Los yazidíes, víctimas del genocidio jihadista

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Foto: Rache Unkovic Cémite de Rescate Internacional Wikipedia CC BY 2.0

Los yazidíes, una minoría religiosa cuyas raíces se remontan a 2.000 años antes de Cristo, conmemoran a las víctimas de uno de los primeros genocidios del siglo XXI reconocido por la ONU, perpetrado hace dos años por el Estado Islámico en el norte de Irak.

Al menos 5.000 hombres y niños fueron asesinados y más de 7.000 mujeres y niñas secuestradas por los jihadistas del Estado Islámico (EI) que arrasaron en la madrugada del 2 al 3 de agosto de 2014 la localidad de Sinyar, de la que huyeron otras 200.000 personas, mientras varios cientos o miles -se desconoce la cifra- murieron de hambre y sed al ser cercados en un monte cercano.

“Muchos de ellos siguen cautivos en Siria donde son sometidos a los más inimaginables horrores”, dijo la Comisión de investigación de Naciones Unidas sobre atrocidades el pasado 16 de junio, al considerar que el EI cometió “genocidio”, “múltiples” crímenes contra la Humanidad y crímenes de guerra contra los yazidíes.

La ONU calcula que 3.200 mujeres y niños yazidíes están aún cautivos del Estado Islámico, que utiliza a las mujeres como esclavas sexuales y adoctrina a los menores como militantes para usarlos en la guerra.

“Les suplico: eliminen por completo al Dáesh (acrónimo en árabe del Estado Islámico)”, había pedido seis meses antes ante el Consejo de Seguridad de la ONU la joven yazidí Nadia Murad, al relatar cómo fue secuestrada y violada por miembros del grupo terrorista.

Murad rememoró cómo los jihadistas mataron a la mayoría de los varones de su aldea, como la separaron de su familia en el norte iraquí y cómo la intercambiaron, junto a otras mujeres y niñas, para entregarla a distintos hombres.

La joven fue objeto de continuas violaciones, de malos tratos y de todo tipo de humillaciones hasta que logró escapar y, posteriormente, llegar como refugiada a Alemania.

Murad reclamó a la comunidad internacional que liberen a las mujeres y niños “que aún sufren bajo el yugo” del Estado Islámico y pidió a los gobiernos que cobijen a los yazidíes, que se ven obligados a huir de sus hogares y que, en muchos casos, están muriendo tratando de llegar a Europa.

La historia de Nadia es similar a la de Farida Khalaf, otra joven yazidí que se ha atrevido a contarla en un libro (The Girl Who Beat Isis: My Story): el asesinato de su padre y hermanos y su traslado desde Irak a la vecina Siria para ser vendida en el mercado de esclavas de Raqa, la “capital” del autoproclamado califato.

Nadia y Farida lograron escapar de las garras del Estado Islámico, como las casi 800 mujeres que, tras refugiarse en el campo de Duhok, en el Kurdistán iraquí, han recibido ayuda médica y psicológica en varios centros instalados en torno a ese campamento.

“790 mujeres yazidíes han sido tratadas en Duhok después de escapar o ser rescatadas de las manos del grupo, pero aún están traumatizadas”, dijo Hoshyar Musa, director del programa sanitario de la provincia kurda, a la agencia local BasNews.

Muchas de ellas, explicó Musa, han tenido que ser enviadas a Alemania, dada la gravedad de sus daños psicológicos tras meses de esclavitud sexual.

Todas ellas proceden de Sinyar y sus alrededores, donde la barbarie del Estado Islámico llegó allí a uno de puntos más extremos.

Las imágenes de las mujeres, ancianos y niños yazidíes huyendo a través del monte, donde muchos de ellos, acorralados por los jihadistas, murieron de hambre y sed, llevaron a EEUU a tomar la espinosa decisión de volver a intervenir militarmente en Irak, en esa ocasión con bombardeos al frente de una coalición internacional.

Dos años después, aún se desconoce la cifra de fallecidos en el monte Sinyar, donde murieron muchos niños y bebés, cuyos cadáveres quedaron abandonados a la intemperie en la desesperada huida de sus familiares.

De etnia kurda, la minoría religiosa yazidí, heredera del zoroastrismo persa y adoradora del fuego, lleva siglos sufriendo la opresión de otras religiones, que la consideran “adoradores del diablo”.

Entre sus creencias se encuentra la adoración al ángel caído, llamado Melek Taus, al que los yazidíes representan con la figura de un pavo real y que las principales religiones monoteístas, como el cristianismo o el islam, han vinculado con el diablo. EFE

 

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