Parashat Vaetjanán – El casco o la vida

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Rab. Gustavo Surazki

Parashat Vaetjanán que leemos esta semana –además de enumerar los diez mandamientos- contiene uno de los pasajes centrales de la Torá y –probablemente- el más emblemático de toda la liturgia hebrea. Estoy hablando del “Shemá Israel” (Devarim 6, 4-9). En el sidur de oraciones, el Shemá Israel está dividido en tres secciones, dos de las cuales leeremos en las próximas dos semanas (véase Devarim 11, 13-21).

El “VeAhavta” (Amarás al Eterno, tu Dios) contiene valores neurálgicos de la Torá de Israel: El amor a Dios (“Y amarás al Eterno, tu Dios”). El cumplimiento de los preceptos (“Y estarán estas palabras que yo te ordeno hoy, sobre tu corazón”).

El estudio de la Torá y su transmisión a las generaciones venideras (“Y las enseñarás a tu hijos, y hablarás de ellas”). Los preceptos de Tefilín y Mezuzá (“Y las atarás por señal sobre tu mano y serán por frontales entre tus ojos y la escribirás sobre las jambas de tu casa…).

Nadie podría dudar de la centralidad de estos valores para la vida del pueblo judío. Sin embargo, si leemos la segunda sección del Shemá que leeremos en Parashat Ekev la semana que viene, veremos que ésta no trae grandes novedades. También allí se mencionará el amor a Dios (“para amar al Eterno, vuestro Dios, y servirlo con todo vuestro corazón).

El amor por los preceptos (“Y pondréis estas palabras mías sobre vuestro corazón”). La transmisión de la Torá (“y las enseñaréis a vustros hijos para hablar de ellas”). Los preceptos de tefilín y mezuzá: (“y las escribirás sobre las jambas de tu casa, y en tus portales”). El contenido de ambas secciones es en apariencia idéntico. Sin embargo existe entre ellas una diferencia crucial. La segunda sección hace hincapié en un concepto no aparece en la primera: la noción de recompensa y castigo (“si escuchar escucharéis…daré hierba en tu campo, para tus animales y comerás y te saciarás, cuidáos vosotros, que no se desvíe vuestro corazón…y se encenderá la cólera de Eterno en vosotros y cerrará los cielos”) .

Mientras que la primera sección nos ordena a cumplir las mitzvot motivados por el amor desinteresado a Dios, la segunda nos habla de un servicio que acarrea beneficios y perjuicios.

¿Para qué es necesario agregar esta segunda sección si ya se nos ha dicho que la Torá y los preceptos “son nuestra vida y la prolongación de nuestros días”? Traeré un ejemplo profano para abordar este interrogante. Un hombre que circula en motocicleta, debe usar casco en su cabeza.

Si le dijéramos: “Debes usar casco, pues este es tu vida y la prolongación de tus días”, tal vez nos escuche…pero, muy posiblemente, le resulte  una advertencia algo abstracta. Pero si le decimos: “Debes usar casco, ya que sino serás multado y tu motocicleta será confiscada”, nuestra advertencia encontrará más eco y, de seguro, será más eficiente.

¿Por qué la gente comenzó a abrocharse los cinturones de seguridad hace algunos años? En los años 70′, los autos en Argentina se fabricaban sin ningún sistema de seguridad en la cabina, y tampoco había consciencia de los riesgos que esto acarreaba. Sin embargo, hacia principios de los 80′ comenzó una nueva reglamentación que obligaba a cada auto a instalar cinturones bajo pena de onerosas multas. Originalmente, los automovilistas instalaron dichos sistemas, simplemente por el miedo a la sanción. Tomó muchos años comprender que los cinturones salvaban vidas (¡todavía queda gente que no se ha convencido!).

Posiblemente hoy vivamos un proceso similar con la prohibición de hablar por celular y envíar mensajes de texto durante el manejo. Todos saben la “teoría”. Sin embargo, la gran mayoría de las veces, cuidamos nuestras vidas en el camino, fundamentalmente por miedo al patrullero que se esconde detrás del árbol.

¿Acaso perder la vida no es un perjucio suficientemente serio? Ocurre que, a menudo, una advertencia menor y palpable (multa) es más efectiva que una advertencia infinitamente mayor y abstracta (muerte). Ese es el objetivo de la segunda sección del Shemá Israel. Una advertencia concreta que acentúa el tono de la Torá. El primer paso, a menudo, es la advertencia concreta que abre la puerta al cumplimiento de la norma por su razón suprema. Tal como dice el RaMbaM en su Mishné Torá (Hiljot Teshuvá  10, 1): No debe el hombre decir: Cumplo con los preceptos del Torá, y me ocupo de su sabiduría, con el fin de recibir las bendiciones allí escritas, o para ser merecedor de la vida en el mundo venidero; y me separo de las transgresiones prevenidas por la Torá, para salvarme de las maldiciones escritas en la Torá y para no ser arrancado de la vida en el mundo venidero. No corresponde servir a Dios de esta manera, porque el que sirve de esta forma, lo está haciendo desde el temor y éste no es el rango de los sabios y de los profetas. Y no sirven a Dios de esta forma sino el vulgo… a quienes se los educa para servir (a Dios) desde el temor, hasta tanto se incremente su saber y puedan servirlo desde el amor.

Simplemente porque decir “Ponte Casco Para Prolongar Tus Días” resulta cierto, pero no siempre funciona.

Gustavo Surazki – Rabino de la comunidad Netzach Israel de Ashkelon

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