El Estado Islámico desde la insurgencia al Califato

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Segunda foto: Al Raqqa. Tercera: Campo de refugiados yazidies

Por Uzi Rabi

En meses recientes, los logros de las fuerzas de la coalición que luchan contra el Estado Islámico (ISIS) en Irak y Siria, provocan una ola de comentarios acerca de lo que vendrá el “día después” en el período post-Estado Islámico.

Segunda foto: Alepo. Tercera: Ramadi
Segunda foto: Alepo. Tercera: Ramadi

En estos momentos hay 66 participantes en la coalición, entre ellos Afganistán, Albania, Alemania, Arabia Saudita, Australia, Austria, Bahrein, Bélgica, Bosnia – Herzegovina, Bulgaria, Canadá, Croacia, Chipre, Dinamarca, Egipto, Eslovaquia, Eslovenia, Emiratos Arabes Unidos, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Francia, Georgia, Grecia, Hungría, Iraq, Irlanda, Islandia, Italia, Japón, Jordania, Kosovo, Kuwait, Letonia, Líbano, Liga Árabe, Lituania, Luxemburgo, Macedonia, Malasia, Moldavia, Montenegro, Marruecos, Nueva Zelanda, Nigeria, Noruega, Omán, Países Bajos, Panamá, Polonia, Portugal, Qatar, Reino Unido, República Checa, República de Corea, Rumania, Serbia, Singapur, Somalia, Suecia, Taiwán, Túnez, Turquía, Ucrania, Unión Europea.
Estas discusiones se centraron en la viabilidad de reunir a Irak y la posibilidad de dividir a Siria en zonas autónomas federadas o, alternativamente, en la creación de zonas de influencia de las potencias internacionales y regionales que participan en la guerra de Siria. La coalición pregonó en demasía el éxito del uso de los homicidios selectivos para eliminar al alto mando del ISIS, por ejemplo: Abu Omar al-Shishani (nombre de guerra, nacido como: Tarkhan Tayumurazovich Batirashvili), ministro de guerra, reportado asesinado en julio del 2016, contribuyó a la creencia generalizada de que los días del Estado Islámico están contados. Sin embargo, bastó una serie de ataques terroristas mortales durante la celebración de Ramadan, para indicar que es prematuro designar el fin del Estado Islámico como una utopía.

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Segunda foto: Al Raqqa. Tercera: Campo de refugiados yazidies

Durante la mayor parte del 2016, el ISIS se mantuvo a la defensiva, los ataques aéreos frustraron la maquinaria de guerra del grupo terrorista y las fuerzas de la coalición terrestres pudieron detectar algunas de sus debilidades, atacando la reserva de mano de obra que tenía éxito en la lucha.
Los ataques aéreos también redujeron el espacio territorial bajo su control y dañaron su capacidad de gobernar, que eran las principales manifestaciones de su soberanía.

Las fuerzas de seguridad iraquíes (ISF) liberaron las ciudades de Ramadi, en enero de 2016 y en junio recobraron la ciudad de Faluya.
En el ínterin, las fuerzas del régimen sirio recapturaron Palmyra en marzo del 2016, fortaleciendo aún más la percepción de que el Estado Islámico está perdiendo terreno. Esta serie de victorias contra los principales bastiones del ISIS crearon la sensación de que la coalición estaba preparando el terreno para la derrota definitiva. Con esta meta seccionaron el paso de la ciudad siria de Raqqa hacia la frontera turca, la más valiosa línea de suministro y punto de tránsito par los combatientes extranjeros, podría servir para recapturar Raqqa y eventualmente conducir a la conquista de la ciudad más grande de Mosul, la segunda ciudad de Irak, situación que constituiría un golpe final para el ISIS y su líder Abu Bakr al-Baghdadi.
El Estado Islámico emergió en Irak como consecuencia de la invasión americana del 2003. Comenzó como parte de la lucha de Al Qaeda contra los Estados Unidos y el conflicto reinante entre los sunitas y los chiítas en Irak y más tarde se construyó sobre la debilidad crónica de los regímenes de Bagdad y Damasco.
La deslegitimación de los regímenes sirio e iraquí y el concomitante debilitamiento de sus fuerzas armadas proporcionaron al Estado Islámico una oportunidad de oro de la que se aprovecharon rápidamente. Gracias a los malos resultados de los militares iraquíes en Mosul en junio de 2014 y la molienda de la guerra entre el Ejército Árabe sirio y las fuerzas rebeldes en las ciudades centrales de Siria, una inmensa franja de territorio entre Bagdad y Damasco fue abandonada al Estado islámico.
Por ende, un nuevo entorno de seguridad emergió, no solamente en el Levante, sino a través de toda la región, obligando a los Estados como Arabia Saudita, Irán chií, y Turquía, las potencias internacionales y a numerosas comunidades -por ejemplo, los alauitas, drusos, kurdos y yazidies- a reevaluar sus políticas y acciones.

