Moitos parabéns

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Así decimos los habitantes de este trozo de tierra europea, llamado Galicia, en nuestro propio idioma para felicitar a otro. Y viene al caso este reconocimiento porque Israel cumple setenta años como Estado moderno, aunque su existencia se remonta varios miles atrás.
Desde esta columna, donde hemos tratado de contrarrestar ese discurso mayoritario de enemistad hacia Israel, queremos aprovechar esta efemérides para proclamar por enésima vez nuestra simpatía y solidaridad hacia ese pequeño país, mágico donde los haya, y las gentes que en él habitan, hombres y mujeres de pasado familiar extraordinario y duro en la mayoría de los casos por muy diversas razones, los felicitamos efusivamente: Por construir una nación moderna y democrática. Por integrar personas llegadas de los cinco continentes y desarrollar una sociedad de ciudadanos con plenos derechos y libertades. Por la heterogeneidad y pluralidad que se observa a lo largo de su geografía, y también por las contradicciones entre su población que, a pesar de las tremendas diferencias de criterio, busca el consenso. Por recuperar una lengua perdida. Por enseñarnos técnicas agrícolas en terrenos inertes. Por la experiencia única de los kibutzim. Por los avances tecnológicos en los más diversos campos.
Por todos esos premios Nobel, de cuyo buen hacer el resto de la humanidad se beneficia. Por el coraje y valentía frente a aquellos que sólo anhelan aniquilar y destruir. Por no rendirse jamás ante la adversidad. Por levantarse una y mil veces.
Por amar y desear vivir en paz. Por esa increíble ciudad de Tel-Aviv.
Y también, justo y necesario es reconocerlo, a pesar de los errores y fallos que toda comunidad formada por seres humanos conlleva. Israel comete equivocaciones, porque no existe la perfección; ejemplo de ello es la reciente muerte de dies adolescentes arrastrados por el agua tras unas torrenciales lluvias que llevaron el caos al país, consecuencia de una falta de previsión y negligencia que a quiénes corresponda deberán dirimir responsabilidades.
Son setenta años. Estableciendo un símil con las personas, esa edad ya es época de jubilación y retiro por nuestras latitudes. Las fuerzas van menguando y las enfermedades y otros achaques apareciendo, si es que no lo habían hecho ya. Israel, por las razones consabidas, no se puede permitir ni un solo signo de debilidad. Sin motivos para la preocupación, al contrario, su aspecto suscita optimismo y no se atisban indicadores que hagan temer por su salud.
Ha sido un largo caminar, con enormes dificultades, este periplo marcado por la hostilidad árabe, con varios episodios bélicos y actos terroristas muy duros, pero las ganas de vivir del pueblo judío han podido contra toda adversidad.
Por todo ello y por mucho más –nos sobran los motivos-, felicidades al Estado de Israel y a sus habitantes por este aniversario. Setenta años han pasado desde que en aquella austera sala que tuve el honor de visitar, Ben Gurion y otros declararon la independencia. Porque se lo merece, moitos parabéns Israel. Mazal tov.
Pablo Veiga
Socio de AGAI (Asociación Galega de Amizade con Israel)

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