Luz por luz y paz por paz ¡Janucá ha llegado!

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Janucá en Jerusalén. Foto Wikipedia

José Ignacio Rodríguez

En el plano natural y espiritual los Principios establecidos son inmutables, imperecederos e incontestables bajo cualquier punto de vista que se contemplen. En muy poco tiempo estaremos celebrando la Fiesta de la Luz, más conocida por Janucá, y ya nos conviene estar preparados para tan especial acontecimiento anual.

La historia de Janucá es conocida por todos aquellos que incluso no siendo judíos han percibido la importancia de unos hechos históricos que han marcado al Pueblo de Israel y a cuantos están en su círculo de relación cultural, emocional y espiritual. La Luz que permanecía encendida en el Templo de Jerusalem, bajo el exquisito cuidado de los sacerdotes, quiso ser apagada por el rey Antíoco que se autoproclamó el divino pasando a ser llamado Antíoco Epífanes. Las Lámparas del Templo fueron apagadas violentamente por tres años y el mundo se sumió en la más perversa oscuridad.

La luz es el elemento y soporte vital de la vida que percibimos tanto como natural y como espiritual. Una luz que ilumina la conciencia de aquellos que no están dispuestos a vivir en las cavernas de la oscuridad emocional, intelectual e insisto también en las cavernas de la espiritualidad. El concepto de espiritual es algo complejo de definir y se puede dar a fácil confusión lingüística. No todo lo que es espiritual está bajo la Luz, aquí con mayúsculas, que proviene del Cielo. En estos tiempos aledaños a Janucá se encienden muchas luces que nada tienen que ver con la verdad histórica y religiosa, que la festividad representa.

La confusión es mayor cuanto más se mezclan las cosas, en todos los ámbitos de la vida. Las luces están puestas como señales que iluminan el camino o guían en las oscuras noches tormentosas de los tiempos. Los faros a modo de esbeltos gigantes, en las costas marítimas, conducen a buen puerto a los sufridos navegantes. La luz es buena y guía, pero cuando una luz deslumbra los ojos nos ciega y nos puede conducir a la misma muerte.

La mezcla cultural y espiritual que pretendió Antíoco se basaba, en la destrucción del Judaísmo. Una mezcla conocida como asimilación que contaminó a muchos y que sigue contaminando a otros tantos en nuestros días. Las mezclas, sean las que sean, nunca fueron buenas y menos cuando se trata de conceptos y experiencias religiosas tan opuestas a las que el Judaísmo representa. La asimilación cultural y espiritual ha conducido a muchos a las ya mencionadas cavernas oscuras y a cauterizadas conciencias, que no perciben la luz verdadera.

La luz siempre producirá vida y esperanza. Una forma de fe que se concreta en un estilo de convivencia personal, familiar y nacional que Israel sigue manteniendo a pesar de los muchos Antíocos, personajes oscuros, que pretenden destruirla. Un Pueblo que ha luchado desde sus mismos inicios históricos con destructivos y poderosos enemigos a los que siempre ha vencido. El moderno Israel sigue celebrando la vida mientras que sus enemigos, sumergidos en oscuras y violentas posiciones, celebran la muerte.

Israel no va a cambiar luz por oscuridad, ni territorios por paz. Los perversos enemigos de Israel, vecinos furibundos impregnados de oscuridad, siguen intentando destruir y apagar la luz que guía a Israel, por los vericuetos históricos de los tiempos. En los más oscuros momentos de la mencionada historia, en la Alemania nazi, la Lampara de Janucá fue encendida y colocada en las ventanas. Las imágenes históricas de esos perversos momento nos dejan ver cómo en situaciones límites había valientes de fe, que desafiaban las tinieblas encendiendo la Luz de Janucá.

Luz por luz y paz por paz es el elemento distintivo de Israel, que no se va a plegar ni arrodillar ante las tinieblas del mal y su influencia. La generación que ha visto hecho realidad el sueño de un Estado Judío Independiente verá también el reconocimiento internacional de su Capital Indivisible Jerusalem. La lámpara de la fe sigue encendida en Israel iluminando a una humanidad deshumanizada, que vive y muere en la más completa oscuridad. El tiempo de dar luz ha llegado y la Lámpara de Janucá debe permanecer a la vista de cuantos sinceramente buscan transitar, por el camino de la vida, sin tropiezos. Encendamos la Lámpara de la Vida ¡Janucá ha llegado!

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