Polonia judía: un retorno a raíces milenarias

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Vista general de la ciudad de Cracovia - Foto Wikipedia

Isac Gliksberg

Mi hijo Alejandro Gliksberg, residente con su familia en la ciudad de Rehovot, tuvo el gesto de obsequiarme, para mi cumpleaños, con un viaje, juntos el y yo, a la República de Polonia.

Pero lo más interesente de este obsequio es que fue un viaje expresamente programado por Alejandro para conocer la Polonia judía, la Polonia judía milenaria de sus abuelos y demás ancestros.

Llegamos, en los primeros días del corriente mes de diciembre, al Centro de la ciudad de Cracovia, a muy pocas cuadras del Barrio judío de esa milenaria ciudad.

Caminar, en las primeras horas de la noche cracoviana por las calles céntricas del barrio judío, algunas de ellas empedradas, fue sentir una sensación única y muy especial.

Allí se construyo, durante siglos y hasta la Segunda Guerra Mundial, una de las mayores comunidades y culturas judías, una vida plena de judaísmo religioso y laico, político y apolítico, nacional y universal.

Y allí, en el Centro judío de Cracovia en el barrio de Kazimierz, funcionó durante la Segunda Guerra Mundial el tristemente famoso Guetto de Cracovia, uno de los cinco mayores guettos creado por los nazis, y en el centro de Kazimierz funcionó la fabrica de Oskar Schindler que salvo a muchísimos judíos del guetto de una muerte segura.

Entre los sobrevivientes de ese maldito guetto, se encuentra el director de cine Roman Polanski que lo vivió siendo un niño y su prima, la niña del tapado rojo de la película La Lista de Schindler de Steven Spielberg. En las calles de Kazimierz fue donde Spielberg filmo su mundialmente famosa película sobre Schindler.

Pero allí vimos durante la fría noche, los pequeños comercios con nombres judíos, algunos escritos con letras hebreas, los restaurantes desbordados, y sentíamos, que el aire que respirábamos estaba colmado de vida y de cultura  judía.

A la siguiente fría mañana dominical, volvimos Alejandro y yo, a caminar por las calles de Kazimierz, como ya señalé, el barrio judío de Cracovia.

Al caminar por las milenarias callejuelas de ese barrio observamos que mucha gente ingresaba a una vieja construcción. Nos acercamos a la misma para ver de qué se trataba y era, ni más ni menos, que una sinagoga construida en el Siglo XVI.

Ingresamos, junto con los numerosos visitantes, a la planta baja de la construcción de tres niveles, en el cual funciona una amplísima librería de volúmenes, impresos y souvenirs exclusivamente judíos y en diferentes idiomas, principalmente, en polaco.

En esta Planta Baja de la referida sinagoga, que no pudimos visitar por hallarse propiamente en los pisos superiores, se llevan a cabo actos culturales relacionados con la historia y la vida judía en Cracovia, particularmente. Así estaba anunciada una próxima conferencia sobre las familias judías de Cracovia.

Estuvimos muy cerca del edificio donde funciono la fábrica de Oskar Schindler, actualmente abierta al público, pero no pudimos visitarlo por razones de tiempo.

Salimos de Cracovia con mi hijo con la sensación de que, en Cracovia, dejábamos un gran pedazo de la mejor historia del pueblo judío polaco y universal.

Marchamos hacia Majdanek, Auschwitz y Birkenau. Los tres Campos de concentración y exterminio, principalmente judío, más ignominiosos construidos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

No podré saber jamás en cual de esas fábricas de muerte humana dejaron sus ricas y preciosas vidas mis abuelos, mis tíos y mis primos como muchos miles de otros judíos.

Pero no encuentro suficientes y apropiadas palabras para expresar lo que allí pudimos ver junto a centenares, tal vez mas de un millar de personas, sobre todo jóvenes, que vinieron como nosotros, a presenciar el mas inhumano, horroroso y trágico emprendimiento que pudiera haberse construido para liquidar, masivamente, a todo un pueblo.

Mucho se ha escrito sobre Majdanek, Auschwitz y Birkenau y mucho mas se seguirá escribiendo sobre ellos. Pero nunca, creo yo, podrá terminarse de explicar, y de convencer, cómo pudo haberse llegado, sin que la humanidad supuestamente lo supiera, y lo impidiera, a tal grado de barbarie humana…

De más esta escribir que, tanto Alejandro como yo, nos fuimos deshechos de aquellos tres campos de terror.

Visitamos el Shtetl de mi padre, Wyszkow, y el Shtetl de mi madre, Goworowo, próximo al anterior.

Pisar la tierra y respirar el aire que pisaron y respiraron mis padres antes de emigrar hacia América del Sur, que pisaron mis abuelos, tíos y primos fue una experiencia única. Aquellos shtetlej ya no son hoy lo que fueron y encontramos en Wyszkow una dinámica y moderna localidad donde en su Biblioteca se sigue investigando, coleccionando todo tipo de material bibliográfico y se realizan actos sobre lo que fue, hasta la Guerra Mundial, el Wyszkow judío.

En este sentido, conocimos a Aneta Godles y a Miroslaw Powierza. Este ultimo dedicado dentro de la Biblioteca a todo lo que tiene que ver con el judaísmo en Wiezkow antes y después de la Segunda Guerra Mundial.

Nuestro ultimo día en Polonia lo pasamos visitando el Barrio Praga, barrio judío de Varsovia antes de la Guerra Mundial y culminamos nuestra visita a ese país colocando cada uno, mi hijo y yo, una vela encendida al pie del Monumento al Levantamiento del Guetto de Varsovia y recorrimos el sitio donde funcionó el guetto.

La emoción, el recogimiento y el orgullo que nos produjo estar frente mismo al referido Monumento y lo que allí pudimos ver, será motivo de otro artículo periodístico.

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