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Primera foto: Falluya. Segunda: Refugiados yazidies. Tercera: mujeres esclavizadas

El Estado Islámico, propio de una organización basada en el fervor religioso y la pureza ideológica, imprudentemente abrió varios frentes militares al mismo tiempo. Al desafiar a todos sus enemigos a la vez, pone en peligro su propia supervivencia a largo plazo. Sus portavoces y líderes son conscientes de la situación de deterioro a la que se enfrentan, la confirmación de esta toma de conciencia se puede encontrar en la propaganda de la organización.
Después de disfrutar del éxito en el campo de batalla durante gran parte del 2014 y a principios del 2015, el portavoz principal y director operativo el ISIS, Abu Mohammed al-Adnani, emitió una grabación el 21 de mayo 2016, describiendo al Califato bajo estado de sitio. Esta exposición fue reproducida en idioma árabe en el semanario al-Naba, quienes cuestionan el futuro de la organización.
Empero, en el campo de batalla, la guerra de la coalición contra el grupo terrorista sigue siendo un asunto fragmentado. El lento ritmo de avance de las fuerzas iraquíes, sirias y kurdas subraya el desafío el desafío de recuperar el territorio controlado por el ISIS. En cada batalla, la fuerza atacante se enfrenta a una resistencia poco concentrada del EI a los precisos ataques aéreos y cautelosas tácticas de contrainsurgencia. Pero no hay ninguna duda que las batallas para poder conquistar y recuperar Raqqa y Mosul será lenta y agotadora y puede exigir un alto precio a pagar por las fuerzas de la coalición, independientemente del resultado.
Seguramente, la conquista de la capital del Estado islámico no será la señal final del Estado Islámico de Irak y del Levante. Las fuerzas de la coalición no poseen suficiente mano de obra y recursos para mantener las vastas extensiones del desierto de Irak y Siria y no está claro qué tipo de sistema de gobierno e ideología tendría éxito entre las comunidades sunitas dispersas en estas áreas.
A finales del mismo mes un audio grabado de al-Adnani-, advirtió a los EE.UU. no cometer el error de pensar que la eliminación del líder del grupo o la pérdida del territorio anunciarían el fin del Estado Islámico. A sus ojos, retornar al desierto y renovar la insurgencia del ISIS contra sus “enemigos infieles”, cercanos y lejanos, constituirían una vuelta a sus raíces y permitiría renovarse a sí misma. Independientemente de si se trata de mera propaganda para los seguidores fanáticos de esta visión apocalíptica o un pronóstico realista, los acontecimientos en Egipto sugieren que debería ser tomado en serio. El ejército egipcio luchó para erradicar al Estado Islámico del Sinai, y sugieren que una campaña similar en los desiertos de Iraq y Siria sería prolongada y extremadamente difícil
La batalla para “liberar” Faluya reveló la dependencia de las ISF en las milicias chiítas, destacando el carácter étnico-sectario de la guerra contra el Estado Islámico. Las milicias chiítas asesinaron a los sunitas de Faluya y saquearon la ciudad, utilizando la operación para ajustar cuentas sectarias. En lugar de un paso positivo en el camino hacia la estabilización del Estado iraquí, fue un amargo recordatorio de que en la práctica el régimen iraquí, se basa en gran medida en su mayoría étnica-religiosa chiíta e identifica la parte sunita de su sociedad como un enemigo declarado.
La misma dinámica etno-sectaria se aplica a las victorias kurdas y a las fuerzas armadas árabes-sirias de Bashar al-Asad, alimentando y sosteniendo la animosidad kurda-árabe agregadas a la hostilidad entre sunitas y chiítas.
El Ta’ifiyah (sectarismo) es un elemento importante de la experiencia iraquí y siria, eclipsando las disputas políticas nacionales y socavando la solidaridad social en todo el Creciente Fértil *.
¿La pregunta clave ahora, es quien asumirá el control de “Sunistán”, las áreas sunitas que serán supuestamente liberados del control del Estado Islámico? En un Oriente Medio desgarrado por los conflictos y la inestabilidad, ¿es posible llegar a un acuerdo que divide el control territorial entre suníes y chiíes? Este reto se vuelve aún más grande con la ausencia de los recursos financieros para renovar ciudades en ruinas y reasentar a las personas desplazadas y sin una alternativa ideológica para suplantar las enseñanzas del Estado Islámico que han echado raíces entre muchos musulmanes sunitas.
