Lograda farsa donde abunda el descontrol

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Por Henry Weich

C’est La Vie (Francia, 2017). Dirección y guión: Olivier Nakache, Eric Toledano. El título original es “El sentido de la fiesta”, pero por alguna razón han optado por “Así es la vida”, algo tal vez sea más pegadizo, menos tieso.

En todo caso se trata de una empresa de catering y producción de fiestas de casamiento de la que es propietario y dirige Max, encarnado por el veterano Jean-Pierre Bacri.

Se le presenta la preparación de una boda que es como un cuento de hadas y las cosas no se le hacen fáciles. En la primera escena de mucho humor vemos a Max conversando con una joven pareja a la que le parece que la oferta es demasiado cara, situación por la cual comienza un regateo, qué pasaría si las fotos no tuvieran un marco blanco y se sigue con la cantidad de platos, cubiertos, hasta que él les contrapropone que se haga en la oscuridad, que los platos y cubiertos sean de plástico y a la larga les aconseja que lo piensen.

La boda que actualmente está organizando es la de Pierre con Helena, que para la sorpresa de una persona del equipo, advierte que ha mantenido una relación previa.

El pragmático Max es opina que tienen que adaptarse y lo pone en uso a cada rato cuando las cosas se complican. Por lo pronto tenemos al cantante Etienne con su monstruoso ego que ha sido contratado a último momento en lugar del original que se tenía proyectado. Adele es la sub directora, bajo las órdenes de Max y lo que quiere es conseguirle un puesto a su torpe amigo Samy, falto de experiencia y de vocabulario limitado.

También hay un fotógrafo que parece más interesado en andar picoteando los surtidos que los camareros van pasando y las oportunidades que ofrece la geo-localización que para lo que lo han contratado.

El lugar de la boda es un castillo al estilo Versailles y los camareros servirán con el atuendo del siglo 17 o algo por el estilo, con pelucas incluidas. Max es el responsable, como nexo narrativo entre las diversos y abundantes tramas secundarios.

Los directores van acumulando calamidades que hay que sortear sin que los numerosos invitados se den cuenta de lo que está pasando entre bambalinas, por así decirlo.

Ellos tienen en su haber cinematográfico un éxito cómico de proporciones monstruosas como “Los inseparables”. Sorprendentemente en una comedia, la película expresa sentimientos de una manera delicada que se integra muy bien, en realidad llega a su apoteosis en la cima cómica del film.

La verdad es que hay mucho humor pero a veces pareciera que se les va un poco la mano. Bacri es excelente y es el único personaje estable en toda la parafernalia, algo notable cuando se trata de una farsa donde a veces abunda el pánico y el descontrol. Los directores manejan el numeroso elenco con notable destreza. ■

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