Con el verano encima

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Benito Roitman

El verano, el sofocante verano, está instalado en toda su majestad y es hora ya –para la mayor parte de la población- de ir haciendo arreglos sobre cómo y dónde tomar sus vacaciones. Porque habrá tensiones en las fronteras, y no se deja de insistirnos que vivimos –y seguiremos viviendo- bajo amenazas existenciales (por eso, o a pesar de eso, estamos ubicados en el octavo lugar entre los países más poderosos, según la revista U.S. News & World Report 2018)… pero las vacaciones tienen precedencia.

Y así lo entienden también los miembros de la Knéset, que ya han comenzado su receso estival (pero no sin antes dejarnos algunas perlas –o diamantes- en el camino). Así es como podremos reconfortarnos, en esas vacaciones, con la seguridad de que vivimos en un país que es ante todo judío (porque antes no lo sabíamos), y en donde podremos construir guettos legalmente, como acaba de aprobar la mencionada Knéset en la muy reciente Ley Básica del Estado Nación del Pueblo Judío, que también suprime el carácter de oficial del idioma árabe en Israel. Y nos podremos ir tranquiles de vacaciones, sabiendo que se acaba de aprobar una ley prohibiendo que participen en instituciones educativas en el país, movimientos como el de Romper el Silencio

Pero la Knéset ha continuado trabajando sin respiro en estos últimos tiempos; acaba de ampliar la disposición legal que autorizaba a parejas heterosexuales a utilizar los servicios de subrogación (madres sustitutas o de alquiler), otorgando esa autorización a madres solteras; pero negándolos a parejas homosexuales. Y a lo anterior cabe agregar –entre otras muestras de la actividad parlamentaria, como la eterna discusión sobre el enrolamiento de los jóvenes ultrareligiosos (haredim)- la aprobación de la reforma del sector eléctrico, votada asimismo al borde del receso estival del Parlamento de Israel.

Resulta interesante ver cómo se aprobaron varias de estas leyes. Por supuesto, en todos los casos se impuso la coalición de gobierno (aunque las frecuentes y penosas negociaciones -y las continuas amenazas de ir a elecciones anticipadas- constituyen una historia de por sí) pero los montos de votos a favor y en contra resultaron muy diferentes. La aprobación de la ley del Estado Nación para el Pueblo Judío fue la más numerosa: 62 a 55; le siguió la ley de Subrogación, con 59 votos contra 52; la ley Romper el Silencio obtuvo 43 contra 24, mientras que la ley de Reforma del Sector Eléctrico se aprobó con 44 votos a favor y sólo 4 en contra.

Ahora bien; tan interesante como la forma en que se votó cada una de estas leyes, es analizar cómo parece reaccionar la sociedad ante ellas. Podría pensarse, en vista de la forma en que se votó la ley del Estado Nación para el Pueblo Judío, que habría fuertes movilizaciones a favor y en contra de sus disposiciones, teniendo en cuenta en particular los debates previos extraparlamentarios (la participación del Presidente de Israel, Ruben Rivlin, denunciando algunas de las versiones de esta ley, es un testimonio de esos debates). Sin embargo, la sociedad ha preferido, aparentemente, movilizarse masivamente contra el actual texto de la ley de Subrogación, que excluye de ese derecho a las parejas homosexuales. A ello cabe agregar que la ley Rompiendo el Silencio, que no es sino una muestra de la forma en que se viene orientando al sistema educativo –y con él la formación de las nuevas generaciones, a las que se pretende dotar de anteojeras al combatir todo pensamiento crítico- no parece atraer demasiado la atención, y es así que menos de la mitad de los miembros de la oposición se tomó el trabajo de votar contra ella.

¿Y qué decir de la reforma-privatización  del sector eléctrico, que finalmente se ha logrado aprobar?  La alegría que transmitían los ministros de Hacienda y de Energía, miembros todos de la coalición de gobierno, sólo se compara a la que manifestaran el Presidente de la Comisión de Energía de la Knéset y el Secretario General de la Histadrut (la Confederación General de Trabajadores de Israel), ambos miembros del principal partido de oposición: Todos se han pronunciado por considerar esa reforma como un acontecimiento económico central (que lo es) y lleno de esperanzas para el futuro (lo que está por verse, y en general se mantienen dudas sobre cómo influirá en el precio de la energía para la población, que prometen disminuir…en 8 años).

De hecho, lo que esta reforma hace es quitar a la Empresa Estatal de Electricidad (EEE, o Jevrat Hajashmal)  el monopolio de la generación de electricidad –que ya lo había cedido en parte- y quitarle también la responsabilidad por la programación del suministro del fluido eléctrico, pero manteniendo el monopolio de la transmisión y distribución.  El tema central parece ser la disminución de la planta de trabajadores (se retirará a un 25% de la planta actual) y el costo de la reforma, estimado en poco más de 7 mil millones de shekel y que aparentemente provendría de las cuentas gubernamentales, iría en su mayor parte a compensar esa disminución.

Ciertamente, el plantel de trabajadores de la EEE siempre ha sido abultado, y manejado además de tal manera –en connivencia con la Histadrut y hasta con el propio gobierno- que ha gozado de privilegios muy por encima de otros grupos de trabajadores y habría sido responsable en parte de los problemas financieros de la empresa. Pero la solución adoptada, enmarcada en el paradigma neoliberal que ve en la privatización la solución a todos los males,  no garantiza que la sociedad resulte beneficiada. Las empresas privadas que tomarán a su cargo la generación de energía –se estima que al cabo de 8 años estarían produciendo el 70% de la energía demandada-  estipularán condiciones de precios que garanticen sus beneficios, y esto es lo que importa, sea cual sea el interés público.

Obviamente, se trata de un paso más en la privatización de los servicios públicos, proceso para el cual no parece haber oposición política. Y si no la hay, o si ésta no se manifiesta, mañana le tocará a los servicios de salud, y a los de educación, y a la administración de las ciudades, y a la policía, y a…

Mientras tanto, las prioridades reales de esta sociedad parecen estar a la vista. Se estiman en más de 70.000 personas las que se acaban de manifestar contra las discriminatorias disposiciones de la ley de Subrogación; esa lucha es justa y forma parte de reclamaciones –que es preciso apoyar y acompañar-  contra procesos que fomentan la desigualdad en el país. Pero por otra parte, las disposiciones de la ley de la Nación Estado no parecen concitar, públicamente al menos, reacciones semejantes, pese a que  se están minando las bases democráticas asentadas en la Declaración de Independencia del Estado y que lo que se pretende es perpetuar el estatus quo, donde las perspectivas de guerra parecen estar a la orden del día,   Ni que pensar en congregarse masivamente para repudiar  intervenciones dictatoriales en el sistema educativo y exigir, en su lugar, una educación más afín con nuestra inserción en este mundo globalizado.  Y por supuesto, a nadir parece preocupar el proceso de privatización de los servicios públicos;  por el contrario, esta sociedad está siendo llevada a aplaudirlo.

Pero cuando se constate que todas estas disposiciones y tendencias sólo llevan a mayores discriminaciones y desigualdades, quizás sea demasiado tarde.  ¡Felices vacaciones!

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