Autismo: La importancia de los olores en diferentes patologías

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El autismo involucra la incapacidad de leer señales sociales. Frecuentemente se asocia con dificultades visuales para interpretar expresiones faciales, pero una nueva investigación del Instituto de Ciencias Weizmann sugiere que el sentido del olfato también puede desempeñar un papel central en el autismo. Las personas autistas tienen reacciones diferentes e incluso opuestas a los olores producidos por el cuerpo humano.

Estos olores son imperceptibles, pero no obstante, son una parte no verbal que tiene lugar entre la comunicación humana y que demostró que afecta nuestro estado de ánimo y nuestra conducta. Estos hallazgos pueden proporcionar una ventana única para ayudar a personas que padecen autismo o disfunciones subyacentes en el desarrollo del trastorno.

El Prof. Noam Sobel del Departamento de Neurobiología del Instituto investiga, entre otras cosas, los olores que anuncian emociones como la felicidad, el miedo o la agresión a los demás. Aunque el olor no es nuestro sentido primario, como es en otros mamíferos. De todos modos reaccionamos subliminalmente a ciertos olores, por ejemplo, el olor del miedo, incluso si no podemos detectar conscientemente su olor, es algo que podemos hacer sin pensar.

Dado que esta es una forma de comunicación social, Sobel y los miembros de su laboratorio se preguntaron si podría ser interrumpido en un trastorno social como el autismo.

Para llevar a cabo sus experimentos, Sobel y los miembros del laboratorio Yaara Endevelt-Shapira y Ofer Perl, junto con otros miembros del equipo, idearon una serie de experimentos con un grupo de participantes. Los investigadores probaron la habilidad de los voluntarios autistas y otro grupo de control, para identificar olores que pueden ser conscientemente detectados, inclusive el sudor. No hubo diferencia significativa entre los participantes autistas y los otros participantes.

De modo que dos grupos fueron expuestos al olor del miedo o a olores controlados. El olor del miedo era el sudor de personas que tomaron clases de paracaidismo y el olor controlado de las mismas personas, solo que esta vez había sido recogido cuando ejercitaban, sin sentir miedo.

En el grupo de control, oler el sudor inducido por el miedo produjo aumentos mensurables en la respuesta al miedo, por ejemplo en la conductividad de la piel, mientras que el sudor diario no lo hizo. En los hombres autistas, el sudor inducido por el miedo bajó sus respuestas de miedo, mientras que el olor de “sudor controlado” hizo lo contrario: elevó sus niveles de ansiedad mensurables.
Los voluntarios se sometieron a diferentes pruebas y como resultados se obtuvo que los autistas en el experimento no mostraron incapacidad para leer las señales sociales olfativas, sino que las interpretaron mal. Sobel y su grupo piensan que esta diferencia inconsciente puede apuntar a una conexión más profunda entre nuestro sentido del olfato y el desarrollo temprano. En otras palabras, es posible que la detección de señales químicas sutiles pueda fallar en etapas cruciales del desarrollo del cerebro en el autismo. “Todavía estamos especulando, en este punto”, expresó Sobel, “pero esperamos que la investigación adicional en nuestro laboratorio y en otros aclararán tanto la función de estas señales sociales olfativas inconscientes y sus raíces en trastornos sociales como el autismo”. ■

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