a reparar todo lo que ha sido roto y limpiar las casas, las veredas y las calles.
Se les aplica un Decreto gubernamental que les prohíbe a los judíos cobrar seguros por los daños que les fueron ocasionados, aún cuando tengan total derecho a ello y, por su lado, el gobierno se queda con los créditos de las aseguradoras que les correspondían a los judíos damnificados. Y finalmente, sistemáticamente, los pobladores judíos son excluidos de la vida social pública de la República de Alemania.
Y todo esto ocurre, ante el silencio y la ceguera del resto del mundo…
Siete años más tarde, el mundo supo que seis millones de judíos habían sido asesinados en forma planificada y tecnificada por los nazis, por el mero hecho de ser judíos, mientras el mundo calló y dejó que ello ocurriera…
Quien escribe estas líneas desde Montevideo, como le habrá ocurrido a muchos otros ciudadanos judíos nacidos en el continente americano, no conoció personalmente ni los rostros, ni las voces, de sus cuatro abuelos, de sus tíos ni de sus primos, de ninguno de ellos, porque perdieron sus ricas vidas en la Shoá, vaya a saber uno en qué lugares, en que forma y en qué circunstancias…
Lamentablemente, vemos hoy de qué modo está creciendo el antisemitismo en distintas partes del planeta. Inclusive, en la América Latina donde residimos, todavía.
No faltan en Europa, como en Medio Oriente o en América, quienes hoy, a 78 años de la Noche de los Cristales Rotos, niegan la existencia de la Shoá, el Holocausto judío…
Deseo cerrar esta crónica expresando con fuerza y firmeza: «¡NUNCA, NUNCA, NUNCA MÁS!»
Ni nosotros, ni nuestros jóvenes hijos, permitiremos que tal hecho vuelva a repetirse: ¡NUNCA MÁS! ■

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