La Parashá de la Semana: Reé – Rabino Jonathan Sacks

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Foto: Mark Neyman / GPO

El no ser víctima
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En el proceso de hacer una serie de programas de la BBC sobre la moralidad
en el siglo XX, sentí la necesidad de viajar a Toronto para conversar con una persona
a la que no conocía, el psicólogo canadiense Jordan Peterson. Se había convertido
recientemente en figura intelectual emblemática para millones de jóvenes, como así
también objeto de crítica y abuso por parte de otros que deberían ser más sensatos.
(1) La vasta popularidad de sus podcasts – de largas horas de extensión e
intelectualmente formidables – indicaría haber estado expresando lo que mucha
gente sentía la necesidad de escuchar, y que otras voces contemporáneas no lograban
formular.

Durante nuestra conversación hubo un momento especialmente intenso.
Peterson estaba hablando de su hija Mijaila. Cuando tenía seis años de edad se
descubrió que padecía de artritis juvenil poliarticular idiopática. Treinta y siete de
sus articulaciones resultaron afectadas. Durante su niñez y adolescencia se tuvo que
hacer un reemplazo de cadera y luego, de tobillo. Tenía un dolor intenso e incesante.
Describiendo su martirio, la voz de Peterson se quebró y estuvo al borde de las
lágrimas. Luego dijo:

Una de las cosas que tuvimos mucho cuidado en manifestarle, y de lo cual
hablamos extensamente, fue que no se permitiera considerarse víctima. Y vaya
si tenía motivos para hacerlo… pero apenas se cae en esa modalidad de
sentirse víctima, van creciendo pensamientos de ira y venganza – y eso lleva a
una posición psicológica tan espantosa como la fisiológica. Y diría que lo más
meritorio, es que eso resultó en parte lo que le permitió salir de esa situación,
ya que pudo eventualmente averiguar cuál era su mal y superarlo en casi un
90%. Su condición es inestable, pero está mucho mejor por el hecho de que,
teniendo en cuenta su condición, no se permitió caer en una ira
existencial…En casos como este, la gente tiene toda la razón en sentirse
víctima. Sus vidas se caracterizan por el sufrimiento y la traición. Son
sentimientos que no se pueden erradicar. La cuestión es cuál es la actitud a
asumir ante esto – ira, rechazo, resentimiento, hostilidad, tendencia asesina? 
Esa es la historia de Caín y Abel, y no es buena. Conduce al infierno.

Apenas escuché esas palabras pude comprender qué fue lo que me condujo a conocer
a este hombre, ya que buena parte de mi vida ha estado consagrada a la misma
búsqueda, aunque en un contexto distinto. Me refiero a los sobrevivientes del
Holocausto que llegué a conocer. Fueron objeto de uno de los peores crímenes contra
la humanidad en toda la historia, y sin embargo no se consideraban víctimas. Los
sobrevivientes que conocí, dotados de un coraje casi sobrehumano, miraron hacia
adelante, construyeron nuevas vidas, se apoyaron mutuamente en lo emocional, y
luego, después de muchos años, contaron su historia, no con la intención de revivir
el pasado sino para educar a los jóvenes de hoy acerca de la importancia de asumir la
responsabilidad de un futuro más humano.

Pero cómo es posible esto? Cómo se puede ser víctima y no verse como tal sin
caer en la negación, olvido deliberado o expresión de deseo?La respuesta es que singularmente – y es por eso que somos Homo Sapiens – en
cualquier situación que se presente podemos mirar hacia atrás o hacia adelante.
Podemos preguntarnos “Por qué pasó esto?” que significa mirar hacia atrás
buscando la causa en el pasado. O podemos preguntar “Entonces, qué debo hacer?” o
sea, mirar hacia adelante, tratando de elaborar algún destino futuro a partir de ese
punto de partida.

Hay una diferencia sustancial entre las dos. No puedo cambiar nada del
pasado. Pero sí puedo cambiar el futuro. Mirando hacia atrás, me veo como objeto
sobre el cual actuaron fuerzas por fuera de mi control. Mirando hacia adelante, me
veo como sujeto, un ser moral que elige, que decide qué camino tomar desde aquí y
donde quiero eventualmente estar.

Ambas son formas legítimas de pensar, pero una lleva al resentimiento,
amargura, ira y deseo de venganza. La otra conduce al desafío, coraje, fuerza de
voluntad y autocontrol. Para mí, es lo que Mijaila Peterson y los sobrevivientes del
Holocausto representan: el triunfo de la elección sobre el destino.
Jordan Peterson arribó a su filosofía de vida a través de las batallas propias,
las del padre contra la depresión y la de su hija contra su condición física. Los judíos
lo hicieron a través de las enseñanzas transformadoras de vida de Moshé,
especialmente en el libro de Deuteronomio, representadas en los primeros versículos
de nuestra parashá.

