Las paradojas de Israel, Egipto y Gaza

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Comandos marinos de Haás en Gaza

Pablo Sklarevich

Israel no tiene intereses estratégicos en la Franja de Gaza, ni económicos ni políticos de ninguna clase. Tampoco tiene anhelos de reconquistar ese enclave costero, lo que le obligaría a gobernar a dos millones de personas con graves problemas de infraestructura, desocupación, terrorismo, etc.  Lo único que el Estado judío quiere es que haya calma en su frontera sur.

Los estrategas de Jerusalén tampoco están ansiosos por destinar recursos militares y económicos en una guerra contra Hamás en la Franja, cuando consideran que la mayor amenaza es el afianzamiento militar de Irán en Siria. Además, Hezbollah está trayendo de regreso sus tropas al Líbano desde Siria, donde han adquirido gran experiencia de combate.  Es allí, en la frontera norte donde las Fuerzas de Defensa de Israel desean poner su mayor atención.

El Gobierno nacionalista egipcio tampoco tiene amor por Hamás. Lo ve como el brazo palestino de los “odiados” Hermanos Musulmanes. Creen que a dónde van, los Hermanos Musulmanes traen a Al Qaeda, al Estado Islámico y a otros grupos extremistas radicales suníes. Además, están furiosos porque el contrabando de armas para los grupos armados de Gaza, les ha infectado el norte de la Península del Sinaí, debido a que parte del equipo bélico quedaba como moneda de pago en el lado egipcio de la frontera, al mismo tiempo que la ideología extremista los invadía desde la Franja.

Bajo el telón de fondo de graves dificultades económicas, la efervescencia radical islamista ha sido duramente reprimida por El Cairo. Pero un conflicto armado entre Israel y los palestinos pondría automáticamente a numerosos egipcios en las protestas callejeras, lo que implicaría una posible fuente de desestabilización. Es por eso que la Inteligencia Militar egipcia participa en todas las mediaciones para reducir las tensiones entre Jerusalén y Hamás.

No obstante, El Cairo tiene su corazoncito y quiere que al movimiento nacionalista Fatah, columna vertebral de la Autoridad Palestina (AP), controlando nuevamente la Franja. Incluso sin que Hamás entregue las armas como condición previa, algo que el presidente palestino Mahmoud Abbas no parece dispuesto a aceptar.

Tampoco los ministros israelíes están convencidos  de que la  AP deba volver a Gaza. La división entre Judea y Samaria (Cisjordania) y Gaza no solamente debilita a los palestinos. Es el temor que los funcionarios de la AP le tienen al poder militar de Hamás lo que les ha llevado a estrechar la colaboración de seguridad con las fuerzas de israelíes. Eso no quita, por supuesto, que traten de aprovechar cada oportunidad política y diplomática para deslegitimar a Israel.

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