Siló: territorio de descubrimientos y alumbramientos – El blog de Lucy Cosme

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Lucy Cosme
Twitter: @lucycosme / Instagram: @lucycosmeth / Facebook: Pastora Lucy Cosme

Los milagros son semillas divinas que crecen en la tierra, producen algo que debe desarrollarse en el terreno de la hostilidad y la imposibilidad. Son capaces de germinar no solo en desiertos donde “nada” es la única posibilidad, sino en las rocas de la adversidad. Un milagro puede ocurrir a cualquier persona y en cualquier lugar, pero lo que lo patentiza es la fe.

David Ben Gurion dijo: “En Israel, para ser realistas, hay que creer en milagros” y soy de las que cree que las palabras se toman de quienes las dicen, pues en realidad Israel no es tan solo territorio de milagros, es un verdadero milagro!

En septiembre del 2014, tres días después de que finalizara la “Operación Margen Protector”, me encontraba estudiando en la escuela de liderazgo en Kfar Saba, junto a un interesante grupo de exitosos periodistas y comunicadores latinoamericanos.

Uno de ellos, Alejandro Villegas, colombiano, extra amable, profesional objetivo y de noble corazón se encontraba junto a mí en pleno entrenamiento en un lugar fascinante, Siló. Alejandro, compartía conmigo sus inquietudes espirituales cada vez que teníamos una oportunidad para charlar- En el grupo del cual hice referencia, nuestros compañeros tenían diferentes tipos de convicciones en materia de fe y en otros casos, la fe no les interesaba en lo absoluto. A todas luces éramos un grupo diverso, inquieto y muy divertido, pero que se compenetró muchísimo y logró dominar el difícil arte de disentir, respetándose y armonizando durante varias semanas de entrenamiento. Ya podrán deducir que los temas de fe y también los de religión encabezaban la lista de los tópicos principales de disensión.

Una mañana de septiembre que jamás olvidaré llegué a aquel lugar que hacía 16 años había capturado mi asombro. A la distancia de un recuerdo y a 45 kilómetros de Jerusalén, es el territorio donde nacen las doce tribus de Israel y donde estuvo el tabernáculo de reunión en los tiempos del Sacerdote Elí.

Foto: Hoshvilim [CC BY-SA 4.0 from Wikimedia Commons
En segundos sentí el impacto de mi primera visita, vi mis pies moverse entre miles y miles de restos de vasijas de barro llenando las colinas entre Judea y Samaria. Volví a escuchar los relatos de Oren, nuestro guía en aquella ocasión, recordé las imágenes de satélites que muestran el nombre de Dios escrito en hebreo, estampado entre las montañas.

De golpe la voz del instructor me trajo de vuelta, ahora estaba en una sala de cine modernísima viendo la historia del nacimiento del pueblo judío y la narrativa sobre Haná y el profeta Samuel. Solo pasaron 12 minutos y volvimos al presente, a la duda, a la rutina y al entrenamiento.

Nos movieron con rapidez al bus y una sensación extraña de que algo me faltaba se apoderó de mi, quería quedarme ahí un rato más, todo me invitaba a la reflexión profunda, pero ni modo, no podía demorar el grupo.

Durante el camino nuestro guía hablaba de los nuevos milagros que acontecían en Siló, pero parecía que nadie se interesaba en ello. Terminamos la escuela de liderazgo Mashav, regresamos a casa y nueve meses más tarde, pero a primera hora del día, nuestro querido hermano Alejandro anuncia en el chat de grupo algo extraordinario: “sorpresa, soy padre, debo confesarles que mi esposa y yo no podíamos concebir, y mientras estuvimos en Silo, estuve pidiendo al Dios de Israel que hiciera nuevamente el milagro de Haná, mi corazón oraba y creía mientras estábamos sumergidos en el entrenamiento, el resultado es Melissa. ¡Felicidades a todos los tíos de este chat!”.

Como imaginarán quedamos en shock, y también en modo fiesta. Alguien de nuestro grupo había experimentado un milagro en Siló, y como respuesta a una oración hecha exclusivamente al Dios de Israel, al Dios de Hana, de David, de Moisés, de Salomón y del pueblo judío. Tal vez no saldría en los diarios pero era evidente que no es un mito, lo hizo otra vez! y ocurrió en Silo.
Qué alumbramiento!

La materia prima de un milagro es la imposibilidad y el canal es la fe, de modo que un milagro siempre se producirá donde la impotencia del hombre se cruce con la omnipotencia divina.

Como imaginarán tan pronto pude viajé a Bogotá, Colombia, conocí a Melissa, y una vez más vi la complacencia divina dibujarse en su sonrisa, sentí su bondad y su ternura.  Mientras la abrazaba una frase recorrió mi pensamiento: “Cada ñino trae a este mundo la evidencia de que Dios aún confía en el hombre”. Pero Melissa Villegas nos trajo mucho más, nos entregó la evidencia de que los hombres necesitamos confiar en Dios en proporción a los cambios que este mundo necesita y a los retos que nos visitan, porque cuando los milagros no habitan nuestra realidad, tendremos una triste realidad.

Si no has conocido Siló, es posible que éste sea el año, y tal vez nos encontremos porque ya lo tengo en agenda.
Shaná Tová Emetuká!

Lucy Cosme es una amante de Israel, conferencista, pastora, coach, autora, comunicadora de radio y televisión, activista por Israel en América Latina y Directora de la organización benéfica Villa Bendición en República Dominicana por 22 años. 

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