¿Pueden los líderes nacionales ir en contra del asesoramiento profesional?

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Biniamin Netanyahu. Foto: Flickr

Los ciudadanos deben saber cómo se toman las decisiones del gobierno
Por mayor general (res.) Gershon Hacohen

Manifestación de Hezbollah
Manifestación de Hezbollah

Al tomar decisiones, el liderazgo nacional tiene no sólo la autoridad legal para ignorar las recomendaciones de los expertos, sino también una base conceptual sólida para hacerlo basándose en consideraciones más amplias que trascienden el conocimiento profesional.
La decisión del primer ministro Biniamín Netanyahu y del gabinete israelí al adoptar la recomendación policial de instalar detectores de metales en las puertas del Monte del Templo, tras el asesinato de dos agentes de la policía, provocó una ola de críticas de los medios de comunicación. Situación que ganó su punto cúlmine cuando los palestinos respondieron a esta decisión con violentas protestas.

Diputada Tzipi Livni
Diputada Tzipi Livni

La pregunta que se escuchó con mayor frecuencia fue cómo el Primer Ministro ignoró las advertencias del Shabak (Agencia de Seguridad de Israel) y del FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) sobre la colocación de los detectores. Parecía ser como si un contratista hubiese ignorado la recomendación del ingeniero sobre la cantidad de hierro necesario para la colada de un techo.
Es natural que los ciudadanos se preocupen y exijan saber cómo se toman las decisiones gubernamentales, esta es una cuestión básica en la gestión de los asuntos estatales, así como de las tensiones que generan la jerarquía política, que tiene autoridad legal para tomar decisiones, y la jerarquía profesional. La pregunta fundamental es en qué medida los líderes están obligados a efectivizar las recomendaciones de los asesores profesionales.

Amir Peretz
Amir Peretz

La diputada Tzipi Livni, comparó el hecho de que el gobierno ignorara las recomendaciones del Shabak a ignorar el consejo médico. Pero ¿qué se hace cuando la persona debe oponerse a las decisiones médicas?, aunque sea en casos relativamente simples, como ser, una hernia de disco; un médico opina que hay que intervenir y otro está en contra de esta operación. A veces, sin embargo, la vacilación tiene que ver con una gama de consideraciones mucho más allá del dominio claro de la ciencia médica.
Se descubre rápidamente que, si bien hay cuestiones técnicas que dependen totalmente de la autoridad de los expertos, al formular una decisión y gestionar los riesgos, no todo queda bajo la égida de los expertos. Cuando se trata de la gestión de la política en situaciones de conflicto, los líderes tienen un papel único en el que asumen la carga de la responsabilidad. Si no tuvieran que tomar decisiones que van más allá de lo que sus asesores profesionales recomiendan, se reducirían a poco más que a títeres de sus expertos. La historia israelí está plagada de pruebas de liderazgo y, en muchos casos, se tomaron decisiones que desafiaban la opinión de los expertos.

Segunda Guerra del Líbano
Segunda Guerra del Líbano

Fue David Ben Gurión quien una y otra vez subrayó que los expertos tenían experiencia en lo que ya había sucedido, no en lo que iba a suceder. Ya en abril de 1948, pocas semanas antes de que se proclamara el Estado de Israel, Ben Gurión informó a sus colegas políticos sobre las tensiones con los líderes militares respecto a la batalla por Jerusalén: “Se ha planteado la cuestión de dar a los expertos un papel en la gestión de la guerra. Aunque, en lo técnico, atenderemos sus consejos, no serán ellos quienes tendrán la última palabra sobre cada tema, sino los representantes civiles del pueblo. …” Las decisiones se toman no sólo sobre la base de dictámenes técnicos sobre cuestiones profesionales sino sobre la base de una evaluación global de las circunstancias del momento y del lugar, es decir, sobre la base de la evaluación diplomática, de la que es responsable el gobierno.
De hecho, cuando decidió concentrar el esfuerzo principal en Jerusalén, emitiendo una directiva “a cualquier precio” a los comandantes de la Operación Nahshon, Ben Gurión no tenía solamente consideraciones militares profesionales en mente. Como él explicó: “Si el país tiene un alma, Jerusalén es su alma. …Ese juramento, ‘si te olvido, oh Jerusalén’ nos obliga hoy como lo hizo en aquel entonces; de lo contrario no mereceremos ser llamados el pueblo de Israel”.

Tte. Gral. Dan Jalutz. Foto: Flickr
Tte. Gral. Dan Jalutz. Foto: Flickr

De manera similar, en la Segunda Guerra del Líbano (2006), la decisión sobre un ataque preventivo contra el lanzamiento de los cohetes de mediano alcance de Hezbollah fue hecha por el ministro de Defensa Amir Peretz contra la recomendación del jefe del Estado Mayor Dan Jalutz. En retrospectiva, fue incuestionablemente la decisión correcta del comienzo de la guerra; pero las consideraciones del Teniente General Dan Jalutz al no recomendar un ataque también fueron formuladas con la profesionalidad adecuada. Además, como parte de las deliberaciones, se consideró un plan detallado que había sido preparado por la fuerza aérea en los años anteriores a la guerra. Fue Dan Jalutz quien, como comandante de la Fuerza Aérea en su puesto anterior, había iniciado y guiado la planificación.
Después que el ministro de Defensa tomó su decisión, el plan fue llevado al gabinete y aprobado. Este es un ejemplo de dinámica adecuada entre el profesional y el político. El ministro de Defensa, al ejercer su autoridad más allá de la esfera del conocimiento profesional, ejemplificó cómo las decisiones de liderazgo toman en cuenta una gama completa de consideraciones.
Esencialmente, al menos desde un punto de vista legal, la cuestión es clara. En las sociedades democráticas, las direcciones políticas son elegidas por el público, y esa es la fuente de su autoridad para decidir y dirigir. Mientras que el escalón profesional debe aprovechar su experiencia para el proceso de toma de decisiones, no tiene la palabra final. Cuando todo está dicho y hecho, al tomar decisiones el liderazgo tiene la autoridad legal para ignorar las recomendaciones de expertos.
Se espera que los líderes nacionales se involucren en la gestión responsable del riesgo. Una ilusión moderna generalizada es la creencia de que la experiencia profesional y científica tiene un remedio para la ansiedad de confrontar lo desconocido. La persona moderna tiende a creer que los expertos adecuados tienen el poder de la previsión y, por lo tanto, pueden prepararse para lo inesperado. El problema es que hasta que uno realmente lleva a cabo medidas y ellas generan fricción, al igual que con la instalación de los detectores de metales en el Monte del Templo, no hay manera de medir el potencial de riesgo y oportunidades que surgirán en el curso de la adopción de las medidas.
De modo que, entretanto los expertos pueden advertir sobre los riesgos derivados de la fricción anticipada, es la prerrogativa, de hecho el deber, del gobierno de decidir cómo confrontar esa fricción y aprovechar al máximo su potencial estratégico. Esta es la prueba de los líderes, que toman la decisión concientes de entrar inclusive en el valle de las sombras, porque son ellos quienes asumen la responsabilidad final. Su pueblo y la historia los juzgarán por los resultados de sus acciones.
Fuente: Centro BESA.

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