El equilibrio asimétrico del poder entre las grandes y bien equipadas fuerzas de la coalición y las fuerzas guerrilleras más pequeñas del Estado Islámico plantea una importante paradoja estructural que a menudo no se menciona en las discusiones sobre la guerra contra el ISIS (Daesh): ¿Por qué las fuerzas de la vasta coalición superior no derrotaron al Estado Islámico en una ofensiva abrumadora y concentrada?.
Una parte de la respuesta es que para varios de los sectores involucrados en la guerra, derrocar al ISIS no fue nunca su prioridad principal, ya que intereses más vitales tomaron su lugar. Por ejemplo, Turquía estaba enfocado mayoritariamente en derrocar al régimen de Assad y conteniendo la autonomía kurda. Los sauditas estaban más interesados en evitar que Irán lograra la hegemonía de las orillas del Golfo Pérsico a las cuencas del Mar Mediterráneo. Rusia está más interesada en la recuperación de su influencia regional e internacional que en derrotar al Estado Islámico, en tanto que Estados Unidos parecía más interesado en limitar su directa participación en otra guerra del Medio Oriente.
En resumen: el Estado Islámico nunca fue la amenaza más grave para los actores regionales e internacionales que participan en esta guerra. Esta dinámica perpetúa las líneas del conflicto y aumenta el derramamiento de sangre.
Por otra parte, el Estado Islámico tuvo éxito en la creación de la imagen de su empresa de gran alcance que puede sembrar el terror y la ansiedad en los corazones de los enemigos de la región y del mundo. Sacó al salafismo del seminario y creó una identidad salafista-yihadista que se convirtió en una fuente de empoderamiento para jóvenes musulmanes enojados y alienados de todo el mundo.
Incluso si el ISIS se dirigiera hacia una derrota militar, su sistema de creencias ha echado raíces y será muy difícil borrarla por la fuerza del poder militar puramente. A medida que el Estado Islámico pierda su califato territorial, probablemente revertirá hacia sus comienzos como una insurgencia; y continuará su transición hacia un califato virtual que apoya e inspira a las redes terroristas salafistas-yihadistas en todo el mundo.
El Estado Islámico es un síntoma del colapso de los estados-nación terrritoriales de Siria e Irak. Las divisiones étnico-sectarias que se llevaron a cabo bajo el control de las instituciones del Estado explotaron cuando esas instituciones erosionaron, permitiendo al ISIS establecerse, levantar su bandera, romper sus fronteras (kasr al-hudud) y transformar las tensiones entre los sunitas y los chiítas en una guerra sectaria. Por lo tanto, lo que se necesita es una solución política global. Una que sea aceptable para todas las partes y una que pueda introducir una alternativa coherente y atractiva para ofrecer a los jóvenes frustrados una luz de esperanza. Mientras tanto, parece prematuro evaluar el legado del Estado Islámico; sus seguidores todavía proyectan una larga sombra en toda la región y más allá.

Uzi Rabi es el Director del Centro Moshé Dayán para Estudios del Medio Oriente y África (MDC) y “Senior Research Fellow” (principal miembro investigador) en el Centro de Estudios Alianza Iraníes, de la Universidad de Tel Aviv.

* El Creciente Fértil, también llamado “media luna fértil”, es una región histórica que se corresponde con parte de los territorios del Levante mediterráneo, la Mesopotamia y Persia. El término fue acuñado por el arqueólogo James Henry Breasted (Universidad de Chicago) por la forma de Luna creciente del área geográfica referida.
Lo bañan los ríos Nilo, Jordán, Tigris y Éufrates y ocuparía unos quinientos mil kilómetros cuadrados. La región comprendería desde el valle del Nilo y la orilla oriental del Mediterráneo hasta el norte del desierto de Siria y desde el norte de Arabia, toda la Mesopotamia hasta el golfo Pérsico. Territorios que pertenecen a los actuales países de Egipto, Israel, Cisjordania, la Franja de Gaza y Líbano, así como de partes del río Jordán, Siria, Irak, el sudeste de Turquía y el sudoeste de Irán.

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