El futuro de Siria oriental y los intereses de Israel

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Combatientes del SDF en Manbij Foto: Kurdishstruggle Kurdish YPG Fighters Flickr Wikimedia CC BY 2.0

Dr. Jonathan Spyer

La guerra entre el régimen de Assad en Siria y el levantamiento mayoritariamente sunita, que comenzó en marzo de 2011, se encuentra ahora en su etapa final. Los últimos enclaves rebeldes independientes, en partes de las provincias de Deraa y Quneitra, han dejado de existir. A partir de ahora, la rebelión permanece en dos partes del país. En ambas áreas, los rebeldes pueden mantenerse solo porque su presencia es apoyada por un poder exterior.

Las dos áreas son la base estadounidense en Al Tanf, y su zona circundante, y el área de control mantenida por los turcos que se extiende desde Jarabulus en la frontera turca-siria, hacia el oeste para incluir la zona de Afrin y luego al sur hasta la provincia de Idleb.

La existencia a medio o largo plazo de estos enclaves está lejos de estar asegurada. Pero en cualquier caso, representan una transición en la guerra civil en la que los combatientes rebeldes ya no persiguen un proyecto político propio. Se han convertido necesariamente en contratistas que trabajan para las potencias extranjeras con sus proyectos propios en Siria.

La situación refleja un cambio radical en la dinámica siria. El régimen de Assad ya no está bajo amenaza. Gracias a la asistencia iraní y rusa, su supervivencia está ahora garantizada. Sin embargo, sigue en posesión de solo el 60% del territorio de Siria. El área más grande ahora fuera del control del régimen es el 30% del país bajo el control de las Fuerzas Democráticas Sirias (SPD, por sus siglas en inglés) lideradas por los kurdos y apoyadas por Estados Unidos. La situación siria depende ahora en todos los frentes de las decisiones y las rivalidades de las potencias extranjeras, y no principalmente de los deseos de los sirios en todos lados. En el caso del 30% de Siria controlada por el SDF, su futuro depende de Estados Unidos.

Si EE.UU. opta pr abandonar el este de Siria, el SDF no tendrá otra opción que negociar su rendición con las autoridades en Damasco. De lo contrario, los dejará vulnerables al destino de sus camaradas en Afrin -la invasión de Turquía-, o el de los rebeldes en Ghouta, Deraa y Quneitra -violentas reocupaciones a manos del régimen/ Irán/Rusia-.

A fines de julio, viajé al enclave del SDF en el este de Siria, visité las ciudades de Raqqa, Manbij, Qamishli, Ein Issa y Kobani. La intención era medir el sentimiento entre los oficiales y la gente común con respecto a la situación actual en Siria, y en particular con respecto a la perspectiva del regreso del régimen.

Lo primero que sorprende al visitante de esta parte de Siria es la atmósfera relativamente pacífica y ordenada. Visité todas las partes de Siria durante la guerra (a excepción del área bajo control del Estado Islámico [ISIS]). Las áreas rebeldes siempre se caracterizaron por el caos. Su seguridad dependía de la autoridad del grupo rebelde en particular en el que usted estaba enquistado. En las áreas controladas por el régimen, uno es inmediatamente consciente de estar en un estado totalitario, en el cual el poder de las autoridades ha penetrado en todas las interacciones humanas y es imposible un diálogo directo y normal con extraños. Si bien el área controlada por SDF no es un paraíso democrático, la atmósfera es cualitativamente diferente.

Sin embargo, uno todavía tiene que tener cuidado. El régimen, en su forma visible, no ha desaparecido por completo de los espacios controlados por el SDF. En las ciudades de Qamishli y Hasakeh, las fuerzas de Assad están desplegadas en “plazas de seguridad”, es decir, áreas de control militar del régimen, que reciben suministros a través del aeropuerto militar, controlado por el régimen en Qamishli. Viajar al oeste de Qamishli requiere un recorrido cuidadoso atravesando la ciudad, para evitar estos enclaves. Los extranjeros que se han extraviado demasiado cerca de ellos han sido detenidos por los soldados de Assad, que han recuperado nuevamente la confianza en sí mismos en las últimas semanas.

El área controlada por el SDF parece más segura de lo que es. En Raqqa y Manbij, los consejos cívicos están funcionando, los puestos de control de la policía de seguridad kurda, o Asayish,, y el SDF son tan omnipresentes y eficientes como siempre. Pero debajo de la aparente normalidad, hay ansiedad. La pregunta en boca de todos es: ¿Se quedan los estadounidenses? No hay una respuesta fácil.

En marzo de 2018, el presidente Donald Trump prometió traer de regreso a las tropas estadounidenses dentro del año. Hay 2.000 efectivos declarados de las Fuerzas Especiales de EE.UU. en el área controlada por SDF. El número real es probablemente el doble. La declaración de Trump agrandó la sensación de inseguridad.