Vean, estoy presentando hoy ante ustedes una bendición y una maldición: la 
bendición será si cumplen con los preceptos del Señor vuestro Dios que les
estoy dando hoy; y la maldición, si no cumplen con los preceptos del Señor
vuestro Dios, y se alejan del camino que les estoy ordenando hoy… (Deut. 11:26-28)

A lo largo de Deuteronomio, Moshé repite: no piensen que vuestro futuro será
determinado por fuerzas que van más allá de vuestro control. Ustedes están
rodeados de factores que no controlan, pero lo que cuenta es cómo eligen. Todo lo
demás dependerá de ello. Si eligen lo bueno, les pasarán cosas buenas. Si eligen lo
malo, eventualmente sufrirán. Malas elecciones generan malas sociedades, y con
ellas, con el tiempo, se pierde la libertad. Yo no puedo elegir por ustedes.

La elección, dice una y otra vez, es enteramente vuestra: tuya como individuo,
en segunda persona del singular, y vuestra como pueblo, en segunda persona del
plural. La resultante fue, notablemente, que los judíos no se sintieron como víctimas.
Y la figura clave en esto, muchos siglos después de Moshé, fue Jeremías. Él reiteró
que la fortaleza de un país no dependía de la fuerza de su ejército sino de la fuerza de
su sociedad. Hay justicia? Hay compasión? La gente está preocupada por el bienestar
de otros o solo del propio? Hay corrupción en los altos mandos?
Los líderes religiosos tienen en cuenta las falencias morales del pueblo y creen
que lo único que hay que hacer es seguir el ritual del Templo y todo andará bien, o
sea que Dios nos salvará de nuestros enemigos? Jeremías insistió, en pocas palabras,
en que Dios no nos salvará de nuestros enemigos hasta que nosotros no nos
salvemos de nuestros propios impulsos inferiores.

Cuando sobrevino el desastre – la destrucción del Templo – Jeremías proclamó
una de las afirmaciones más importantes de la historia. No vio la conquista de
Babilonia como una derrota de Israel y su Dios. Lo vio como una derrota de Israel
causada por su Dios. Y fue esto lo que rescató la esperanza. Dios está aún allí, decía,
vuelvan a Él y Él retornará a ustedes. No se consideren víctimas de los babilonios.
Defínanse como personas morales libres, capaces de elegir un futuro mejor.

Los judíos pagaron un elevado precio psicológico por concebir a la historia
como lo hicieron. “Debido a nuestros pecados fuimos exiliados de nuestra tierra,”
decimos repetidamente en nuestras plegarias. Nos negamos a definirnos como
víctimas de cualquier otro, sean los egipcios, asirios, babilonios, el destino, lo
inexorable de la historia, el pecado original, las pulsiones inconscientes, la evolución
ciega, el determinismo genético o la inevitable lucha por el poder. Nos culpamos a
nosotros mismos: “Debido a nuestros pecados.”

Es una carga de culpa muy pesada, insoportable, si no fuera por nuestra fe en
el perdón Divino. Pero la alternativa es más pesada aún, principalmente, asumir el
papel de víctima, no preguntándonos “Qué fue lo qué hicimos mal?” sino “Quién fue
el que nos hizo esto?”

“Vean, estoy poniendo ante ustedes una bendición y una maldición.” Ese fue el
mensaje reiterado de Moshé en el último mes de su vida. Siempre existe la elección.
Como dijo Viktor Frankl, aún en Auschwitz teníamos una libertad que no nos la
podían sacar: la libertad de elegir cómo responder. El papel de víctima nos lleva a un
pasado que no podemos modificar. La elección nos conduce a un futuro que sí
podemos cambiar, liberándonos de quedar cautivos de nuestro resentimiento, y
llamándonos a lo que Emmanuel Levinas llamó Difficile Liberté, “difícil libertad.”

Hay en realidad víctimas en este mundo y ninguno de nosotros debe
minimizar sus vivencias. Pero en muchos casos (admito que no en todos) lo más
importante es ayudarlos a recobrar su sentido de acción. Esto nunca es fácil, pero
es esencial para no sucumbir en la propia impotencia adquirida. Nadie debería
culpar a una víctima. Pero tampoco animar a que la víctima permanezca siéndolo.
Mijaila Peterson y los sobrevivientes del Holocausto requirieron un inmenso coraje
para elevarse sobre el papel de víctima, pero qué triunfo lograron para la libertad
humana, la dignidad y la responsabilidad. De ahí la idea transformadora: Nunca te
asumas como víctima. No puedes modificar el pasado, pero sí tu futuro. Siempre
existe una elección, y ejerciendo la fortaleza de elegir, podemos elevarnos por sobre
nuestro destino.

(1) El hecho de que ha sido acusado de ser antisemita me llena de vergüenza por los
que lo han hecho. Hay suficiente antisemitismo verdadero en el mundo de hoy
para qué nos enfoquemos en lo real, y no transformar en enemigo el que en
realidad es amigo.

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