Drama social: de Estambul a Gaza

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Tropas de Hamas en Gaza

Pablo Sklarevich

La desaparición del periodista saudita Jamal Khashoggi en un consulado de Arabia Saudita en Turquía, puede verse como el “disparador” de lo que el antropólogo británico VíctorTurner caracterizaba como un “drama social”. Parafraseando al “Hamlet” de Shakespeare se podría decir que ya no se puede ocultar que “algo está podrido” en la misión diplomática saudita en Estambul.

Turner caracterizaba a los dramas sociales como “un área de limitada transparencia” sobre la opaca superficie de la vida social donde se pueden observar en operación “los principios cruciales de la estructura social”.

El telón de fondo deja entrever claramente la división y la lucha de poder en el mundo sunita. Por un lado, el bloque conformado por Turquía, Qatar y los islamistas de Hamás, amalgamado de alguna forma por una visión ideológica afín a los Hermanos Musulmanes. Por el otro lado, Arabia Saudita, con aspiraciones de liderar al resto de los países del Golfo, y aliado de Egipto, Jordania y Mauritania.

Mientras tanto, la Administración Trump ha enviado al secretario de Estado, Mike Pompeo, a Riad con la intención de reparar o corregir la situación para que la crisis no se extienda a toda la volátil región.

En este contexto caótico y fraccionado del Oriente Medio es poco probable que la atención del mundo árabe sunita pueda enfocarse demasiado en los palestinos, sobre todo ante el espectro de la creciente amenaza iraní.

El fraccionamiento del mundo sunita en el seno de los palestinos ya afloró a mediados de 2007, cuando Hamás expulsó de Gaza, mediante una sangrienta batalla, al movimiento nacionalista Fatah, y los palestinos quedaron ideológica y territorialmente divididos entre un “Hamastán” en el enclave costero y el “Fatahland” en los territorios controlados por la Autoridad Palestina en Cisjordania.

La conquista de Gaza por parte de Hamas, que aparece como un hecho irreversible, está conduciendo a la Franja a una grave crisis humanitaria y complica aún más las remotas posibilidades de un arreglo (si es que existen) entre Israel y los palestinos.

El Gobierno de Jerusalén, más preocupado por el afianzamiento militar iraní más allá de su frontera norte, y ante el fracaso de la reconciliación de las facciones palestinas, parece dispuesto negociar con cada parte por separado; pero la Administración palestina de Ramallah busca vetar las negociaciones indirectas con Gaza cortando el presupuesto para la Franja y ahondando la crisis, que a su vez Hamás trata de canalizar por medio de violentas protestas sobre la frontera con Israel.

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