Theodor Herzl era, junto con Kafka, un escritor judío del imperio austrohúngaro: fue a Viena, trabajó de periodista, se percató de la magnitud del “problema judío”, trató de salir de ese mundo y se fue como corresponsal de un periódico vienés a París. Se sorprendió de ver que la Francia revolucionaria e igualitaria producía también el antisemitismo. El “Caso Dreyfus” conmovía a la opinión pública mundial: el capitán Alfred Dreyfus, judío francés, fue condenado a muerte por alta traición en 1894, y su proceso y su condena fueron escoltados por los gritos de “Los judíos venden la patria”. Había bastante evidencia de su inocencia. En 1906, se demostró que no era culpable. Herzl sacó la conclusión de que los judíos tenían que tener su propio Estado.
Hoy, como desde su nacimiento, el pueblo judío está disperso por todo el mundo. Sesenta y un años después de su proclamación como Estado, Israel vive aún una considerable angustia dentro de una zona ensangrentada, móvil y en continua agitación. Y la última resolución de Naciones Unidas para Oriente Medio es injusta, arbitraria y provocadora, pues pretende imponer una Hoja de Ruta que avivará aún más el conflicto en la zona.
Históricamente, los palestinos han tenido a su lado un aliado militar que pueda enfrentar o hacerse temer ante los israelíes y apoye la recuperación de los territorios ocupados por Israel. Antes era Irak, país que compartía con la OLP un enemigo común: Siria. Ahora es Irán. Un país que, con su desafiante carrera armamentista, preocupa a la comunidad internacional. Sin embargo, fue alimentado con material bélico durante décadas por un Occidente ciego que lo único que quería era aumentar su volumen de negocio exportador y mantener el abastecimiento de petróleo. Y uno de los proveedores de armamento a estos países ha sido España.
Si bien es cierto que en este “negocio” han participado todos los gobiernos (UCD, PSOE y PP), con la llegada del PSOE al poder, en 1982, se impulsa la industria de armamento como “locomotora” de la economía. Precisamente, en su programa recoge “aumentar el grado de autoabastecimiento de las Fuerzas Armadas, mediante el desarrollo planificado de la industria militar adicional”. “El Estado -dice el documento- controlará la fabricación de armamentos y el comercio exterior de las armas”.
Pero en este “negocio” participan empresarios vinculados al Gobierno y brokers que sirven de intermediarios, principalmente en los países árabes. Hechos ocultados, pero que tienen ciertas curiosidades con el suministro de armamento a países que abastecían, a su vez, a organizaciones del islamismo extremista en su enfrentamiento con Israel.
El 25 de marzo de 1983, un comando de ETA se desplaza a Madrid para llevar a cabo un “secuestro económico”. Objetivo: dos personas. Un diplomático y un empresario vinculado el Gobierno. Pero el empresario se encontraba a 3.000 kilómetros de distancia, en Túnez, negociando con el que fuera líder de la OLP, Iasser Arafat, en nombre de Felipe González. El viaje era más de “negocios” que de diplomacia.
El mercado de armamento español mostraba un crecimiento espectacular. Tal es el interés por este negocio que se crea FOCOEX, empresa estatal que se convierte en una sociedad por medio de la cual operan, a través del Ministerio de Economía y Hacienda, desde hombres de negocios hasta el traficante de armas libanés Abderramán El Assir. Con una facturación superior a los 400 millones de dólares, FOCOEX ha vendido de todo, pero principalmente armamento a países árabes que servían como lanzaderas para organizaciones del Islam extremista.
Las operaciones de España con el mundo árabe y representantes extremistas se mostraban en público (algunas) como un intento de pacificación. No se descarta, pero el negocio de las armas estaba siempre presente. Uno de los hombres de confianza de Felipe González, Julio Feo, lograba, el 19 de diciembre de 1984, sentar a su jefe frente al líder libio Moamar Kadafi en Mallorca, tras intensas gestiones con el ex canciller austríaco Bruno Kreisky, y “trabajar opacamente” para que España entablara relaciones con el Estado de Israel. Aún tardó dos años.
Las tramas a la hora de vender armamento, tarde o temprano salen a la luz. El 28 de agosto de 1989 un yate, alquilado en Cap Ferrat, atraca en la villa francesa de Saint Tropez. A bordo viaja el empresario vinculado al Gobierno y su mujer, y huéspedes llamativos. Además de la secretaria del empresario, y el novio de ésta, también están dos de los empresarios españoles, primos famosos e implicados en el caso de las Torres KIO de Madrid, de capital kuwaití.
La tercera pareja es la hermana de la secretaria del empresario y su marido, el libanés El Assir, considerado como uno de los más importantes traficantes de armas del mundo. Que estos dos empresarios realicen juntos este crucero no es, precisamente, una casualidad. Semanas después de concluir la singladura por el Mediterráneo, El Assir realiza el papel de intermediario entre el Gobierno español y el de Marruecos en la mayor operación de venta de armamento realizada por España a Marruecos. El importe de la operación se cifró en 570 millones de dólares. Las comisiones, 125 millones. Pero lo más importante es que el armamento llegado a Marruecos, además del que quedó en el país alauita, tuvo varios destinos hacia Oriente Medio.
