David Grossman: una propuesta a los jóvenes de hoy

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Acerca de su novela El viento amarillo
Magdalena Arqueros Valer
Roma
Se desplaza, con calma en busca del librero, su elección es óptima; se distingue en su rostro, el cual refleja su seguridad. Es joven, es una muchacha, quizás estudiante universitaria, de algún ateneo romano.
Su comodidad es lo primero, lo hace sentándose plácidamente en un sillón, en posición frontal al gran ventanal, quizás para visualizar su espejismo de la narración en los cristales, quizás para acaparar sensaciones y emociones. Al pasar cercano a ella, observo la interesante elección, siendo esta una novela, El Viento Amarillo de David Grossman. Se concentra, y al transcurrir los días la lectura la termina en la fecha.
El Viento Amarillo, es el desplazamiento de un relato de crónicas periodísticas sobre el conflicto Israelí – Palestino, ahonda, con un prólogo que seduce e interesa aun más al lector, especialmente parece ser dirigido a un público de jóvenes como ella.
No es un político, es un escritor, la propuesta es hacer visible lo que estuvo por tanto tiempo invisible para la existencia de un ciudadano hebreo como el narrador. Es el drama de su pueblo Israel y de los palestinos. Es tocar, palpar la realidad que nos rodea en un momento en que nos sentimos preparados para aproximarnos a ella, pasando de una dimensión no percibida, de la cual no nos habíamos percatado. Residiendo por años en Jerusalén, el autor un buen día se da cuenta de que no muy distante a su casa, existe Deheisha, campo de refugiados palestinos.
Un muro que se va construyendo hasta alzarse a seis metros como paradoja para el escritor que lo compara a la ciudad de Marco Polo de Italo Calvino y lo hace proseguir en su búsqueda por los espacios, sus pasos en dirección a Hebron. Con una realidad no vislumbrada, mas su decisión es captar, desplazándose por el árido territorio para aprender lo que nunca se había propuesto de analizar ni había pensado hacerlo, conocer sus vecinos.
En el prólogo escribe – no doy una solución, no soy político, soy un escritor -. Valioso es eso, el que narra realidades, porque a los jóvenes judíos y a los que no lo son, es algo realmente precioso el percatarse de los hechos colindantes, eventos que acontecen sin ser percibidos. El Viento Amarillo es una crónica periodística, que detalla y muestra la existencia cotidiana de un campo de refugiados palestinos y el territorio donde viven, y como viven. Lo impactante penetra en el corazón, son los episodios que asimilan y trasmiten los niños, que con ingenua sensatez responden a las preguntas que les hace el escritor.
David Grossman transmite confianza y serenidad para plantear las situaciones entre una tierra, entre sus habitantes, y en la búsqueda de una solución, o que el lector pueda arribar a ella con sabiduría y respeto. El Viento Amarillo es el viento que va en tantas direcciones, pero que a la vez llegará a detenerse con calma y serenidad placentera.
Analizar, conocer los palestinos, comenzando por las expresiones de los niños, de los jóvenes, de los ancianos, lo hace enriquecerse de esa experiencia que solo la puede dar el encuentro personal, el contacto con la gente, con sus habitudes, con sus costumbres que son simples. Son viajes, trayectorias, paisajes y esfumaturas que tocan al que escribe y lo vuelcan a advertir cómo a dos pasos las situaciones son diversas, incluyendo la falta de agua, y cómo una multitud vive a dos pasos de él.
Es la búsqueda, la ansia del autor de retomar el tiempo perdido para saber de esos vecinos palestinos tan cercanos a él y siendo a la vez tan lejanos.
Es interesante la posibilidad que Grossman otorga, la de deambular, y afluir a puntos adonde se pueda comprender los problemas, los hechos en la tierra misma, donde los jóvenes puedan dar una respuesta, ya las han dado los padres ahora son los hijos que deberán propiciarlas…
Al terminar de escribir El Viento Amarillo, Grossman, en el año 1987, estaba en el gobierno Itzjak Shamir, en ese momento comenzó la intifada.
– Me acerco y le pregunto a la joven si el libro le aportó algo a su vida, y ella me responde:
– Es triste y duro conocer realidades muy cercanas, pero a la vez, vivir con ellas y no comprenderlas es mucho más duro aún. Son los jóvenes que tienen la posibilidad, como lo fue en tiempos de juventud de Ben Gurión o Golda Meir y de tantos otros, el hecho de crear la esperanza y proponer respuestas. No desea muertes, no desea dolor, desea la razón de las conversaciones y de las opciones aptas para la paz.
La jovencita se detiene en sus pensamientos, considera que es parte de originar resultados para las generaciones futuras, especialmente para los pequeños. Es la paz que golpea a los grandes ventanales de la joven.
Y tú joven, ¿que piensas de El Viento Amarillo?

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