Trump: tiempos de cambio y confusión

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Jorge Iacobsohn
El mundo está aún conmocionado por el triunfo de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos. La prensa no para de opinar y de informar sobre la nueva situación e influir en ella más que nunca.
Trump vino a proponer una agenda política diferente para Estados Unidos y el mundo y también para Israel. Tres enfoques marcan su diferencia con la anterior administración demócrata de Barack Obama: combatir el Islam radical, restringir la inmigración, fomentar el proteccionismo económico y el aislamiento político (esto último simbolizado por su indiferencia ante los regímenes autoritarios, basada en el pretexto de no intervenir en asuntos ajenos).
Aunque todavía no ha tomado la cantidad de medidas suficientes como para vaticinar un cambio político radical, Trump parece con esto querer arreglar los errores cometidos por la anterior administración en un contexto de globalización económica que generó un proceso de desindustrialización y empobrecimiento de capas medias, la difusión del islamismo radical y violento entre los inmigrantes musulmanes en Europa y Estados Unidos, y el tradicional intervencionismo de la política norteamericana en el mundo.
Israel entra en la visión de Trump como aliado en la lucha contra el Islam radical, en especial el fomentado por Irán. En esa alianza, el presidente norteamericano espera que su país vuelva a apoyar a sus aliados saudíes, egipcios y del golfo, que sienten a Irán como una amenaza debido a que Obama con su acuerdo nuclear y el relajamiento de las sanciones económicas dio rienda suelta a las ambiciones imperialistas de la teocracia chiíta.
Este es un escenario que los más optimistas imaginan puede favorecer a la conformación de un bloque regional que permita a Israel realizar una paz realista y segura con los palestinos. Sin embargo, Trump aún debe consolidar la hegemonía en su país y en Europa, en donde las elites liberales sospechan de su figura y temen que pueda afectar el ordenamiento de intereses económicos y políticos vigente (la Unión Europea) y en donde los partidarios fervientes de Trump suelen ser la extrema derecha que sueña con un mundo de fronteras cerradas, proteccionismo, leyes discriminatorias hacia las minorías, la misma extrema derecha que se declara hoy amiga de Israel. Es temprano para afirmar que Trump comparte las ambiciones de la extrema derecha, y probablemente no lo hará. Pero mientras tanto su discurso ambiguo y las apasionadas divisiones políticas que genera -incluso entre la dirigencia de la comunidad judía en Estados Unidos- son un síntoma de que aún no está consolidando un liderazgo abarcativo.

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