Buenos actores, el guión no tanto

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Hamilim hapshutot (Le Brio, Francia, 2017). Dirección: Yvan Attal
No es difícil reconocer la familiaridad de la idea con la obra de Bernard Shaw, Pygmalion, que ha sido llevada al teatro en numerosas ocasiones y hasta se ha convertido en un musical “My fair lady”, donde se educa a una Galatea, o en el musical, donde el profesor Higgins está deslumbrado por la florista Elisa Doolittle.
En este filme lo tenemos a Pierre Mazard (un bastante avejentado Daniel Auteuil), profesor admirado en la facultad de derecho en una de las universidades que pertenecen a las diversas universidades de París. Sus clases tratan sobre todo la retórica y son atendidas por una multitud de estudiantes. Ahí se presenta en la primera clase del año escolar nuevo, Neila Salah (encarnada por la cantante Camelia Jordana que se ha convertido en actriz y este es su debut).
Es una joven musulmana, nacida en Francia, vive en uno de los suburbios pobres de la capital poblado mayormente por musulmanes y es su primera clase en un marco académico. Llega tarde y ahí le da la oportunidad a Mazard de atacarla, centrándose en su origen, el color de la piel y su vestimenta simple que a él no le parece concordar con una institución universitaria respetable.
Mazard aborrece todo lo que tenga apariencia de políticamente correcto y ahora, se presenta una queja contra él acusándolo de racista, algo que puede llevarlo a una reprimenda ante un comité disciplinario de la facultad y hasta hacer peligrar su cargo. Para evitar el bochorno el decano propone un trato. Entre las facultades de derecho en las universidades francesas cada año hay una competición de debates y su universidad los ha perdido en los últimos cuatro años.
Pierre Mazaed será tutor en privado de la representante en la próxima competición y ésta será Neila. Ella vacila si aceptar esa oferta pero al final a regañadientes la toma pese a la hostilidad que siente hacia el profesor. Ha sido elegida para ganar la competición, pese a su poca preparación para demostrar que la facultad es de naturaleza liberal y Mazard no es el racista al cual se le imputa esa actitud deleznable. Aquí se podía emplear la atonía como revelación de las fallas de la academia pero el cineasta en general trata de evitar confortamientos sociales y políticos.
Lo que sigue son las clases de retórica que Mazard le da a Neila, para hacerlo menciona a Schopenhauer o Cicerón como ejemplos, además le va corrigiendo al mismo tiempo su francés que deja bastante que desear. La obliga a pronunciar el discurso de Marco Antonio como panegírico en honor al asesinado Julio César en el Metro de París ante una audiencia casual que no espera tal cosa. Más que nada trata de hacerle entender que lo que importa en el debate y hasta la vida misma no es la verdad sino tener razón, se pueden adoptar tesis opuestas, como lo que ocurre de hecho en uno de los debates en el film, donde hay que convencer a la audiencia de una de las posiciones opuestas, como por ejemplo si es la vestimenta lo que hace al hombre o la mona vestida de seda, mona se queda.
Las relaciones de Neila y Mazard pasan por diferentes fases, pero ahí en el film hay algo no convincente y más bien se trata de algo forzado pese a los esfuerzos de los buenos actores que tienen que medirse con un guión bastante endeble. El film presenta a Neila con su familia y su entorno de inmigrantes magrebíes, entre los cuales también figura Munir con el cual tiene una relación amorosa, él es bueno pero le va en zaga intelectualmente a Neila que se va desarrollando con esas clases y los debates. Cuando ella se entera de que ha sido usada, se presenta en la vista a Mazard y emula de alguna manera el panegírico famoso, logrando sacarlo de su apuro. Como dicho, el guión no es la parte mejor y Attal evita tomar riesgos.■

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