Superpotencias  “aisladas”

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Vista de Jerusalén

Por. Segisfredo Infante

No soy experto en política exterior; ni mucho menos en relaciones internacionales de ningún país. Pero algo de conocimiento de los hechos concretos; una cierta visión filosófica de la “Historia” y un poco de sentido común de simple ciudadano de la calle, me inducen a reflexionar sobre los comportamientos de las grandes potencias del mundo, con unos movimientos pendulares, de flujos y reflujos, de avances y retiradas estratégicas (a veces tácticas), que conllevan y contienen la necesidad de la sabia prudencia; pero también del realismo incisivo en el análisis, y en la posible propuesta.

Sabemos que las naciones emergentes en las épocas modernas requieren de un tiempo indispensable, que puede ser de varias décadas, para la recomposición de sus circunstancias económicas, políticas e ideológicas, con miras a rebuscar los necesarios reordenamientos internos y el propósito vital de superar el caos de las fuerzas convergentes y divergentes de sus propias sociedades. Pero una vez alcanzadas las metas mínimas necesarias de reordenamiento interno, se busca la expansión económica y mucha prudencia militar hacia afuera. Bajo estas circunstancias especiales vemos aparecer, incluso en grandes países, fenómenos de autarquía económica recesiva, bajo rendimiento, bastante pobreza y fuertes tensiones políticas solapadas. Sin embargo, también es observable que una vez que se decide el expansionismo económico con un crecimiento acelerado, y vertiginoso, como el de Estados Unidos de finales del siglo diecinueve, o como el de China Popular a finales del siglo veinte y comienzos del veintiuno, explosionan positivamente mediante el ensanchamiento de los niveles de empleo y mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores (sobre todo de clase media), y de los empresarios por la vía de unas relaciones comerciales fuertes hacia los países vecinos o transcontinentales; y he aquí entonces que el aislacionismo internacional queda en el pasado en tanto que podría  convertirse en un fuerte obstáculo para el desarrollo y la sobrevivencia de los unos y de los otros. Aquellos que pasan a la ofensiva internacional sin ningún respaldo económico interno sostenible de largo plazo, se convierten en potencias provocadoras de conflictos militares, regionales y universales, con nombres y apellidos que por ahora deseo evitar.

A lo largo y ancho de las épocas hemos observado grandes potencias e imperios que han crecido y se han consolidado durante varios siglos. O que se han derrumbado casi de la noche a la mañana, como el vertiginoso y glorioso imperio helénico del genial Alejando Magno, por megalomanía extrema del personaje central, y por falta de sustentación interna, haya sido económica, política o militar. O simplemente por expansión fronteriza sin límites precisos, como en algunos momentos le ocurrió al mismo Imperio Romano. Empero, el caso de Roma debe ser estudiando una y otra vez. En primer lugar por sus experimentos republicanos originarios, y luego por sus aportes teóricos fundacionales en materia de “Derecho”, que según el formidable filósofo español Xavier Zubiri, es una de las grandes contribuciones de Roma al saber universal.

El gran problema devino cuando Roma se convirtió en un imperio y comenzaron los zigzagueos y los palos de ciego de algunos de sus emperadores prepotentes, vanidosos y excesivamente díscolos. Excepción sea hecha para dirigentes realmente equilibrados como César Octavio y el emperador filósofo Marco Aurelio. A mi juicio el Imperio Romano cayó por los suelos, en primera instancia, por haberse dividido en dos imperios (el de “Oriente” y el de “Occidente”), lo que se tradujo en un tremendo aislacionismo peligroso. Pero, sobre todo, por desdeñar y maltratar a sus vecinos, inclusive a sus aliados, y por causa del relajamiento pervertido de sus últimos emperadores, que permitieron el avance de las hordas barbáricas asoladoras del nor-este de Europa, que con el paso de los siglos se cristianizaron y se civilizaron, sobre todo los visigodos y los franco-germanos.

A pesar de todos sus defectos, un gran mérito poseyeron los romanos. Nunca fueron racistas. Casi siempre respetaron las costumbres de las provincias y de los otros pueblos tributarios. Exceptuando en los casos de Cartago y de las provincias de Judea y Galilea, en donde fueron despiadados al extremo con los cartagineses y judíos, respectivamente. Sobre todo el emperador Adriano, que se le pasó la mano con la destrucción “definitiva” de Jerusalén y con la expulsión de casi todos los judíos hacia la diáspora universal.

Algunos dirigentes de las superpotencias tienden a buscar las causas de sus graves problemas en los defectos de sus vecinos, amigos y aliados. No suelen mirar sus propios defectos. Por ejemplo, aparentemente, el fenómeno de las pandillas “modernas” asesinas comenzó en la ciudad de Nueva York, en el contexto de la Guerra de Secesión, entre migrantes irlandeses y los supuestos “nativos” norteamericanos. La famosa “Mara Salvatrucha” también surgió en algunas calles de Estados Unidos, por causa de la reciente “Guerra Fría” entre el Este y el Oeste, con el agravante que hoy ha sido exportada, dicha mara, hacia territorio centroamericano.

 

1 Comentario

  1. Sr. Sigisfredo
    La Mara salvatruchgaa nació en California, para defenderse de las gangas mexicanas, y de paso para delinquir.
    No diga chorradas si no sabe. Guerra entre este y oeste?
    Ric.

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