Nadezhda Mandelstam: callar es delito

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Joseph Hodara
El trajín literario en los tiempos estalinistas levanta una y otra vez no pocas preguntas. ¿Por qué un dictador resuelve silenciar a novelistas y poetas cuando bien sabe que éstos apenas suscitan algún eco o interés en la población que su gobierno controla? ¿Contiene en verdad la matriz literaria recursos y armas capaces de provocar insurrección y protestas que, por su magnitud y resonancias, conducen al declive o a la caída de torcidos gobiernos? ¿O implica más bien que algunos políticos comparten la vanidosa ilusión de escritores que exageran el peso y las resonancias de lo que hacen?
La travesía y las memorias de Nadezhda Mandelstam son pertinentes cuando se busca alguna respuesta. En su libro Contra toda esperanza publicado en hebreo por Am Oved y en castellano por la editorial El Acantilado, Nadezhda ofrece un prolijo testimonio sobre la vida literaria en la Rusia estalinista de los años que precedieron a la II Guerra.  En la primera página de las más de 500 que el libro contiene, narra el evento que sustancialmente  trastornará su vida: el poeta Osip -su marido- propina pública bofetada al escritor Aléksei Tolstoi  por su humillante sumisión a Stalin; en consecuencia, Aléksei  lo denuncia y el castigo no tarda: Osip y Nadezhda son transportados -con severa vigilancia- a los Urales, muy lejos de Moscú y Leningrado, donde conocerán el frío y el hambre.
La causa inmediata del altercado es un poema que Osip había enhebrado para describir los tiempos estalinistas. Dice allí con clara voz: “vivimos sin sentir el país a nuestros pies…  Sus bigotes de cucaracha parecen reírse… Y sus dedos gordos son sangrientos gusanos… En torno a él: una chusma. “Para preservar estas líneas, Nadeshda las memoriza con el fin de que futuras generaciones las conozcan. Se trata de versos que describen no sólo al dictador del Kremlin; pintan a no pocos políticos de ayer y de hoy que aplastan el libre juego de imágenes e ideas.
En estas páginas, Nadiezhda recuerda prolijamente las figuras y los hechos que modelaron el clima literario ruso hasta la muerte del dictador. La versión en hebreo contiene múltiples notas de pie de página que ayudan al lector a identificar personajes y eventos.
Su vida y la de Osip cursaron líneas paralelas. Ambos crecieron en entornos familiares que lograron liberarse de las restricciones impuestas a los judíos en Europa oriental. Sin embargo, para injertarse sin escollos en la sociedad debieron adoptar formalmente la fe cristiana.
21josephOsip nació en Varsovia en 1891. Las luces de la modernidad ilustrada que parcialmente llegaron a Europa oriental alejaron a sus padres del judaísmo ortodoxo. El éxito comercial los condujo a la Rusia zarista con la esperanza de integrarse plenamente a una sociedad que pretendía acercarse a la cultura occidental. La familia se instaló en San Petersburgo, celebrada ciudad por sus museos y monumentos. Osip estudió en el distinguido Instituto Tennishev junto con un personaje que décadas después conocerá el escándalo y la celebridad: Vladimir Nabokov y su Lolita.
Como no pudo continuar estudios universitarios en Rusia por las restricciones impuestas a los judíos, Osip los complementó en Francia y Alemania, y, en contraste con Nabokov, resolvió retornar a Rusia.  Junto con la escritora Anna Ajmatova – fueron amantes durante algún tiempo- auspició una nueva corriente en la poesía que puso acento en la humana subjetividad. Inclinación opuesta a la de Mayakovsky quien en multitudinarias audiencias difundió versos que glorificaban las jornadas revolucionarias. Osip se inclinó por rimas personales que se publicaron en su primer libro, La Piedra, y en Cuadernos de Moscú más tarde, adhiriendo a la corriente denominada Acme que auspicia expresiones subjetivas, sin excesivos adornos metafóricos.
En 1919, en Kiev, conoció a Nadezhda, joven judía educada en un entorno de alta cultura (padre abogado y madre médica y pianista). A partir de este año hasta la trágica muerte de Osip, ella se inserta en los círculos literarios de Rusia sin adherir a la retórica bolchevique. Los rasgos de una sociedad totalitaria merecen su prolija atención: el diálogo en voz baja para eludir la atención policial, la prudencia en los contactos con vecinos y falsos amigos, y la imperativa necesidad de memorizar los poemas de Osip pues cualquier texto concitaba la atención y la censura policiales.
Su vida conoció un dramático giro al trascender el poema que ofendió personalmente a Stalin. Duro fue el castigo propinado a Osip: expulsión y trabajos forzados en Siberia. El cortante frío lo condujo a la muerte en diciembre 1938. Y desde entonces Nadezhda se vio obligada a transitar múltiples lugares para esquivar la atención policial; conoce el hambre y encuentra fragmentario sustento en pocos amigos. Y no deja de anotar episodios y reflexiones. Para ella, el silencio es pecado y delito.
El texto Contra toda esperanza vio la luz en los tiempos post-estalinistas y rápidamente se constituyó en una referencia indispensable para conocer y acaso explicar la vida literaria y política de Rusia en oscuros tiempos. Nadezhda cedió el manuscrito a la Universidad de Princeton tres años antes de su fallecimiento en 1980.

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