La verdad de las ficciones: Jerzy Kosinski

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Joseph Hodara
Las religiones – como las ciencias – pretenden buscar la verdad suponiendo que existe algún vínculo razonable y razonado entre lo que postulan y la verdadera esencia a la cual rezan o sobre la que investigan. Sin embargo, apenas se considera que existe una distancia entre los términos del humano lenguaje y la realidad – cósmica o personal – que es imposible abreviar. En otras palabras, muy poco sabemos sobre la realidad – física, histórica o personal – y constantemente inventamos teorías y lenguajes para percibirla y comprenderla. Sólo los dogmas religiosos pretenden fugarse de la distancia acaso irreparable entre la humana percepción y el entorno físico y social. Para ellos, la Verdad ya es conocida y sólo cabe difundirla e imponerla. Y cualquier innovación es ilusoria, pecaminosa, y como tal merece el castigo aquí o el Infierno más allá.
Reflexiones que brotan al releer Desde el Jardín. Un breve relato que, convertido en exitosa película por Peter Sellers, enciende tanto el humor como la reflexión. Acaso como la propia biografía del autor. Kosinski, en efecto, es una figura repleta de enigmas. Nació en Lodz, Polonia, en 1933. Hijo de una familia judía que tendía a absorber la cultura europea por creerla abierta y tolerante. Se equivocaron. La invasión alemana al país los sorprende; sus padres – un profesor de lenguas clásicas y una celebrada pianista – son borrados de la vida, y el niño deambula como imaginado católico en las aldeas polacas.
Sólo dos de su ramificada familia sobrevivieron la opresión nazi. Contará sus peripecias en Pájaro pintado, libro que publicará en 1965 y que alude a sus experiencias personales y al Holocausto como trágico accidente histórico. El acceso a este libro fue delito en Polonia hasta 1989; desde entonces tiene difundida lectura.
Cursó estudios en ciencia política e historia en la Universidad de Lodz. En 1957 llegó a Estados Unidos, amplió sus estudios universitarios, y ejerció como presidente del PEN club norteamericano, institución que reúne hasta hoy a celebrados escritores. Desde entonces empieza a vocear múltiples y contradictorios relatos acerca de su pasado. Toma parte incluso en la película Rojos, de Warren Beatty. Como comunista personifica aquí a Zinoviev, uno de los líderes judíos de la revolución rusa.
En Desde el jardín (vio la luz en 1971), Kosinski presenta un juego dialéctico entre la humana inocencia de Chance y las engañosas convicciones de un entorno – desde BB, la mujer que anhela violar su inocencia a los ensoberbecidos líderes de la ONU, de Rusia y de Estados Unidos. Chance vive desde siempre en una mansión, sin identidad certificada, cultiva el jardín, prende y apaga la televisión que es su único vínculo con el mundo externo, y confía que el Anciano dueño de la casa jamás habrá de abandonarla. “Para Chance las calles no existían. Si bien nunca había abandonado la casa y su jardín, la vida que transcurría al otro lado del muro no lograba despertar su curiosidad…” Ni leer ni escribir le interesan. Y de pronto el Anciano muere, y él se refugia en el aparato televisor.
Despedido de la Mansión y de su jardín, Chance aborda la calle por vez primera, y en ella encuentra lo que ya conocía por la televisión. Un accidente crea el contacto con BB, la esposa de un celebrado millonario inclinado a morir. Su lenguaje es breve, ahorrativo, pero el entorno lo enriquece con imaginadas referencias. Le asigna a Chance una identidad e historia personal que es más una proyección tangible o sublimada de aquellos que lo rodean. Y así lo encumbran como si fuera un personaje distinguido, de amplio poder y facultades, que se oculta – por modesto – con breves discursos que la fantasía de los otros considera geniales. Así es invitado a celebradas redes de televisión, a los foros de la ONU, y, al cabo, se le considera candidato idóneo a la vicepresidencia de los Estados Unidos.
Incluso en su nuevo caserón, BB se enamora de Chance, empuja su cuerpo contra él, le besa, pero Chance pide abrir algún canal para distraerse. Y cuando BB insiste, él mueve su cuerpo según aprendió en alguna serie televisiva.
Así y aquí y en múltiples pasajes, ficción y realidad se confunden. No sin fundamento Luis Buñuel escribirá: “Quizás es el libro que más me ha impresionado.” Lectura obligada. ■

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