Y de esto se encargó El Assir, el “empresario” que en su época de estudiante en la Universidad Norteamericana de Beirut, convertido en militante radical del partido iraquí Baas, liderado por Hussein, participó en el asalto a la Embajada de Arabia Saudita en la capital libanesa. El poder de este traficante aumentó más cuando se casó con Samira Khashogui, la hermana del todopoderoso Adnam Khashogui, considerado el mayor comerciante de armas de Oriente Medio, y jefe del clan formado junto a sus hermanos Abdil y Essam.
La boda con Samira permite a El Assir formar parte de los negocios de Adnam Kha- shogui. El 27 de diciembre de 1977, el Gobierno español (de UCD) y Khashogui crean Alkantara Iberian Exportes, con sede en Chipre, “para intensificar las exportaciones a los países árabes”. Ya en España, El Assir empieza a trabajar en Alkantara y es presentado ante la “beutiful people”. Asiduo, además, en los círculos del Gobierno español para las operaciones de ventas de armas, principalmente a países árabes en general y a Irán en particular.
En 1985, mientras Adnam Khashogui viaja a Ginebra, Hamburgo y Tel Aviv para preparar una venta de armas norteamericanas a Irán, a cambio de la liberación de rehenes, El Assir se separa de Samira y se casa con la telefonista de Alkantara, hermana de la secretaria del empresario español vinculado al Gobierno. En marzo de 1986, Samira acaba suicidándose. Poco después el semanario libanés Al-Shiraa destapaba el famoso “Irangate”.
Las dificultades con las que Khashogui se empieza a encontrar en Estados Unidos dejan terreno libre a El Assir, en Madrid, para hacerse con el control del negocio de la venta de armas españolas, gracias a sus buenos contactos con el Gobierno.
Así, comienzan nuevas operaciones de ventas de armas a países de Oriente Medio. Gamesa, desde su planta en el polígono de Arkante (Vitoria), vende municiones y explosivos a Irán. En cinco años, esta sociedad envió un total de 36.800 toneladas de proyectiles a Irán.
Otra de las firmas que competía con Gamesa era Explosivos Río Tinto, que envió a Irak, en 1987 y 1988, 8.528 toneladas de munición a través de los puertos de Santander, Tarragona y Barcelona. En el periodo de 1980 a 1987, Explosivos Río Tinto obtuvo del Gobierno de Hussein 133 millones de dólares por la venta de armas, y todo bajo la tutela del Gobierno español.
Entre 1982 y 1990 se observa que las ventas de armas en el exterior superan los 8.000 millones de dólares. España, que en 1980 acaparaba el 0,2% del bazar internacional, pasa, en 1988, a controlar una cuota de mercado del 1,2%, cifra que coloca al país en el octavo lugar del ranking de exportaciones de pertrechos de guerra.
En 2006, España facturó 749 millones de euros en la venta de armas, cifra que se incrementó sustancialmente al superar los 934 millones de euros en 2008. En estas operaciones, una tercera parte de dichas exportaciones tienen como destino países que vulneran la ley de control de transferencias de armas. Además, según los datos aportados por la Secretaría de Estado de Comercio en el Congreso, en marzo de 2008, Irán es el primer cliente de España en material de doble uso civil-militar. Es decir, las exportaciones a Irán son 45 veces superiores que a Israel, e Irán es el principal proveedor de armas y financiador de organizaciones como Hamás y Hezbollah, cuyo principal objetivo es la destrucción de Israel.
Y éste es un hecho constatado, y lo medible no es discutible. El propio Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha confirmado, en marzo de 2009, que Irán ha violado las sanciones impuestas al intentar enviar una embarcación con armas a Siria, con destino a la organización de Hamás en Gaza. Irán no hace caso y pasa de las sanciones a enriquecer uranio y a proveer de armamento al terrorismo.
Además de la “beutiful people” que ha rodeado al Gobierno que más años gobernó en España, en el sur de la Península también emergían brokers que operaban con el presunto consentimiento del Ejecutivo de Madrid. A los intermediarios los conoce todo el mundo, excepto el Gobierno de Madrid. Pero la mercancía, la mayor parte del armamento ligero, sale de las fábricas españolas.
La ocultación de cierta actividad comercial es un hecho. El Gobierno español no sabe o no contesta. El caso es que en marzo de 1988, las autoridades suecas presentaron un informe en el Parlamento Europeo, en el que se cita a dos empresas españolas: Unión Explosivos Río Tinto y Santa Bárbara, como implicadas en el tráfico de armas a Irán.
También surge un tercer nombre, el de Commerce Internacional Group, Spain, una sociedad anónima de San Pedro de Alcántara, Marbella, que ofrecía cañones L-60 y L-70 por el importe de 65.000 dólares. Ahora, las exportaciones hacia Irán, que antes se hacían a través del Aeropuerto Barajas de Madrid y después desde el puerto de Barcelona, tienen otra plataforma logística.
La presencia de armamento español en países de Oriente Medio, principalmente Irán (como antes lo fue en Irak, y los dos a la vez), no es por la “espontaneidad” de las relaciones comerciales, es por la falta de visión política del Gobierno de Madrid. Pero lo más llamativo de todo es que la mercancía bélica siempre va a parar a manos de aquellos que, de una u otra forma, persiguen la destrucción del Estado de Israel.
Y aquí sólo cabe una pregunta: ¿ha denunciado el Gobierno español que Irán está armando a Hamás y Hezbollah con material bélico vendido por España a Teherán? Hasta ahora, no.
* Diego Martínez es periodista español.

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