Glenn Close en “La Esposa”

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Cine por Henry Weich

HA-ISHA (The wife, USA, 2017). Dirección: Bjorn Runge. Guión: Jane Anderson

El film empieza en 1992, Joe y Joan Castleman están en su casa en Connecticut tratando de dormir pero no lo logran, la razón por su agitación es que se le ha insinuado a Joe que posiblemente sea nominado para el Nobel de literatura y están ansiosos por el llamado de la mañana del comité confirmando que se lo han otorgado. Como van dando vueltas y jugueteando, la película va estableciendo la prolongada intimidad de una pareja casada hace muchos años con un pasado feliz. La llamada llega y efectivamente, Joe ha ganado el Nobel.

En una fiesta para celebrar la gran nueva, el agente del flamante Nobel les informa que una revista de consideración está dejando de lado una historia escandalosa sobre los Clinton para hacerle espacio a la noticia sobre Joe. La mención de Clinton, presidente, no es nada casual.

La estoica pero alerta Joan, es sobre todo la guardiana de la importancia de su marido, y no deja de pensar acerca de un candidato presidencial, una candidata para ser más precisos, que tuvo que librarse de los grilletes de la talla de su marido, no que decir de su ego. Es la idea de que si Hillary no hubiera hecho su propia carrera política, hubiera terminado siendo como Joan, papel secundario.

El cineasta incluye flashbacks para años atrás, mostrando a la joven Joan, estrella de su clase en la universidad en una clase de escritura creativa conducida por un brillante joven profesor y novelista, Joe Castleman. Admirado por su talento y su belleza, Joe la logra seducir, hay una relación y él deja a su esposa y bebé para casarse con ella. Joan deja de lado sus ambiciones cuando se da cuenta de que la escritura, básicamente en aquellos años sesenta era una cuestión de hombres y sobre todo percibe el peligro que implica su propio talento para el hombre que ama y cuya autoestima está lejos de andar por los cielos.

Mi mujer no es una escritora, si lo fuese yo padecería de un permanente bloqueo de escritura, le dice Joe a un grupo de admiradores que se han enterado del Nobel, mientras Joan está mirando de lado. El comentario molesta pero ella ha hecho aparentemente las paces con su rol en la vida que ha elegido. Ella es indispensable para su éxito, recordándole tomar sus pastillas, dónde ha puesto los anteojos e indicándole y aconsejándolo que hacer y con quién debe apretar los botones para asegurarse el éxito.

En el avión que los lleva a Estocolmo está el hijo, David, con aspiraciones de escritor y un periodista incisivo que está haciendo una investigación para escribir una biografía sobre el flamante ganador. El periodista ha descubierto una historia que Joan escribiera en la universidad, y la irritación de ella ante el sexismo inherente en los procedimientos, mientras a Joe lo invitan a charlar con intelectuales mientras a ella la embarca para ir a un spa o de compras, es algo que a la larga le dará a la historia una vuelta en una nueva dirección.

Toda esa expedición va acumulando un rescoldo de amarguras que estaban ocultas bajo la superficie de sociabilidad habitual. De alguna manera el film recuerda aquél de Haigh, 45 años, con sus descubrimientos. También aquí se avanza a un secreto que obviamente no será revelado, debajo de años de sufrimiento y frustraciones. Jonathan Pryce es el que encarna al novelista, buen actor, pero la que se lleva las palmas por su extraordinaria actuación es Glenn Close, gran intérprete, gran actuación con una variedad de matices que en realidad le dan vida a una película que por sí misma sería bastante regular.

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