Una mexicana enamorada de Israel – el blog de Karla Pineda

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Karla Pineda en Nazareth

Karla Pineda
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En mi último blog les contaba que estaba por descubrir el tan mencionado, leído, imaginado y platicado Río Jordán.

Cuántas historias de ese lugar desde mi niñez! Recuerdo imaginarlo y la hora de hacer contacto con ese lugar estaba por cumplirse. Mientras íbamos en el bus cantando, compartiendo experiencias, intercambiando un sin fin de fotos que ya teníamos de todos los lugares recorridos, al mismo tiempo nuestro guía llamado Moisés nos seguía contando la historia tan enriquecedora de Israel, nos ubicaba en un mapa en donde nos encontrábamos y mi corazón latía rápido de emoción.

Entrando al Río Jordán

Al fin llegamos a un lugar establecido para turistas que abarca un pedazo grande del Río Jordán donde te reciben con sonrisas. Entramos y realmente ver ese paisaje fue inolvidable – esa agua era cristalina, los peces saltando, árboles.. realmente era un paisaje digno de pintar. Entramos poco a poco ya que el agua estaba un poco fría y los peces mordían los pies y nosotros moríamos de risa del nervio de sentir esos enormes peces haciendo de las suyas. Al final, escuchar el testimonio de algunos amigos de viaje antes de hacer el ritual del bautizo fue muy conmovedor esto cada vez se ponía mejor y sobre todo más espiritual, más emocional y empezábamos a disfrutar mucho más cada lugar porque empezamos a entender y a ser más empáticos con la cultura, con la gente con sus usos y costumbres.

Terminamos muy emocionados de esta experiencia y teníamos un hambre feroz. La verdad es que habíamos tenido una muy buena experiencia con la comida. Uno de los lugares donde mejor habíamos comido fue en un restaurante de una familia de Drusos.

¿Qué son Drusos ? La misma pregunta me hacía yo. Jamás había oído ese término hasta que nuestro guía nos fue contando mientras entramos en un barrio druso. Nos explicó quienes eran, sus costumbres y un poco de sus creencias. Es una religión que poco se conoce ya que son secretas sus leyes o reglas. No sabíamos mucho de ellos pero si sabemos que su comida era deliciosa y eran personas muy amables y serviciales .

Saliendo del Río Jordán hicimos parada para comer un pollo frito, el imperdonable hummus  y por supuesto el postre siempre fruta – y qué fruta!

Pero la verdad es que ya estábamos contando los minutos para llegar a la hermosa Jerusalén!

Creo que era la manera más sublime de culminar nuestro día. Nuestro viaje se coronaba con la entrada a ese lugar tan santo, tan sagrado, tan apartado y elegido por Dios.

Íbamos en la carretera cantando de nuevo, alegres y ya impacientes por llegar. Así fue como ibamos por la carretera donde se veían casas de beduinos, uno que otro camello , algunos retenes militares que, lejos de provocarnos temor, nos daba mucha tranquilidad que se subiera al bus a revisar si todo estaba bien, siempre amables, sonrientes y guapos. Lo mismo hombres que mujeres soldados. Como les dije, en Israel el servido militar es obligatorio para ambos sexos, así que es muy común ver a una chica guapa portando uniforme militar.

Recorrimos algunos kilómetros y por fin hicimos la entrada triunfal a Jerusalén!

Recuerdo que el guía nos dijo: saliendo de este túnel en la carretera cuenten hasta 10 y volteen a su lado izquierdo y así fue. Después del 8,9,10.. wow! qué majestuoso y enigmático paisaje! Por fin ante mis ojos Jerusalén a todo color!

Mi sueño se culminó al entrar a esa ciudad, a esa tierra prometida. Nos dirigimos a un mirador donde pudimos apreciar toda la ciudad. Ahí hicimos un brindis con un jugo de uva que nos dió el guía y él de una manera tan particular nos dió la bienvenida.

Aún conservo el vasito de madera en el cual hicimos ese brindis. Oramos y creo que por fin pude sentir realmente que Dios había preparado todos esos días anteriores mi corazón para poder entender esos días.

Ahora entiendo también que a Jerusalén llega quien tiene un corazón listo, receptivo, preparado y dispuesto. Mi sueño se realizó. Ya estaba en tierra santa y yo estaba lista para vivir esos últimos días en ese país que tanto amor había sembrado en mi. Estaba lista para recorrer Jerusalén en búsqueda de las huellas del cielo.

Karla Pineda es publicista, conductora, cristiana y una figura conocida en México

Con la vista al Mar de Galilea

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