Parashat Behar Kasher… pero apestoso

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Rab. Gustavo Surazski *

Me detuve hace unos días a estudiar el origen de la expresión hebrea Kasher Aval Masriaj (Kasher…pero apestoso).
Dicha expresión nace de un viejo chiste en idish.
En tiempos en que los pañales no eran descartables, una mujer cometió un error fatal y decidió lavar el pañal de su bebé en la olla de la sopa.
La mujer fue, entonces, a visitar a su Rabino a fin de pedir consejo: “¿Es la sopa kasher?”, le preguntó.
“Kasher es”, le respondió el Rabino. “¡Pero apesta!” (Kasher, aval masriaj!).
Dicha expresión describe desde entonces la conducta de aquel judío que actúa de acuerdo a la ley pero -al mismo tiempo- olvida el espíritu de la ley. Es lo que el RaMbaN (comentario a VaIkrá 19, 2) llama Naval BiReshut HaTorá (Un infame dentro de los confines de la Torá).
Existe en nuestra sección semanal un claro ejemplo de este concepto.
Enseña la Torá en Parashat BeHar:
“Y el varón cuando vendiere vivienda de ciudad murada, será su rescate hasta cumplirse el año de su venta; un año será su rescate. Y si no fuere rescatada hasta cumplirse en año entero, quedará la casa de la ciudad murada a perpetuidad para el comprador, por sus generaciones; no saldrá en el jubileo” (VaIkrá 25, 29-31).
Supongamos que un hombre necesita de dinero y decide vender su casa para cancelar una deuda. Según la legislación bíblica, dicho hombre conserva el derecho a adquirir nuevamente la propiedad -de manos de quien se la comprara- durante el año posterior a la operación original (a esto la Torá llama “rescatar”). Si no lo hiciere -al cabo del año- la casa pasará definitivamente a manos del comprador.
La lógica detrás de esta ley es clara. Tenemos aquí dos partes. Por un lado, quien vendió su propiedad, no porque quiso, sino por necesidad. Por el otro, quien comprara la casa. El uno se vio urgido a vender su casa; el otro compró la casa en buena ley y tiene derecho a saber que la casa será definitivamente suya.
Sin embargo la Torá, tomando en consideración la situación extraordinaria, estipula un plazo en la que dicha casa permanece en una especie de limbo legal. Le pertenece al comprador, pero el vendedor conserva el derecho a rescatarla durante el año posterior a la venta.
Sin embargo, como ocurre en muchos casos, fueron muchos los que comenzaron a violar el epíritu de la Ley.
La Mishná (Arajín 9, 4) nos trae un formidable ejemplo de la expresión Kasher Aval Masriaj.
La Torá sólo habla de un plazo de un año. No abunda en detalles. La Mishná nos cuenta que los compradores “desaparecían” de la escena como por arte de magia cuando se acercaba la fecha del rescate. Ocurría entonces que los vendedores, que habían logrado recuperar el dinero para “rescatar” la casa, llegaban hasta donde el comprador con el cheque en mano, y estos súbitamente se habían escondido.
Salían de vacaciones, no atendían el celular ni respondían WhatsApp…
Era entonces que el plazo se completaba, y la casa pasaba definitivamente a sus manos. Lo que hacían, era legal… pero violaba el espíritu de la ley. Kasher Aval Masriaj.
Quien vino a enmendar esta distorsión fue Hilel el anciano, que estableció una norma por la cual el vendedor estaba autorizado en el transcurso de dicho año a depositar la suma de rescate en el Tesoro del Beit HaMikdash, concediéndole este el derecho a retornar a su casa e -incluso- a romper a golpes la puerta de su casa en caso de que ésta se encuentre cerrada.
Dice el Rabino Mijael Graetz, al analizar este pasaje:
“La función de cada generación en el proceso halájico no sólo está limitada a considerar las transformaciones sociológicas que se generaron desde el nacimiento de la norma. También cabe considerar que los sistemas de valores son dinámicos; lo que para una generación puede ser “bueno”, para la otra puede ser “malo”. La aspiración del judaísmo es el Bien; sin embargo con el transcurso de las generaciones también puede cambiar la noción de lo “bueno” y lo “malo”. Y cuando este sistema de valores se altera, el sistema legal debiera reflejar dichos cambios”.
Porque siempre han habido infames seres que en nombre de la Torá, y dentro de sus confines, violan el espíritu de la Ley.
Es misión de cada generación ocuparse de que lo Kasher y lo apestoso nunca marchen de la mano.
* Rabino de la comunidad Netzach Israel – Ashkelon

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