Los oficiales del SDF y sus contrapartes civiles en el Consejo Democrático Sirio (SDC) se mantienen, al menos para el consumo público, optimistas sobre la posibilidad de una presencia estadounidense a largo plazo para asegurar su enclave.

Aldar Khalil, uno de los principales funcionarios del enclave, dijo que “no es lógico que Estados Unidos se vaya inmediatamente o pronto”. Después del Estado Islámico (ISIS), EE.UU. luchará contra Irán. Y combatirá contra Irán dentro de Siria”.

Desde este punto de vista, el enclave del SDF, que surgió como parte de la guerra contra el Estado Islámico (ISIS), sería integrado en una estrategia emergente de EE.UU. para contener y hacer retroceder a los iraníes. “Muchos proyectos hay en Siria: el de los turcos, el de los rusos, el de los iraníes. Los estadounidenses nos consideran los menos peligrosos, los más moderados”, agregó Khalil.

Mustafa Bali, director de medios del SDF, estuvo de acuerdo: “Los intereses de Estados Unidos requieren de ellos que estén aquí”, expresó en una polvorienta base del SDF en la ciudad de Ein Issa. “Estados Unidos está preocupado por la media luna iraní” (es decir, el deseo de los iraníes de tener una línea de control contigua que se extienda desde la frontera entre Irak e Irán a través de Iraq, Siria y Líbano hasta el Mar Mediterráneo).

Y como Nuri Mahmoud, portavoz del SDF, señala: “Hemos estado en coalición con EE.UU. desde la batalla de Kobani. Ha habido especulaciones de los medios con respecto al retiro inminente. Putin también dijo una vez que sus fuerzas se marchaban, pero sucedió lo contrario. Siria es hoy un lugar de confrontación internacional, en el que todas las fuerzas buscan fortalecer a sus aliados en el terreno. Estados Unidos no abandonará Siria sin estabilidad sobre el terreno. Y no vemos evidencias de una retirada inminente”.

Estos sentimientos están en cierto modo respaldados por las últimas declaraciones de los funcionarios estadounidenses. El secretario de Defensa, James Mattis, dijo, a principios de junio, que “como las operaciones finalmente llegan a su fin, debemos evitar dejar un vacío en Siria que pueda ser explotado por el régimen de Assad o sus partidarios”.

Mientras tanto, un informe del Times de Londres del 27 de julio citó a “fuentes del Golfo” confirmando que el presidente Trump en su reunión con su homólogo ruso, Vladimir Putin, en Helsinki, dijo que las tropas estadounidenses permanecerán en Siria hasta que las fuerzas iraníes se retiren.

El artículo de The Times también señaló que el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, aseveró a la cadena ABC News que las fuerzas estadounidenses permanecerán “mientras la amenaza iraní continúe a lo largo del Oriente Medio Oriente”. Esto suena como un compromiso que debería brindar seguridad a los kurdos aliados de Washington.

Las acciones, sin embargo, son mejor guía que los sentimientos. Y parece que los líderes del SDF/SDC siguen siendo escépticos con respecto a los planes a largo plazo de EE. UU. La semana pasada, las primeras negociaciones directas tuvieron lugar entre sus representantes y los del régimen de Assad, en Damasco.

No está del todo claro hacia dónde se dirigen las cosas. Pero el interés de Israel en esto es claro. El mantenimiento del enclave de Siria oriental y la base en Al Tanf significan mantener un obstáculo físico sustancial contra la esperanza iraní de un “corredor” contiguo. También evitaría un triunfo iraní total en la guerra y le daría a Occidente un lugar en la mesa en cualquier negociación política sustantiva sobre el futuro de Siria.

Por lo tanto, Israel debe hacer oír su voz a través de todos los canales disponibles en Washington, tanto en el Poder Ejecutivo como en el Legislativo, en apoyo del mantenimiento del enclave del SDF en el este de Siria.

Específicamente, se deben realizar esfuerzos para garantizar una declaración formal de EE.UU. sobre una zona de exclusión aérea para el régimen y las aeronaves aliadas al régimen al este del Éufrates. Este movimiento, que recuerda a la zona de exclusión aérea declarada sobre el Kurdistán iraquí, después de la Guerra del Golfo de 1991, garantizaría de un solo golpe la viabilidad continua del área controlada por el SDF. También debería haber un reconocimiento formal de la zona del SDF, o “Federación Democrática del Norte del Siria”, como se la conoce formalmente. Esta entidad no busca la independencia de Damasco, por lo que las preocupaciones occidentales con respecto a una separación formal de Siria no necesitan aparecer  por tal movimiento.

A medida que la competencia estratégica entre Irán, y sus aliados, y EE.UU., y sus aliados, en Oriente Medio avanza a toda velocidad; es esencial que Occidente mantenga sus alianzas e inversiones, y se comporte y sea visto como un patrocinador creíble y un aliado leal. El este de Siria constituye actualmente un campo de pruebas para esto. En Qamishli, Kobani y otras zonas fuertemente defendidas, su gente espera la decisión de Occidente

Fuente: The Jerusalem Institute for Strategic Studies

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