Aldeas Circasianas Kfar Kama y Rahania

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    Kfar Kama, y su museo

    Texto y fotos: Chiquita Levov

    En la ruta principal que une el monte Tabor y el Kineret, a pocos kilómetros del Kibutz Dobrat, se halla Kfar Kama y los vehículos de turistas pasan de largo al ver el cartel en el camino. Es un sitio que conviene visitar ya que se trata de una pintoresca aldea circasiana, cuyos encantos étnicos y naturales han sido restaurados y conservados en todo su esplendor por los habitantes asistidos por la Asociación de Preservación Histórica.
    Es un pueblito colorido, en el cual se conserva la mezcla de lo nuevo con lo viejo, en las callecitas sinuosas, limpias y toda la aldea muestra una muy alta calidad de vida. Los habitantes invitan a los turistas a recorrer el pueblo, observar las construcciones bien conservadas que han sabido aprovechar lo mejor de las viejas casas agregando partes nuevas según el estilo circasiano y muchos jardines floridos. Muchísimas flores y árboles. Un verdadero paraíso que denota tranquilidad y paisaje pastoral.
    Zohar Tjauja, fundador del Museo Circasiano de Kfar Kama nos explica que los circasianos forman parte de los pueblos del Cáucaso. Se trata de unos 150 grupos diferentes cada uno con su pequeña tierra, idioma, etc, que viven en paz. Uno de los grupos es el circasiano, que tiene sus propias raíces étnicas, aunque pertenece a esa zona.
    En el siglo 17 los rusos conquistaron el Cáucaso, los otomanos absorbieron a este grupo étnico y a través del pueblo otomano llegaron a Israel, donde se instalaron en tres sitios, de los cuales quedan solo dos. Kfar Kama con 4500 habitantes y Rehania, con solo 1200, una muy pintoresca aldea ubicada en la Galilea. Hay 5 millones de circasianos en todo el mundo. Desde el comienzo se desarrollo una relación muy positiva y amistosa con los judíos y desde 1958 los circasianos sirven también al ejército de Israel. En la aldea se habla tres idiomas, el árabe, el hebreo y el circasiano, que es un idioma difícil y consta de 66 letras que son sonidos silábicos y significan palabras.
    Kfar Kama es una aldea ubicada en un eje importante, con paisajes inolvidables, en los que se puede captar el mundo encantado de este grupo étnico. Hace varios años algunos ex-miembros del Ejército Israelí ayudaron en la restauración del pueblo respetando todos los estilos y sus características.
    Actualmente es una localidad en la que se puede disfrutar paseando por sus callecitas y conocer su herencia cultural riquísima, con interesantes estilos de construcción arquitectónica y una limpieza europea, que casi no se ve en otros pueblos.
    Entre las atracciones ofrecidas en esta aldea se halla el Museo Circasiano o Centro de la Tradición Circasiana, fundado hace varios años por dos habitantes (gráficos de una importante compañía israelí) Zahir Tjauja y Zejaria, que coleccionaron numerosos artículos originales y auténticos y cuentan la historia del pueblo y sus costumbres a través de los objetos que se hallan expuestas.

    Shawk Hon en el Museo Rehania
    Shawk Hon en el Museo Rehania

    El museo está ubicado en un hermoso edificio erigido hace mas de 150 años y en su interior se pueden apreciar objetos tradicionales auténticos, que van desde la vestimenta, útiles de trabajo, artículos del hogar, todo lo que muestra una forma de vida. Se puede también ver un filme explicativo y hay encuentros con charlas.
    Rehania (Rihaniya) una aldea que también ofrece algunas atracciones y conviene aprovechar esta oportunidad para visitarla. Aquí se han creado, en los últimos años, varias actividades turísticas y una serie de complejos de hosterías y zimerim. Shawki Hun (z”l) es Director del Museo Circasiano de Rehania y dueño de la atracción llamada “Experiencia Circasiana” en donde se realizan encuentros, veladas musicales, visita al museo, charlas y paseo por el casco viejo de la ciudad,. Shawki (z”l) es un anfitrión muy elocuente y comparte con los visitantes sus grandes conocimientos: explica durante la visita al museo la historia de los circasianos. Para los niños la visita a los pueblos norteños circasianos puede resultar una experiencia memorable, que les permita conocer una cultura única y jugar con los niños de la localidad.

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