Hezbollah en América del Sur: la amenaza para las empresas

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Las empresas deben te­ner en cuenta una variedad de amenazas de Hezbollah cuando operen en América del Sur.

La principal de ellas es la corrupción, que Hezbollah explota y que también puede tener un impacto adverso en las operaciones comerciales.

El terrorismo, en cambio, es menos problema que el daño colateral de sus opera­ciones criminales.

Corrupción
Las empresas que se man­tienen honestas enfrentan una batalla cuesta arriba cuando compiten contra aquellos como Hezbollah que han to­mado una ventaja de los fun­cionarios corruptos.

La producción y exporta­ción de productos falsificados de Hezbollah incluye todo, desde anteojos Ray-Bans hasta CD y DVD, produc­tos farmacéuticos, productos electrónicos de Sony, inun­dando los mercados locales y socavando a los vendedores legítimos.

En ningún caso, por su­puesto, las empresas deben tratar de nivelar el campo de juego con sobornos, lo que podría generar severas san­ciones legales en los Estados Unidos.

Además, la administración de Trump ha dicho que va a tomar como prioridad apun­tar a la red criminal global de Hezbollah. Dado que Amé­rica del Sur es el centro más activo para la actividad de Hezbollah fuera de Medio Oriente, este sería un lugar lógico para comenzar la cam­paña.

Si bien es probable que Es­tados Unidos intente hacerlo, el momento y la eficacia de su represión siguen sin estar claros, y sus investigaciones y acciones podrían tardar me­ses o incluso años en comple­tarse.

Si bien Hezbollah podría realizar ataques contra los Estados Unidos, es poco pro­bable que lo haga.

Además, Washington debe contar con la cooperación de los gobiernos locales, que puede ser difícil de obtener. A diferencia de Estados Uni­dos, ninguno de estos países clasifica a Hezbollah como una organización terrorista, lo que obstaculiza los es­fuerzos para tomar medidas enérgicas en su contra. Ade­más, en Venezuela, el go­bierno ayuda activamente a Hezbollah, y la cooperación del grupo con organizaciones de delincuentes organizados y funcionarios corruptos en todo el continente le permite un alto grado de libertad en la región.

Aún así, las empresas de­ben ser conscientes de que es probable que Washington escudriñe más la región.

Una ofensiva estadouni­dense contra la actividad de Hezbollah podría afectar a las entidades en América del Sur y en otros lugares, inclui­das las empresas que venden una variedad de productos legales como cigarrillos, au­tomóviles usados, productos electrónicos y otros bienes a empresas vinculadas a Hez­bollah.

De hecho, muchas de las compañías que Hezbollah utiliza para el lavado de di­nero parecen ser empresas legítimas operadas por per­sonas normales y dedicadas a negocios con otras empresas legítimas en todo el mundo, como automóviles usados, un sector en el que Hezbollah está muy involucrado, desde Estados Unidos a África Oc­cidental.

Terrorismo y Crimen
Los ataques terroris­tas, por supuesto, también pueden causar daños colate­rales a las empresas.

Aunque Hezbollah no ha llevado a cabo un ataque en Sudamérica desde la déca­da de 1990, sus operativos han sido arrestados tan re­cientemente, como 2014, por planear ataques contra blancos judíos e israelíes en Perú. Pero a pesar de la mucha especulación sobre el tema, consideramos que Hezbollah usaría su base latinoamericana para lanzar un ataque contra los intere­ses de Estados Unidos.

Hezbollah entiende que un ataque importante a los intereses de Estados Unidos invitaría a una represalia directa contra el núcleo del grupo en Líbano, similar a la reacción estadounidense a Al Qaeda tras el 11 de septiembre.

Y como Israel ha demostra­do una y otra vez, Líbano es mucho más fácil de atacar que Afganistán. Cualquier ataque relacionado con sus redes financieras y logísticas en América del Sur también provocaría una ofensiva con­tra esas redes, reduciendo en gran medida su rentabilidad.

Con el escaso apoyo fi­nanciero sirio para Hezbol­lah y el apoyo iraní poten­cialmente en peligro debido a la situación financiera de Irán, sus redes sudamerica­nas son vitales para el biene­star financiero de Hezbollah. Entonces, si bien Hezbollah podría realizar ataques con­tra los Estados Unidos des­de Sudamérica, sería poco probable.

Las empresas en la región enfrentan un mayor riesgo de daños colaterales por los ataques o la violencia asociados con el tráfico de drogas. Aunque Hezbol­lah tiene un incentivo para controlar la violencia rela­cionada con las drogas por la misma razón que evita el terrorismo, -esto es, que la violencia provoca ac­ción oficial y la acción gu­bernamental es mala para los negocios- la violencia asociada con estas rutas y redes podría afectar nega­tivamente las operaciones e interrumpir las cadenas de suministro legítimas y colocar una amenaza a los empleados en el terreno.

El vacío de autoridad en el que operan los grupos de tráfico de drogas como Hezbollah también da a los delincuentes comunes espacio para operar, lo que representa una amenaza di­recta para las operaciones corporativas. Por ejemplo, Hezbollah está muy invo­lucrado en el robo de au­tomóviles en Brasil y Perú, que luego vende en sus op­eraciones de autos usados.

Fuente: Stratfor

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