Margo Glantz: Ondulaciones de la sensualidad mexicana

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Joseph Hodara

La literatura escrita por mujeres tomó impulso en México en los años cincuenta del siglo ya transitado. Entre ellas: María Lombardo del Caso, Guadalupe Dueñas, Josefina Vicens, y, con viva presencia, Rosario Castellanos, escritora que representó a su país en Israel, y murió electrocutada en una fría noche en Tel Aviv. En la siguiente década aparecerán Elena Garro, Julieta Campos y Elena Poniatowaska, que ensayan insertar los temas de la femineidad en marcos sociales e históricos más amplios en abierta competencia con los escritores varones.
Margo Glantz, en particular, se afana en pasar revista al itinerario y a los temas que presidieron la pluma de las mujeres. Particularme en su libro Esguince de cintura, publicado en 1994. Texto que bien transparenta su particular formación y las peripecias académicas y literarias que la informaron.
Su padre – Jacobo Glantz – emigró a México desde Ucrania y bien pronto trabó íntimos y personales nexos con escritores y artistas, y entre ellos el pintor Diego Rivera. Circunstancias personales me condujeron a conocerle y a multiplicar el diálogo en el restaurante que, junto con su esposa, manejaba en la bulliciosa Zona Rosa, ciudad de México. Episodios de la historia judía y los dilemas que inquietaban a Israel alimentaban nuestros repetidos encuentros. Y su hija Margo, en calidad de asesora del Instituto México-Israel, me ayudó en su momento a descifrar algunas de las incógnitas del entorno nacional. Al cumplir ella en estos días 86 años le reitero mi gratitud.
Fue fecunda y variada la formación de Margo Glantz: estudios escolares en el colegio judío local y en las mejores escuelas secundarias; estudios literarios en universidades de México, Francia e Inglaterra, labores académicas en Estados Unidos y en su país de origen. Ricas y ramificadas experiencias que se tradujeron en múltiples premios y condecoraciones. Entre sus libros: Las genealogías (1981) dedicado a las primeras andanzas de su padre como emigrante, y Síndrome de naufragios, que vio la luz en 1984. Afán creador que se prolonga y enriquece hasta nuestros días.
La Malinche como figura y tema en la moderna literatura mexicana es una de sus preocupaciones. Se trata de “un mito surgido durante la Conquista”, que en rigor representa a una persona real: la indígena que amorosamente se entregó al conquistador Cortés (figura que México repudia) y que representa a un conjunto femenino: a las indias, fascinadas, violadas y seducidas por los españoles. Por su colaboración con Cortés, se perfilará odiosamente en la historia nacional como símbolo de engaño y traición. El término malinchismo se aplica hasta estos días a cualquier movimiento o persona que pervierte y traiciona el espíritu nacional.
Trátase de una imagen que califica y degrada- incluso en los tiempos que corren – a la mujer como un ser intrínsicamente inferior y malicioso. Criatura que en su primer contacto sexual “ se raja “, singular herida que, según apunta Octavio Paz, “jamás cicatriza”. Glantz se apega a esta caracterización al aludir a “ las hijas de la Malinche”, un tema que se repite en las biografías de no pocas escritoras mexicanas. Margo escribe: “ El característico sentimiento de traición, inseparable del malinchismo, surge en la infancia, época durante la cual las escritoras… fueron educadas por sus nanas indígenas “… en tensa rivalidad con las madres biológicas. La nana india es quien les enseña a hablar, les brimda consuelo, en contraste con el hostil mundo de los padres que favorece al varón. Rosario Castellanos y Elena Garro pondrán énfasis en estas circunstancias que hoy la moderna cultura mexicana pretende dislocar.
Y en este pretexto, Margo Glantz se pregunta si la insurrección juvenil y universitaria que se verificó en México en 1968 logró cambiar radicalmente la equívoca imagen de la mujer. Sugiere que tal viraje aún no ha ocurrido en plenitud. Y para fundamentar su tesis apunta al relato de Laura Esquivel, Como agua para chocolate (1989), que pinta a una niña tiranizada por la madre biológica y salvada por la cocinera que amorosamente la adopta y protege.
En suma: la preocupación por la formación y destino de la mujer mexicana, la represiva sexualidad que el varón parece imponerle, y la presencia de Eros en la cultura nacional son temas que inquietan hasta hoy a esta escritora judía-mexicana. Ineludible lectura. ■

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