Observaciones de Evtushenko

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Segisfredo Infante
En cierta ocasión Matías Funes h. (QEPD) me expresó que le encantaba cuando leía mis artículos que se referían a los pocos escritores rusos que conozco, especialmente de la época soviética, varios de los cuales fueron protegidos, maltratados, marginados, silenciados e incluso asesinados por la tiranía metódica de Iosif Stalin y de su grupo cerrado de ideólogos y de policías secretos despiadados, intrincados, distorsionadores de la historia y cobardes como Lavrenti Beria. Entre ellos siempre me he referido al gran poeta y novelista Boris Pasternak; al poeta y dramaturgo futurista Vladímir Mayakovski; y en forma reiterada he escrito varios textos insinuados o relacionados con el poeta Evgueni Evtushenko, con quien coincidimos en Jerusalén en 1993, con el inconveniente que las fronteras idiomáticas hacían difícil (no imposible) un mejor acercamiento.
Para ese entonces Evegueni Evtushenko era uno de mis poetas favoritos rusos, quien se había autobautizado como “poeta y ciudadano”, pues yo había leído casi toda su obra poética (en dos gruesos tomos) desde los tiempos de mi segunda juventud. Incluso había leído su “Autobiografía precoz”, publicada en una escapada del poeta soviético a París allá por los comienzos de la década del sesenta. La edición en mis manos correspondía al año 1969. Una de las cosas que más llamó mi atención sobre su autobiografía preliminar es que un muchacho que había nacido en julio de 1933 bajo el imperio de Stalin, del sovietismo y de todos los predicamentos escolares que se derivaban del estalinismo de la época, se enfrentaba en Moscú, y en cualquier otro lugar, a las políticas toscas (especialmente antisemitas) de los herederos de Iosif Stalin, que subsistían a pesar de la “desestalinización” comenzada por el inteligente, voluntarioso, versátil e imprudente Nikita Jruschov. Es inolvidable el poema de Evtushenko dedicado a “Los herederos de Stalin”.
Deseo rescatar algunas frases puntuales de la “Autobiografía precoz” de Evgueni Evtushenko. Veamos: 1) “La autobiografía de un poeta son sus poemas. El resto es sólo comentario”. 2) “Engañar le está prohibido. Si desdobla su personalidad (el hombre real por una parte y el hombre que se expresa por otra) se volverá inevitablemente estéril.” 3) “Hubo un tiempo, después de la Revolución, en que los poetas comunistas fundaron la asociación de la “cultura proletaria”, y, creyendo ingenuamente servir así a su ideal, al hablar decidieron servirse únicamente del “nosotros”. Utilizaron desesperadamente su talento para sofocar su propio método.” 4) “Los sucesores escribieron ya en primera persona del singular. Pero siguieron soportando el peso de ese gigantesco accesorio llamado “nosotros”. Si uno de ellos decía: “amo”, se escuchaba “amamos”, de tal modo estaban prisioneros de sus artificios.” Etc.
Al tratar de interpretar las palabras del joven Evtushenko (hoy un venerable anciano), es que los servidores del “arte proletario” proestalinista, del cual se burlaba el mismo V.I. Lenin, exigían que los escritores soviéticos escribieran los pronombres en plural. Era prohibitivo utilizar los pronombres singulares como “Yo”, “Mío”, “Tuyo” y otros por el estilo. La alteridad del “Otro” era inimaginable. Todo se reducía al mayestático “Nosotros”, “Vosotros” o “Ustedes”. Porque la frase conceptual de masa roja popular se imponía por encima de todo. Quizás por eso mismo el poeta Mayakovski, quien escribió un poema laudatorio titulado “Vladímir Ilich Lenin” (1924), cuya fotocopia me facilitó don Paulino Valladares nieto, al final tuvo que suicidarse de un pistoletazo bajo el gobierno de Stalin, quizás porque había publicado obras como “Yo mismo, colección de versos” (1913), y ya para las proximidades del suicidio había escrito o publicado una obra subjetivista, calificada de “idealista”, titulada “Hablando a plena voz” (1930). Los estalinistas más obsesos, o calculadores, no perdonaban casi nada. Lo extraño es que muchos siguen, hoy en día, hablando, escribiendo o comportándose como si fueran estalinistas de viejo o de nuevo cuños. Pero también subsisten, en el otro bando, súper-dogmáticos de la extrema derecha hiper-globalizante, como si las globalizaciones fueran un fenómeno nuevo del capitalismo mundial, que lleva más de cinco siglos de “Historia”. Pero en otro momento releeré, Dios mediante, con más calma y con más sentido crítico, la vieja “Autobiografía precoz” del poeta ruso Evgueni Evtushenko, cuyo nombre sería deformado por el hondureño promedio que se niega a aprender, acomplejadamente, nombres extraños.

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