Cuando las piedras caen y las acciones bajan

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Elías Farache S.

El libre albedrío es uno de los temas más apasionantes del judaísmo. Cuestiona con vehemencia la lógica y su discusión misma es un asunto de fe.

Si a las personas que actúan correctamente, apegadas a la ética y siguiendo los
mandamientos del Creador les fuera siempre bien, y por el contrario, a quienes actúan
de mala manera y transgreden las leyes les fuera mal, entonces, todos actuaríamos
siguiendo las reglas.

De ser así, no habría libre albedrío, ni duda alguna. Y sería muy poco inteligente desobedecer los mandatos divinos para recibir castigos.

De allí viene la disyuntiva clásica “al justo le va mal, y al malvado le va bien…¿Cómo puede ser?”.

Sin embargo, existe también en la literatura rabínica el concepto de crimen y castigo, de recompensa a lo bien obrado. Y también señales que dan pistas acerca de actuaciones correctas o incorrectas.

En pleno siglo XXI, las personas sabemos demasiado. Y a veces creemos saber más de lo que podemos saber.

Los avances científicos, los adelantos tecnológicos, han colocado al género humano en una posición envidiable, pero también de alguna forma lo han hecho algo pedante. Hay quienes
aceptan sólo aquello que pueden comprender y cuestionan con impecables razonamientos,
conductas, y acciones también, la validez de ciertos mandamientos de la ley religiosa judía.

En los últimos días han sucedido un par de eventos curiosos. El primero fue la caída de una piedra el 11 de Av, un día después del ayuno del 9 de Av (que este año se hizo el 10 por caer en Shabat), del Muro de los Lamentos, justo en el sector que se disputa para ser concedido a la Sección igualitaria de Rezos, con objeto de satisfacer las demandas de judíos que no se apegan a la corriente del rito ortodoxo.

Nunca antes había pasado algo así. Una piedra que se cae del muro, un muro que ha soportado destrucciones, incendios y temblores. En un día muy señalado. En presencia de una mujer ortodoxa que rezaba a la hora temprana en la cual cayó la piedra. Sin lesionados.

Las piedras no hablan. Pero quizás dejan mensajes que son importantes. Tan obvios que hasta son desechados por su simplismo.

El segundo evento curioso fue las declaraciones del fundador de Facebook. Una empresa de vertiginoso crecimiento, innovadora y con una capitalización sorprendente.

En sus afirmaciones, políticamente correctas en apariencia, el mencionado personaje señaló que no censuraría en la red social a los comentaristas que negasen la Shoá, pues ello atenta contra la libertad de expresión. Un duro golpe para quienes luchan contra el negacionismo, y un más duro golpe para quienes fueron y son víctimas, directas e indirectas, del episodio más horrendo del cual tengamos conocimiento. Los judíos entre ellos.

Unos días más tarde algo también cayó. No fue una piedra de un muro. Fue el precio de las acciones de Facebook 20% en un día. La caída absoluta récord en la historia de Wall Street.

Igual que la piedra caída no hará tambalear el muro, por ahora, la caída de la acción aun dejó una robusta compañía… por el momento.

A veces nos llegan mensajes claros desde instancias más cercanas de lo que parecen.
Señales que de ser captadas quizás permitan hacer un examen de acción y conciencia que signifiquen una rectificación a tiempo. No siempre es crimen y castigo, buena acción y recompensa, o lo contrario que no se explica.
A veces, son simples llamados a reflexión, episodios curiosos que quizás contengan un mensaje el cual nos negamos a aceptar por razones que creemos válidas, hasta racionales.
Cuando las piedras pretenden hablar y las sorpresas de las finanzas dejan ciertos mensajes…. Es hora de chequear si nuestras acciones están en alza o cayendo como rocas (o acciones de bolsa) al vacío. ■

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