Israel celebra Sucot, la fiesta judía de la alegría

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Suca en Kfar Etzíon Foto: Zachi Evenor Flickr Wikimedia CC BY 2.0

Israel celebra Sucot, festividad conocida como de las Cabañas o los Tabernáculos, que arrancó el domingo con la puesta de sol y llevó a los judíos a salir a la calle con maderas, hojas de palma o adornos tradicionales para construir tiendas típicas de esta celebración de tono colorido.

“Sucot es la fiesta más alegre del año para el judaísmo. La idea que promueve es que para ser feliz no necesitamos cosas materiales”, comentó ayer Daniel Clastornik, judío de origen uruguayo tocado con una kipá, que vive en Israel desde hace cuatro años.

Para este editor de vídeo de 32 años, que se dirigía a comprar los productos típicos de la celebración cerca del céntrico mercado de Mahané Yehuda de Jerusalén, esta festividad simboliza que los judíos pueden ser “plenamente felices viviendo en una casita hecha con hojas de palmera”.

“En Sucot recordamos los cuarenta años que los judíos, según la Torá (Pentateuco), pasaron en el desierto tras liberarse de la esclavitud en Egipto, hasta que llegaron a la Tierra Prometida”, decía Clastornik, que agrega, “durante su periplo por el desierto, los judíos vivieron en cabañas (sucá, en hebreo)”, y ahora reconstruyen esas chozas, “estructuras temporales”, en las que viven, comen y rezan una semana cada año.

La idea de la fiesta, que comenzó ayer y termina después de siete días, es pasar el mayor tiempo posible dentro de la sucá, lo cual es un mandamiento y una bendición.

En su interior se debe desayunar, comer, cenar, merendar e incluso tomar el aperitivo, y en ella también se reciben a amigos y huéspedes.

Vered Shveka, una chica de 20 años que actualmente realiza el servicio militar, tiene un descanso de su actividad en el Ejército varios días de la próxima semana para celebrar Sucot, y hoy se reunirá con su familia en una cabaña que han construido cerca de su domicilio.

Según los historiadores, la Fiesta de los Tabernáculos, que se origina en las festividades agrarias de los antiguos hebreos, que agradecían a Dios la cosecha, se convirtió con el paso del tiempo en una de las tres Fiestas de Peregrinación del judaísmo, junto con Pesaj (Pascua) y Shavuot (Semanas), en las que los fieles llevaban al Templo de Jerusalén los productos tempranos de sus cosechas.

En el centro de la Ciudad Santa, el ambiente era ayer festivo, familias con niños paseaban por la calle, con música de fondo, exhibían las primeras cabañas, con judíos religiosos que comían pizza dentro de una sucá levantada por la multinacional estadounidense Pizza Hut, con su logotipo muy visible entre los plásticos que recubren la estructura rectangular.

Tradicionalmente, las cabañas se amueblan y ornamentan con decoraciones elaboradas por miembros de la familia que se guardan año tras otro, y se amplían con nuevas creaciones con el fin de crear un ambiente hogareño en el que hombres, mujeres y niños comparten los alimentos, pero luego solo los varones permanecen dentro de la choza para pasar la noche.

Los productos típicos de esta festividad, con los que se realizan oraciones concretas, son una hoja de palma (lulav), cidra o fruto cítrico similar al limón (etrog), rama de mirto (hadás) y hojas de sauce (aravot), que los clientes compran en quioscos y mercadillos levantados para la ocasión.

Liron Sror, judío ortodoxo de Jerusalén, examinaba minuciosamente, el domingo, el etrog, que debe ser lo más limpio posible y que concibe como elemento esencial para uso litúrgico, y pedía al vendedor de una parada que le cambie la fruta escogida por otra con una textura más suave.

“Dios nos dice que debemos tomar el etrog, está escrito en la Biblia, y seguimos lo que nos dicta”, explicaba en el mercado, rodeado de judíos ultra ortodoxos que se paseaban con decoraciones coloridas y ramos comprados de oferta al ser adquiridos a última hora.

Durante la semana de Sucot, la Policía israelí desplega un amplio dispositivo policial, con agentes y unidades especiales que patrullan con medidas estrictas áreas como la Ciudad Vieja de Jerusalén y la zona en torno al Muro Occidental o “Kotel Hamarabí” (conocido en el mundo gentil como el Muro de los Lamentos), donde acuden miles de fieles a rezar. EFE y Aurora

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