Brillante sátira política

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Stalin met (The death of Stalin, Reino Unido, 2017). Dirección y guión: Armando Ianucci
Estamos nada menos ante la caída inconcebible de una figura adorada y temida de dimensiones casi divinas, es en 1953 cuando el dictador del Imperio Soviético falleció y su reino de terror terminó súbitamente creando situaciones de increíble confusión.
Al comienzo del film vemos a Stalin escuchando un concierto por la radio en vivo con una famosa pianista de solista. Al final de ese evento cultural, el director recibe una llamada telefónica de Stalin que quiere recibir la grabación de dicho concierto inmediatamente. Pero no se ha grabado y el director Andreyev no tiene más remedio que comunicarles a los exhaustos músicos con la pianista Yudina a la cabeza, que deben repetir la performance so pena de ir todos a un campo de trabajos forzados. ¿Y qué hacer con el público que se está yendo? Pues se le impide irse y para cubrir lugares vacíos se trae gene de la calle para llegar a los aplausos apoteósicos, una alusión de que los aplausos podrían seguir indefinidamente en una era en la cual cada uno temía de ser el primero en parar.
Se trata de un comienzo brillante de una sátira política de uno de los grandes monstruos del siglo veinte mostrando hasta cuánto el culto a la personalidad puede llegar. Además está el temor en una situación imprevista e imprevisible si acaso fuera cierto que el dictador hubiera muerto y no se levantara de repente de un posible desmayo y los que estuvieran urdiendo lo que fuese serían castigados sin remisión.
Otro elemento que se agrega es la ausencia de médicos de categoría ya que todos han sido eliminados o alejados en una de las frecuentes pataletas o más elegantemente conocidas como purgas de Stalin que veía peligro en todos los que lo rodeaban. El líder de la policía secreta toma cargo acompañado por aterrados miembros del comité central del partido y por supuesto todo el lugar es un hervidero de intrigas y luchas cuando ya es seguro que el dictador ha fallecido.
La historia, en letras mayúsculas casi siempre ha sido la base de tragedias como las que se dan en la obra del bardo inglés. La muerte repentina del apodado “el sol de los pueblos” es la base de una sátira mordiente de Ianucci.
El mundo se detiene pero no puede pararse y entonces comienzan las corridas, Krustchev, por ejemplo, se pone el traje sobre el pijama y todos llegan cargados de desconfianza mutua al lugar de los hechos o más bien del hecho, comienzan a hacer apartes y buscar aliados y divisar posibles enemigos, en tiempos del dictador ese tipo de situaciones no se daba y si se daba, pues no se daba.
La película está basada en novelas gráficas de los señores Nury y Robin, el primero comparte créditos de escritura con el cineasta. Para el film ha reclutado un elenco estelar de actores de primer orden, por ejemplo ahí lo tenemos a Michael Palin como Molotov, ministro de relaciones exteriores o al brillante Russell Beale como el viperino Beria entre tantos otros.
Los líderes tomados con los pantalones abajo, si se permite una imagen cruda de la situación, conspiran, hacen alianzas repentinas que deshacen en cuanto les conviene, la sátira de Ianucci es mordiente y penetrante y las cosas van sucediendo vertiginosamente, algo se sabe también de la historia y que el todopoderoso Beria será eliminado al poco tiempo, por ejemplo.
No como los dioses, Stalin finalmente no es inmortal pero el ballet de confusión e intrigas de lo que sucede como postre de su fallecimiento, es hilarante, una brillante sátira, gran actuación y perfecto timing.■

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