Israel, el eterno retorno

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Foto Pixabay

Dra. Bejla Rubin

 

Nuestra relación con los judíos sólo puede ser la   

Guerra, la “yihad”, punto final.  Alí Belhadj 1989

 

Acabo de volver de Israel y es mi 6ta vez. ¿Otra vez ahí? es la pregunta que algunos me hacen. Otra vez, donde cada vez es otra.

Un país que se renueva constantemente, y en ésta oportunidad, tuve el honor y la alegría de estar en Jerusalén el 24 de mayo, en su 50 aniversario de la reconquista, en esa inolvidable Miljemet sheshet haiamim, la guerra de los seis días.

Ciudad mágica, iluminada, de oro, como recita la canción de Nomi Shemer. Ciudad milenaria, inolvidable, bíblica, nuestra. Esa que según el Salmo refiere: “si te olvidase Jerusalén, olvida mi diestra, adhiere mi lengua a mi paladar”, oh! mi Jerusalén eterna, cuna de David, grandeza de Salomón, reconstruida por Herodes, arrasada por Tito en el año 69 dC.

Amada Israel por qué no te recuperamos antes, por qué los ingleses no dejaron entrar a los pobres refugiados, huidos de la barbarie nazi,  refundada por Ben Gurión recién en mayo de 1948, a tres años de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Y haremos de las espadas arados, tierra de leche y miel, y dátiles también. Y el sueño de Golda Meir sigue en pie, pero sin realizar, que los árabes amen más a sus hijos en vez de odiar tanto a los nuestros. Ah, el odio, ese compañero infiel pues al que más daña es al que lo siente y lo padece. Le va envenenando paso a paso el alma. Lo va endureciendo, lo enceguece, lo mata poco a poco. Obnubila la mirada y endurece el corazón.

Entonces acontece otra vez la barbarie, la bestia dormida que clama por cobrar su presa, y ¿por qué?, ¿cual es su causa? Y al igual que durante el nazismo se impone la frase hier kein warum!, aquí no hay un por qué, sólo la voluntad ciega de matar, de unificar las creencias, de masificar los goces, y así como Hitler acuñó el dicho “si los judíos no hubieran existido, yo los hubiera inventado”. Es así como ahora el mundo necesita una nueva causa, una nueva víctima en quien volcar su odio, su frustración, y surge ya no el antisemitismo dado que los árabes son también semitas, sino la “judeofobia”, neologismo que denota el odio a lo judío, al sionismo, a Israel con su afán de empujarla al Mediterráneo.

Una acotación al margen, damos a saber que el término Antisemitismus fue introducido e impuesto en Alemania por el periodista socialista Wilhem Marr ( 1818-1904) a finales de la década de 1870 para designar el rechazo de los judíos y del judaísmo.

Los términos antisemítico y antisemitismo adquieren difusión en lengua francesa a principios de la década de 1880. Entonces, el huevo de la serpiente ya se estaba gestando para dar lugar en Francia lo que fuera el escándalo de fin del siglo XIX, el Affaire Dreyfus y luego en Alemania la gran estocada antisemita, única y sin precedentes como lo fuera el exterminio masivo de judíos por parte de Hitler y su política de dejar a Europa limpia de “sus judíos” con la excusa de establecer una raza de arios puros.

Pero hete aquí que esta nueva cruzada fundamentalista no finaliza con el odio y exterminio a los judíos, sino que su guerra santa arremete contra todo aquello que no sea islámico ni adhiera al Corán con el reconocimiento de Alá como su único Dios. Siendo ésta la misma política que empleó el nazismo, que de haber triunfado, no se habría de contentar tan sólo con sus judíos, gitanos, sino que seguían en la lista los eslavos, católicos, negros, homosexuales, en fin, todos aquellos que no cuadraran en la excusa de la medida y pureza aria.

¿Qué hacer con todo esto? No olvidar y tener una mirada advertida frente a las nuevas olas de populismo y nacionalismo con tendencias totalitarias.

Defender las instituciones democráticas, los derechos constitucionales y las decisiones hechas por una mayoría parlamentaria y no por un estado de excepción o de un poder neutro como aconteció con Hitler dado que ni bien asume como Canciller en enero de 1933, lo primero que hace de forma encubierta es mandar a quemar el Reichstag.

La responsabilidad de no olvidar es tanto de los unos como de los otros, nosotros los hijos de los sobrevivientes, los otros, los hijos de los padres pro-nazis, que deberán limpiar su nombre, siendo que el Holocausto se impone como la página más oscura de la Historia de occidente del siglo XX.

Y resta decir que en ninguna parte del mundo me sentí más segura que en mi extenso recorrido de Norte a Sur por el Estado de Israel, esta tierra que ha sido la patria de mis ancestros, la patria de los judíos, la patria que siempre nos espera.

2 Comentarios

  1. Buen texto, no obstante cabría precisar que el fundamentalismo islámico ha victimizado, y de qué manera, a las propias comunidades musulmanas y cristianas!